Opinión

Renta básica

TRIBUNA

José María Méndez | Lunes 15 de julio de 2024

¡Ojalá tuviera éxito Javier Milei en su gigantesco y arriesgado intento de sacar del pozo a la economía argentina! Las tesis liberales de la Segunda Escuela Austriaca volverían a estar en el candelero. Por eso es oportuno insistir en la necesidad de una Renta Básica, que asegure que no haya indigentes o marginados en la sociedad.

La revolución digital ha creado los medios técnicos suficientes para organizar un sistema de Renta Básica de modo eficaz. Antes existía sólo el deseo de ponerla en práctica. Ahora, la Agencia Tributaria Estatal posee todos los elementos para saber con suficiente aproximación dos cosas: primero, cuánto gana al año un ciudadano en edad de trabajar; segundo, cuáles son sus necesidades mínimas objetivas, incluidos los familiares que tenga a cargo. Haría cada año un balance de sus ingresos y sus necesidades mínimas. Si las segundas superan a los primeros, sólo queda enviar la diferencia al beneficiario de la Renta Básica en dinero contante y sonante.

El liberalismo económico admite las inevitables desigualdades o injusticias que provoca la libertad efectiva en los mercados. El pez grande se come al chico. Así es, y así conviene que sea, para alcanzar el mayor PIB anual posible. El monumental fracaso del comunismo soviético ha confirmado esta conveniencia de una vez para siempre.

Por tanto, si deseamos que los valores económicos estén al servicio de los valores éticos de Igualdad y Suficiencia -o que el pastel se reparta de acuerdo con la Justicia social según la terminología habitual-, eso sólo puede lograrse mediante una redistribución axiológica, que corrija la previa distribución económica con mercados libres, injusta desde luego, pero objetivamente ventajosa para todos.

Las recientes elecciones europeas han supuesto un claro viraje hacia la derecha y un arrinconamiento del socialismo. Pero no olvidemos que la gran mayoría de los políticos que militan en los diversos Partidos Populares, o de derechas, en Europa es fundamentalmente keynesiana. Podemos esperar una menor presión de ideas socialistas. O una disminución de las empresas públicas en favor de las privadas. Pero no una decidida defensa del liberalismo económico, como la que propugna Milei.

La meta que se propone la Renta Básica es que no haya indigencia. Una vez eliminada la carencia de lo indispensable, puede dejarse a los empresarios mayor libertad. La única intervención del Estado en los mercados consistiría en evitar los monopolios e impulsar la competencia. Completada con el mecenazgo de los empresarios, que contribuirían al desarrollo cultural de la sociedad, después de haberla enriquecido con su éxito en unos mercados libres de interferencias políticas.

Para entendernos con más facilidad, usaremos la terminología pobres-ricos, aunque despojada de connotaciones peyorativas, pues se trata sólo de ahorrar palabrería inútil. Pobres son los incluidos en el censo de la Renta Básica. Ricos son los excluidos de dicho censo. Y cuando pueda surgir un equívoco gramatical, empleo indigentes en vez de pobres.

Las diferencias en una sociedad sin indigentes dejarían de ser las intolerables injusticias que ahora son. Ya no tendría sentido criticar la avaricia o codicia de un agente económico, porque trate de sacar el mayor rendimiento posible a los bienes de que dispone. Podrá hacer daño inmediato a algunos más débiles que él jurídica o económicamente. Pero si todos los indigentes están cubiertos por un eficaz sistema de Renta Básica, el perjuicio será automáticamente compensado en menos de un año.

Por otra parte, que los ricos peleen entre sí sólo perjudicaría a los mismos ricos. En principio, los ricos nunca son afectados en sus necesidades mínimas. Y si la mala suerte les afectase, dejarían de ser ricos para ingresar en el censo de la Renta Básica.

También sobrarían las motivaciones morales para defender una escala progresiva en los impuestos directos. La única justificación sería de mera racionalidad económica. Lo que se busca ante todo es que la Agencia Tributaria Estatal obtenga de los ricos el dinero suficiente para financiar la Renta Básica. En todo caso, no tendría sentido que los pobres pagasen impuestos directos. Sólo los ricos deben pagarlos. Como ya dicho, el único criterio impositivo sería conseguir de los ricos el dinero suficiente para financiar la Renta Básica.

En el artículo “Modelos de Renta Básica” (El Imparcial, 10/07/2019) recordé las seis necesidades mínimas generalmente admitidas: alimentación, vivienda, vestido, transporte, sanidad y enseñanza. Cabe usar también la expresión mínimo axiológico. A efectos de la Renta Básica las sintetizamos en tres apartados: cheque escolar, cheque sanitario y cheque por el resto.

El cheque escolar por la enseñanza primaria y media no sólo es una cuestión de justicia social. Su calado es más profundo. Se trata de poner la sociedad al servicio de la familia, y no al revés, como por desgracia ocurre ahora. La familia tiene la precedencia, pues nace de la misma Naturaleza y del respeto a ella debido. Es el más bajo y prioritario de los valores éticos. La sociedad ha ido surgiendo en la historia después, a medida que la convivencia humana se iba haciendo más y más compleja. La familia se basa en los dos valores éticos más básicos en la escala: primero, el Respeto a la Naturaleza, y en segundo lugar el Respeto a la Persona.

En el cheque escolar debe ir incluida la parte proporcional para construir colegios y escuelas, de modo que la demanda de estos edificios esté en manos de los padres y no de las autoridades públicas, ya sean estatales, autonómicas, provinciales o municipales. Es intolerable que éstas decidan en qué idioma hay que impartir la enseñanza. O dónde hay que impartirla. Esas decisiones corresponden en exclusiva a los padres. Es una aberración que los políticos decidan a qué colegio va un niño o qué tipo de enseñanza recibe.

Nunca he entendido la ausencia de protestas por la flagrante injusticia que supone la sanidad gratis e igual para ricos que para pobres. El cheque sanitario se debiera entregar sólo a los pobres y debiera comprender también el coste de construir nuevos hospitales o centros de salud. Los ricos, si son tales, están capacitados para pagar de su bolsillo los cuidados médicos y el coste de medicinas y tratamientos.

Por otra parte, que el dinero para la sanidad esté en manos de privados, da igual ahora si ricos o pobres, afianzaría la libertad de los ciudadanos. Estos serían libres de elegir el médico que prefieran y optarían en igualdad de condiciones entre la sanidad privada y la pública. Aunque, si existiese de hecho esa libertad, lo esperable es que la

sanidad pública fuese sólo subsidiaria. Únicamente existiría allí donde la sanidad privada no llegase.

En cuanto al cheque para el resto cubriría las necesidades de alimentación, vestido, vivienda y transporte. De hecho, un esbozo de Renta Básica ya existe, sobre todo en cuanto a vivienda y transporte. Hay una jungla de disposiciones de los diversos poderes públicos en favor de los indigentes. Se las suele denominar prestaciones sociales. El cheque para el resto sustituiría toda esa inconexa e inextricable maraña de subvenciones por una única y racional ayuda persona a persona. Sólo eso supondría ya un inmenso ahorro en las arcas públicas. (Cfr. mi artículo en El Imparcial “Ya está todo pagado”, 07/11/2019)

Este sistema de Renta Básica podría ser llamado MAT (Modelo Agencia Tributaria). Me refiero obviamente a una Agencia Tributaria única y estatal. La fragmentación de ésta imposibilita poner la economía al servicio de los valores éticos.

Para empezar el MAT, habría que determinar quiénes tienen derecho a percibir los tres cheques antes mencionados. Respecto a los ingresos, la Agencia Tributaria Estatal tiene ya de hecho casi toda la información necesaria. Queda el trabajo de hacer el inventario de las necesidades mínimas de un ciudadano y ponerlo al día año tras año. Un trabajo ingente desde luego, pero al alcance de la tecnología informática disponible en nuestra época. Y si el sistema fuese igual para todos los españoles, sería además el fin de los injustos privilegios concedidos a los nacionalistas. Los cupos navarro y vasco desaparecerían.

Sin duda cabe oponer una seria objeción al Modelo MAT. Abundarían peligrosamente los gorrones, los vagos que viven sin trabajar y a costa de los demás. Ya ocurrió eso en la comunidad que probablemente se elevó a la mayor altura moral en toda la historia de la humanidad: los primeros cristianos. San Pablo alude expresamente a ello.

No creo que haya manera de evitarlo, por mucho que vigilase la Agencia Tributaria Estatal. Sólo cabe elegir entre la lacra social de la gorronería y la seguridad de que ya no haya indigentes y se dé vía libre a las doctrinas de la Segunda Escuela Austriaca. Se trata de un inevitable mal menor.

Lo mismo cabría decir de la tendencia a explotar a los demás, las también inevitables conductas que han merecido la peyorativa denominación de fondos buitre. Tampoco la vigilancia de la Agencia Tributaria Estatal sería capaz de eliminar ese peligro del todo. Hay que aceptarlo también como otro mal menor. El Modelo MAT no aspira a ser perfecto. Asume las limitaciones humanas.

Digamos, para terminar, que si comparamos lo que se gasta actualmente de modo caótico por los diversos entes públicos con lo que supondría financiar el Modelo MAT, no sólo está ya todo pagado, sino que probablemente se ahorraría una sustanciosa cantidad de millones de euros.