Opinión

Suben las temperaturas, baja el poder adquisitivo

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 15 de julio de 2024
Lo dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su informe anual Perspectivas de empleo de la OCDE 2024 que ha publicado la semana pasada: nuestra capacidad adquisitiva (-2,5%) es inferior a la de, por ejemplo, Letonia (8,2%), Polonia (9,3%), Eslovenia (9,2%) o Lituania (16,5%). El déficit ha devaluado definitivamente el bolsillo de los españoles y la falta de perspectiva es la perspectiva: es decir, lo que nos caracteriza. Pero es verano y en el telediario dicen que suben las temperaturas, algo muy extraño para esta época del año. Y el fútbol es fundamental para subir el ánimo del personal.

En el estío vamos a parar a los grandes eventos deportivos como la liga -y ligues- de los campeones, sus exenciones tributarias y sus aventuras contractuales que glosan los forofos; pero en las gusaneras de los barrios andan a voz en grito porque hemos sido campeones. Nuestra misión es plastificar los grandes mitos del “establishment”, servir de combustible tecnológico a los hombres más ricos del planeta -Musk, Bezos, Gates y el Meta-niño- y que no abandonemos nuestra tendencia: un mes de asueto para soportar en septiembre a los gilipollas de siempre. Sin embargo, lo de rascarse el bolsillo dice la OCDE que va a estar más difícil, porque los amos del déficit, que viven en las plantas nobles del BCE, el FMI y otras entidades mundiales de la usura global, deciden si sube, baja o se mantiene.

El mundo confuso de hoy nos ataca sin que protestemos, superando cada día sus zarpazos económicos, políticos y salvajes como la invención nos lo permite. Y entonces, de este caos se recoge el retrato de nuestro tiempo, con un titular que asegura que no hemos vuelto a nuestro poder adquisitivo de antes de la pandemia (que de eso se trataba), ni parece que la cosa vaya a cambiar. Son las materialidades del caos programado, en ambientes nobles y “ordenado” por unas pocas señoras y señoros que no tienen ni pajolera idea de economía mundial, pero que acuden a los foros con sus trajes y sus faldas, porque en el caos está la riqueza. Su riqueza.

Solo no pasarán de moda los grandes acontecimientos: las vacaciones, el fútbol, la subida de las temperaturas. Porque son la letra monótona incluso del asueto, que nos marcan y dictan desde un despacho central europeo, para encontrar la manera subterránea de que no abramos la boca, virgencita que me quede como estoy, Paco. Allí se recoge todo el tejemaneje del vivir global, se le da rienda suelta a la gangrena social y se engrasan los engranajes, sí, de la brutalidad, para que la rueda del esclavo se renueve constantemente.

Otra vez, como cada julio, se plantea uno la osadía del asueto, la fantasía del descanso, la ciencia ficción de las fiestas estivales. El hallazgo de la felicidad escasea con el mercurio disparado, porque se piensa peor en ese promontorio de la vida como playa o montaña radical, acotada, de calendario con la vuelta subrayada en color rojo. No sabemos si estamos más cerca del principio o ya nos hallamos al final, porque reina la desorientación. Porque, no les engañen: el sobresalto político, el magnicidio frustrado, las guerras y el precio del aceite están todos coordinados. Lo importante es que usted sepa que sus cien pesetas de ayer con las que podían comprarse algunas cosas, como los huevos, el pan y la leche, no valen ya ni unos céntimos del euro de hoy, de esos que a veces nos perdonan en el súper o nosotros cedemos ante la repentina falta de cambio en la caja multimillonaria de la cadena de supermercados. Al fin llegamos al advenimiento del transeúnte de calderilla. Aleluya, compañeros mártires: hemos ganado la Eurocopa…