Carlos Alcaraz se proclamó este domingo campeón de Wimbledon por segundo año consecutivo. Derrotó en la final a Novak Djokovic en uno de los mejores partidos de su ya ilustre carrera deportiva. Dominó con la derecha desde el principio y el serbio nunca alcanzó a defenderse porque no llegó a igualar el ritmo del tenis del murciano. El marcador refleja la autoridad del jugador español: 6-2, 6-2 y 7-6. Con 21 años alza su cuarto 'Grand Slam' (ha ganado todas las finales que ha jugado) y ya se ha convertido en un tenista de leyenda, pues es el sexto en la historia en conquistar el 'Channel Slam' (vencer Roland Garros y Wimbledon en un mismo año). Se une a una lista formada por Rod Laver (1969), Bjorn Borg (1978, 1979, y 1980), Rafael Nadal (2008 y 2010), Roger Federer (2009) y el propio Djokovic (2021).
'Carlitos' empezó con una agresividad y precisión imposibles de contener. "Sé cómo me voy a sentir en la final, ya he pasado por ello", había declarado justo después de derrotar en semifinales a Daniil Medvedev. Esa frase se comprobó como la más importante del encuentro de esta tarde, pues el joven rindió con una soltura y consistencia incoherentes con la altura de la cita. A lo largo del torneo había sufrido episodios de nerviosismo en los inicios de sus partidos, pero esta vez, en el duelo más importante de todos, mostró una seguridad que le proporcionó las primeras ventajas importantes.
Le rompió el saque al balcánico a las primeras de cambio en los dos primeros sets y a partir de ahí gestionó la ventaja con una sobriedad llamativa. Compitió el nacido en El Palmar con una confianza y seriedad no conocidas, que desde luego sorprendieron a 'Nole'. El plan trazado por Juan Carlos Ferrero era claro: había que poseer la iniciativa y mover al veterano de lado a lado. Novak había competido cuatro horas menos que el español en estas semanas -ganó los cuartos de final sin jugar por la lesión de Álex de Miñaur-, pero arrastraba un hándicap importante ya que se dañó el menisco en los octavos de final de Roland Garros y se operó el pasado 5 de junio en París. Había que examinar el físico del balcánico.
Djokovic no se había cruzado con rivales importantes en todo el campeonato. Superó a Fearnley, Popyrin, Rune y Musetti con sencillez, cediendo sólo dos sets. Este domingo puso a prueba su tenis y no obtuvo el resultado deseado. Le faltó chispa y rapidez de reacción para sostener el fluir de Alcaraz. En el otro lado de la pista volaba el nacido en El Palmar, con un recital que comenzó en el juego inaugural. Duró 14 minutos y consiguió un 'break' que auguró lo venidero. Se disparó a toda velocidad hacia un 3-1 que dio paso a otra rotura del servicio ajeno. Dudaba ya un 'Nole' que cometió una doble falta sintomática. Le estaban abrasando con golpes de todo tipo que impedían que funcionase su agilidad defensiva.
Coronó el primer set 'Carlitos' con una muestra exuberante de sus virtudes (6-2, en 52 minutos). Se concentró en cuidar de su saque y ganó el 86% de los primeros servicios. Además, superó a su oponente en golpes ganadores (12) y en errores no forzados. Y el núcleo de la final se desarrollaría siguiendo ese mismo guión. Disfrutaba el español y seducía a la tribuna con un ramillete de voleas, dejadas, ángulos afilados y bolas a las líneas. El jugador de Belgrado padecía de una impotencia sobresaliente, incapaz de encontrar soluciones. Falló de manera repetida en la red, síntoma de la ausencia de frescura en sus desplazamientos.
El segundo parcial replicó la senda del primero: Djokovic perdió su saque para empezar. Sabían en su palco que el balcánico debía ser agresivo para tutear al murciano, pero la ejecución no estuvo al nivel. Obligado a arriesgar, estaba fuera de ritmo, rebasado, y fallaba. Enfrente, para algarabía de la majestuosa Central del All England Club, flotaba un Alcaraz pletórico. No le concedió a Novak más que una bola de break en los dos sets iniciales de la final y cuando el ganador de siete trofeos de Wimbledon quiso acelerar, respondió con naturalidad y concentración. Le volvió a romper el servicio con 4-2 y puso el lazo de inmediato (6-2). En menos de hora y media, 'Carlitos' mejoró la efectividad al resto que había evidenciado en las rondas precedentes y colocó el trofeo cerca de sus manos.
Se había transformado la ambición de Djokovic en un intento por evitar la paliza. Se descubrió en esa circunstancia el número dos del planeta y sacó a relucir su pedrigrí. Dio un paso adelante y, con poco que perder, apretó. "Probablemente hayan sido los seis primeros meses de año más flojos que he tenido", había admitido 'Nole' en la previa y no le faltaba razón, pues ganaba a un tenista del 'Top-10' desde noviembre de 2023. Pasó en este punto a tratar de reivindicarse y empezó la labor por ganar su primer turno de saque. Al fin.
Subió sus revoluciones, la profundidad de sus golpes y la valentía de su juego. Con dos sets en contra aplicó el plan trabajado con sus entrenadores, mas se topó con la sobriedad de Alcaraz. Eligió los golpeos, las alturas y sus movimientos el español con una frescura mental sensacional. Cuando el serbio bordeó el 'break', se inventó una dejada y un globo soberbios; y a continuación escapó con un rosario de saques espectaculares. En el peor momento, los mejores golpes. Como hacen los campeones. Sabía el juvenil que ganaría si resistía el arreón del ganador de 24 'Grand Slams' y eso hizo. Es más, le rompió el saque para colocarse con 5-4. Y dispuso de tres bolas de partido para alzar el título.
Pero ahí le invadieron los nervios. La afamada complicación de cerrar los triunfos le sobrevino. Dejó escapar un 40-0 y Djokovic pescó entre sus dudas. Le quedó entonces al murciano la necesidad de rehacerse mentalmente, cosa nada fácil para el común de los mortales ante semejante decepción. Pero 'Carlitos' es especial y reaccionó con la convicción de que no se le iba a esfumar la copa británica en ese escenario. Forzó el 'tie-break' con seguridad y en el desempate demostró su jerarquía para resolver la jornada con su cuarto 'Grand Slam' (7-6). El veterano balcánico de 37 años se resignó y confirmó lo dicho el viernes, cuando definió a su rival de este domingo así: "Es el mejor de jugador de la historia con 21 años". Con este entorchado iguala los 'majors' de Manolo Santana y quién sabe dónde estará su techo.