Eugenio Bregolat: "Si un día en China se da un sistema democrático, tendrá también 'características chinas'"

ENTREVISTA

Sábado 15 de noviembre de 2008
En su libro se analiza el modo en el que, sobre todo en la China posterior a Mao Zedong, se han adoptado ideologías y sistemas extranjeros, transformándolos y adaptándolos hasta hacerlos casi irreconocibles, y en varias ocasiones lo atribuye al sentido práctico de los chinos. Como recuerda en varias ocasiones, según Deng Xiaopin no importa el color del gato mientras cace ratones, y así tenemos “socialismo con características chinas”, “economía de mercado con características chinas”, “democracia con características chinas”... ¿No hay también algo de oportunismo e improvisación?

Algo de improvisación si hubo; así, la distribución de la tierra entre las familias que integraban las comunas, lo que puso fin a éstas, fue una iniciativa de los campesinos del pueblo de Xiaogang (Anhui), en 1978, bendecida a posteriori por el Partido y extendida a toda China. Pero ya tras el fracaso del Gran Salto Adelante, en 1958, Deng Xiaoping y otros dirigentes habían intentado volver a la agricultura de base familiar. Deng ya utilizó entonces, por cierto, la frase de los colores del gato, que Mao le reprochó, considerándola prueba evidente de que era un “seguidor del camino capitalista”. En 1978, al lanzar la política de “reforma económica y apertura al exterior”, Deng y otros reformistas actuaron movidos por una convicción profunda: el sistema económico importado de la Unión Soviética, basado en la propiedad pública y la planificación centralizada, no generaba riqueza, sino hambre y miseria, y había que substituirlo por un sistema de mercado. En vez de perseguir la utopía maoísta, el “hombre nuevo”, se trataba de dar de comer a la gente y asegurar un módico bienestar. Para Mao, el gato tenía que ser rojo, y le daba igual que cazara o no ratones. Con la frase sobre los colores del gato, un viejo refrán de su Sichuan natal, Deng condensó tanto su experiencia como el profundo pragmatismo del pueblo chino. Mao, un hombre habitado por una idea, es la excepción que confirma la regla.


¿“Con características chinas” quiere decir realmente “a discreción del Partido Comunista Chino”?

Sí, en el sentido de que es el Partido quién define esas características. Pero hay otros ejemplos en la historia de China. El budismo, importado de la India en el siglo I, se pasó por el tamiz del taoísmo, el pensamiento tradicional chino, y resultó el budismo “chan” (al que los japoneses, que lo recibieron de China, llaman “zen”), un budismo “con características chinas”. Es lógico que una cultura muy antigua y profunda adopte o traduzca a su propio contexto las ideologías importadas. Si un día en China se llega a dar un sistema democrático, tendrá también “características chinas”.



China se ha convertido en un país más próspero de lo que nadie hubiera imaginado hace treinta años. Esta prosperidad es fruto del esfuerzo de muchos sectores de la sociedad china, incluidos los chinos de Hong Kong y de ultramar, así como de algunas circunstancias favorables. ¿Es justo que el PCCh se atribuya este progreso para legitimar su liderazgo?

Es obvio que el enorme desarrollo económico de China se debe a los esfuerzos de toda la sociedad China, incluidos Hong Kong, Taiwán y los chinos de ultramar. El liderazgo del PCCh ha sido decisivo, porque lo ha hecho posible con su política. A diferencia de Mao, o a diferencia de Gorbachov y Yeltsin en la URSS. No eran inevitables los excesos del maoísmo. Como tampoco lo eran el desastre económico de Rusia en los años noventa, ni la disolución de la URSS. Ni lo era el éxito de China a partir de 1978. Los líderes rusos no dieron con la fórmula y se estrellaron; los reformistas chinos sí dieron con la fórmula para la modernización del país. Sobran dedos en una mano para contar los líderes del siglo XX que se puedan equiparar a Deng Xiaoping, atendiendo al impacto de su obra sobre la historia universal.

Entre los factores del progreso chino, cita usted el deseo de recuperar el orgullo nacional. ¿No cree que este deseo puede ser también fuente de muchos males, tales como la represión de las críticas, la autocomplacencia o la xenofobia?

El nacionalismo puede caer, en cualquier país, en estos excesos. China, que durante muchos siglos fue el país más rico, culto y sofisticado, cometió el error de encerrarse en su muralla, perdió el tren de la Revolución Industrial, como consecuencia, y de mediados del siglo XIX a mediados del XX fue sometido a explotación colonial por las potencias desarrolladas. Este trauma sigue muy vivo en la conciencia del pueblo chino. La xenofobia la crearon los que sometieron a China de mala manera; recuérdese el famoso cartel de Shanghai: “ni chinos ni perros”. Cuando acabamos de celebrar los dos siglos de Dos de Mayo es fácil entenderlo: es la francofobia engendrada por la invasión napoleónica (hoy superada por unas excelentes relaciones con Francia). Recuérdese que China mando flotas de veinte mil hombres al África oriental, setenta años antes del descubrimiento de América, que no sometieron ni colonizaron a las poblaciones aborígenes, cuando tenían muchos más medios que nosotros para hacerlo.

“Democracia socialista”
El calado de las reformas económicas contrasta con el de las de índole política. ¿Cree que China llegará en breve a ser un estado democrático y de derecho?


El concepto de “estado socialista de derecho “ se introdujo en la constitución china en 1982, porque los dirigentes aceptaron la evidencia de que sin seguridad jurídica la economía de mercado no puede funcionar adecuadamente. Se ha legislado profusamente los últimos años. Se ha creado una carrera judicial profesional por oposición (un viejo invento chino), que substituye a los nombramientos de jueces a dedo por el poder. Se han dado pasos tan importantes con la introducción de la presunción de inocencia del procesado, ajena a la tradición china. Falta, por supuesto, un largo trecho para que China tenga un estado de derecho como el nuestro o el de Hong Kong. Si un día, aún lejano, la administración e incluso el Partido se someten a la ley, administrada por jueces independientes, el paso será tan trascendente como la propia reforma económica, y se habrá avanzado un buen cincuenta por ciento hacia la democracia.

En cuanto a la democracia, los dirigentes chinos la reivindican. Así, Hu Jintao, en 2004, ante la Asamblea Nacional Francesa, dijo: “Sin democracia no puede haber socialismo ni modernización”. Pero no se trata de la democracia liberal, sino del “perfeccionamiento de la democracia socialista” (que incluye conceptos muy relevantes y poco conocidos en Occidente: como la introducción en la constitución de los conceptos de derechos humanos y estado de derecho, las elecciones a nivel municipal, la legalización de la propiedad privada, la apertura de las puertas del llamado Partido Comunista a los empresarios privados, verdaderos capitalistas, etc.). Por lo que respecta a la democracia liberal, China está creando las bases, clases medias, emergente sociedad civil, mayores niveles de educación e información, etc. A partir de aquí, lo lógico es que la ciudadanía vaya participando más en el proceso político. Si éste derivará en un sistema parecido a la democracia occidental nadie lo sabe, hoy por hoy. En todo caso, la democracia, si llega, tardará tiempo y siempre tendrá “características chinas”.



A menudo se justifica la falta de libertades en China aludiendo a la necesidad de un fuerte poder autoritario que impida desordenes que sumirían el país en el caos (poniendo como ejemplo a Rusia o a Irak), así como a la inmadurez política de los ciudadanos. ¿Está justificado ese miedo?

Los dirigentes chinos no quieren, al menos por ahora, una democracia liberal de tipo occidental, por varias razones. La primera, porque consideran que se requiere un poder fuerte para imponer la reforma económica, ante todos a los intereses creados del viejo sistema. En segundo lugar, porque temen que la energía del país se desviara hacia la lucha política en detrimento del desarrollo económico, les horroriza el caos que generó la Revolución Cultural. Tercero, por estimar que su soberanía nacional pudiera verse erosionada. Creen que una democracia liberal equivaldría a invitar a los países ricos y a sus multinacionales a que financiaran partidos, sindicatos y medios de comunicación, mediatizando la soberanía china. En nombre de la libertad de comercio, presentada como un valor universal, China fue convertida de hecho en una colonia desde mediados del siglo XIX a mediados del XX. Temen que ahora pudiera pasar lo mismo con la democracia liberal, presentada como un valor universal pero percibida como un instrumento de dominación al proyectarse sobre enormes diferencias de renta.

La crisis de Tiananmen puso en evidencia las tensiones entre reformistas y conservadores dentro del PPCh, y el peligro de una involución en el proceso de apertura del país. Casi veinte años después, todo parece indicar que los conservadores están muy debilitados debido al evidente éxito de las reformas, así como a la jubilación de muchos de sus representantes. ¿Es éste un proceso irreversible?
Si, cuando después de los sucesos de Tiananmen, y después del hundimiento de la URSS y de la desaparición del comunismo en Rusia y Europa Oriental, que asustó a los conservadores aún más que aquellos, no hubo involución, es que ésta es imposible. Sencillamente porque el pueblo chino no toleraría el retorno a la propiedad pública de los medios de producción; ni los campesinos dejarían que les quitaran la tierra, ni los empresarios sus empresas. El éxito económico ha sido tan arrollador que ha hecho la reforma irreversible: nadie quiere volver a la miseria de la economía planificada.

Para un occidental, puede resultar llamativo que, como ocurrió en tiempos de Deng Xiaopin, quien gobierna en última instancia no sea el presidente del país ni el secretario general del partido en el poder. ¿Es posible que se repitan estas circunstancias hoy en día?
No. Jiang Zemin no manda hoy en China; se retiró y cedió el poder a Hu Jintao, quién, a su vez, sólo preside un mecanismo de dirección colectiva, el Comité Permanente del Politburó, que es el verdadero asiento del poder. Deng Xiaoping tenía una autoridad mucho mayor, debida a sus credenciales revolucionarias, a su participación en la Larga Marcha, en la guerra contra el Japón, en la guerra civil y al éxito indiscutible de su política de “reforma económica y apertura al exterior”. Con todo, Deng estableció un mecanismo de dirección colectiva, descartada la dictadura unipersonal de Mao.


“Masacre en Tinanmen”
Denuncia usted cierta parcialidad y falta de rigor en el modo en que gran parte de los medios de comunicación internacionales explicaron los sucesos de Tiananmen en 1989. ¿A qué cree que obedeció este comportamiento?


En un primer momento hubo mucha confusión y el titular “Masacre en Tiananmen” quedó establecido. Como hoy se admite de manera general, sin embargo, los muertos no tuvieron lugar en la Plaza, sino que los estudiantes salieron por su propio pie la madrugada del 4 de junio Esto no cambia nada sobre el fondo de la cuestión: la represión tuvo lugar y los muertos fueron los mismos, cayeran en la Plaza, o en sus accesos, o a unos kilómetros. Los periodistas que estaban más cerca de la Plaza estaban en el Hotel Pekín, desde donde no se ve el centro de la Plaza, sólo vieron que los soldados y los tanques se dirigían hacia allí, y había que mandar las crónicas antes del cierre de la edición. Los miembros del equipo de TVE, como cuento en mi libro, fueron los únicos informadores que estuvieron toda la noche en la Plaza y filmaron la salida de los estudiantes la madrugada del 4 de junio. TVE aceptó el 4 de junio la versión general, cosa lógica dado que es la que se difundía entonces por todos los medios casi sin excepción. Considero que el próximo 4 de junio, veinte aniversario de los sucesos de 1989, sería la ocasión ideal para que TVE recupere la memoria histórica de uno de los grandes acontecimientos de las últimas décadas del pasado siglo, separando las imágenes tomadas en la Plaza la madrugada del 4 de junio de otras de aquellos días y fijando el testimonio de los miembros de su equipo que estuvieron en la Plaza. Pocas exclusivas habrá conseguido TVE en su medio siglo de vida equiparables a la de Tiananmen.

Este año, al describir lo acontecido este marzo en el Tibet, diversos medios han demostrado una parcialidad semejante al utilizar documentos gráficos que no correspondían a los sucesos descritos. ¿Se trata del mismo caso?

Sobre China a menudo en la prensa occidental hay noticias parciales. En el caso del Tíbet, por ejemplo, se dijo muy poco que fueron los tibetanos quienes recurrieron primero a la violencia, matando personas de etnia china. No es menos cierto que Pekín tiene un problema nacionalista en el Tíbet, donde hasta ahora no ha logrado encontrar un modus vivendi aceptable para todos.

Ante las críticas, el gobierno chino tiende a ponerse a la defensiva y a amenazar con el aislacionismo y la represión. ¿Es de esperar que renuncien algún día a esta estrategia?

Depende de como se hagan las críticas. En materia de derechos humanos la Unión Europea tiene, desde hace años, una política de “diálogo crítico”. Siempre que a China no se la pretenda condenar en foros internacionales (cosa que, además, nunca se ha conseguido, porque China siempre tiende los votos para evitarlo), admite el diálogo sobre todo tipo de temas, aún los más espinosos, y han habido avances importantes en la materia, aunque queda mucho camino por recorrer.

En los últimos años, el gobierno chino ha anunciado repetidas veces que va a promover una defensa más activa de los derechos de propiedad intelectual y a combatir la piratería con más ahínco, pero desde el exterior se denuncia que estos esfuerzos son muy insuficientes. ¿Cómo de real es esta voluntad?

A medida que China va generando su propia propiedad intelectual son las mismas empresas chinas las interesadas en su defensa. China ha creado una agencia específica dedicada a luchar contra las violaciones en este campo. Esta voluntad existe y los avances son reales, lo que ocurre es que, como en el caso los derechos humanos y en tantos otros, se trata de procesos lentos. Se avanza en la buena dirección, aunque sea despacio. Hay que dar tiempo al tiempo.

A pesar de las fuertes inversiones en I+D, y los esfuerzos para no depender de industrias que sólo son rentables si se mantiene el bajo coste de la mano de obra, ¿está China preparada para afrontar el traslado de industrias que, a medida que el país alcanza un mayor desarrollo, se reubican en países donde la producción es más barata?

Sí, este proceso se ha iniciado hace tiempo. Con la Ley de contrato de trabajo en vigor desde el 1 de enero de este año (que exige que todo trabajador suscriba un contrato de trabajo con su empleador, que regula las horas extra, que impone indemnización por despido y pagos a la seguridad social), uno de los objetivos perseguidos es obligar a las empresas a producir bienes de mayor valor añadido, abandonando la producción de artículos como ropa, calzado o juguetes a las provincias más atrasadas del interior de China o a otros países. China tiene una enorme ambición tecnológica, y no le importa ir cediendo ya la producción de bienes con poco valor añadido. A menudo son empresarios chinos los que se van a crear empresas al efecto en países menos desarrollados que China.


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