Olga González Alonso | Sábado 15 de noviembre de 2008
Decir el Valedor do Pobo (Defensor del Pueblo en la Comunidad gallega) que advierte una tendencia a convertir la lengua en objeto de conflicto político y lanzarse los políticos a montar el conflicto a costa de la lengua para dejar claro que no están de acuerdo con él ha sido todo uno esta semana en Galicia, qué manera más rara tiene esta gente de desmentir una afirmación.
En su presentación ante el Parlamento autonómico del informe correspondiente a 2007, el Valedor cometió el atrevimiento de cumplir con el cometido que le llevó a la Cámara, esto es, informar de las quejas de los ciudadanos, entre las que abundaban las relativas a la política lingüística, siendo mayoría las planteadas por padres contrarios a la imposición idiomática en la enseñanza. Una osadía que tuvo rápida respuesta en ese rebaño nacionalista que vive y actúa convencido de que defender la libertad y obligar a comulgar con su pensamiento único son tareas, no sólo compatibles, sino indisolubles.
Mientras el líder del BNG y vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, le pedía prudencia al Valedor, uno de sus correligionarios, Francisco Rodríguez, fue más allá y, utilizando su lenguaje preferido, que no es el gallego sino el gansteril, opinó que al titular de ese órgano externo e independiente de control de la Administración había que “retirarlo de la circulación” porque “no reúne los requisitos mínimos”. Sólo le faltó añadir aquello de “que parezca un accidente”.
Y es que los nacionalistas están empeñados en que aquí no hay conflicto lingüístico. Algo que fue cierto durante mucho tiempo, pero que dejó de serlo en cuanto ellos llegaron al poder. Hasta entonces, reinaba en Galicia una convivencia idiomática pacífica, sólo salpicada por algunas acciones simbólicas de ciertos colectivos que llevan años chupando del bote a costa de proclamar que el gallego está discriminado. Y que han organizado, no ya un conflicto, sino un cristo de tres pares de narices, al ver que ahora que sí hay discriminación, pero del castellano, han surgido otros grupos que reclaman la vuelta a aquella situación de bilingüismo sin imposiciones. Un cristo salpicado incluso por incidentes de cierta violencia que no tienen ninguna pinta de ser accidentes.
Del mismo modo que el Valedor no reúne los requisitos mínimos, según el BNG, porque comete la osadía de cumplir con el principio de independencia que se le requiere a su cargo y decir cosas que molestan a los del vicepresidente, quienes defienden el derecho a elegir libremente el idioma en el que educar a sus hijos de entre los dos oficiales de esta Comunidad no tienen derecho a existir porque cometen la osadía de hacer uso de la libertad de expresión y de romper el monopolio existente hasta ahora en esto del conflicto lingüístico que tenemos que convencernos de que no existe por muchos trastos a la cabeza que veamos tirarse unos a otros. Los del BNG, contra el Valedor; los del PP contra los del BNG en apoyo de lo que el Valedor dice; y el presidente Touriño, que ya no sabe dónde situarse para tener calmados a sus socios, pidiendo paz, estamos salvados.
Conflicto, ¿qué conflicto? Aquí, gracias a la segunda parte contratante del bipartito y a la claudicación de la primera para poder seguir siéndolo, no hay conflicto alguno. No es que el gallego se imponga, es que todos los gallegos lo quieren como idioma único por decreto. El que diga lo contrario miente. Y si algún sujeto, por muy Valedor do Pobo que sea, insiste en contrariar ese mensaje, se le retira de la circulación. Y fuera conflictos.
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