“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé,
en el quinientos seis y en el dos mil también;
que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos, valores y dublé (…)
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo todos manoseaos”…
Empecemos haciendo historia. “Cambalache” es el título de un famoso tango escrito en la década de 1930 por don Enrique Santos Discépolo (1901-1951), uno de los más representativos poetas populares de la Argentina. El múltiple “Mordisquito” o “Discepolín”, como cariñosamente se lo apodaba en el mundo actoral y radial de aquella época, fue además músico, actor, dramaturgo y cineasta. Los versos de su “Cambalache” fueron compuestos para la película “El alma del bandoneón” y lo cantó por primera vez la actriz y vocalista Sofía Bozán, partenaire de Carlos Gardel en el filme “Las luces de Buenos Aires”.
Si bien en su creación los versos de “Cambalache” evidencian un contexto universal, ya que la letra denuncia los males de toda la sociedad, aplicables a cualquier país del mundo; de manera que enlazan risueñamente a nuestro prócer José de San Martín con el conquistar Napoleón Bonaparte, junto a otros personajes como el financista y estafador Stavisky, entreverado con el sacerdote y educador don Bosco (fundador de la Congregación Salesiana), a Juan Galiffi (alias “Chicho Grande”, padrino de la mafia de la ciudad de Rosario) con el boxeador Primo Carnera, y en idéntico contexto a la “Mignon” (o “Mignonna”), una voluble casquivana de los cabarets de París, con el patriota Giuseppe Garibaldi, artífice de la unificación de Italia.
Otra de las estrofas del tango afirma “que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches ves llorar la Biblia junto a un calefón...”. Y de allí surge la famosa frase que contrasta al ecuménico libro religioso con el artefacto mundano utilizado para calentar el agua. Ahora bien, en un sentido más formal, la expresión “cambalache”, aceptada por la Real Academia Española (RAE), se registra en su diccionario como “un canje o permuta que se realiza bajo condiciones poco claras, involucrando elementos de escaso valor”. Estos usos de la palabra tienen una carga peyorativa o despectiva, tales como el usado para referir en estos tiempos a toda nuestra desajustada época; pero se pueden aplicar en concreto a la vapuleada Argentina, un país pródigo en riquezas, “tocado por el dedo de Dios”, pero con grandes desarreglos sociales y altísimos niveles de corrupción y trampas individuales de la más asombrosa especie política. Es raro, por lo tanto, no oír cada vez más esa palabra brotando espontáneamente de cualquier conversación. Ya que en este país de referencia:
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador;
todo es igual, nada es mejor,
lo mismo un burro que un gran profesor…
Vemos entonces con preocupación que la tolerancia y el diálogo son asuntos de otros tiempos, pues nadie se salva en medio del “cambalache”, de la mal educada agresión presidencial, sea en el orden local o internacional. En tanto sus adláteres, en su mayoría economistas rasos y ampulosos solo tienen como meta el equilibrio fiscal y el apoteótico manejo financiero, que es importante, sin duda, pero sin olvidar las necesidades del ciudadano de a pie, teniendo en cuenta la salud, la educación y la pobreza que avanza cada día más. Tan es así que el objetivo de esta política monetarista -o mejor dicho la excusa- es que “cuando la inflación se reduzca a cero la Argentina se podrá comparar con Alemania, Irlanda y otros países desarrollados”. ¡Qué así sea y en buena hora! Una evidente fantasía que en nada se ajusta a nuestra condición contradictoria de país en vías de subdesarrollo y siempre con futuro por delante. De esta manera los legionarios de La Libertad Avanza (LLA), unidos a la ultraderecha del mundo, con disparatadas propuestas anarquistas, que se contradicen en sí mismas, mantienen intervenido al Estado con variables estratégicas y elementos centrales, como son el tipo de cambio, la caída del consumo y los recortes presupuestarios a la obra pública, por ejemplo, que es fundamental entre otras cosas por ser genuina generadora de empleo.
Otra cuestión es la falta de gente capacitada en las huestes de esta diarquía gobernante: todavía no consiguieron funcionarios aptos para suplantar a muchos corruptos que quedaron cesantes del anterior gobierno y en pocos meses los echados superan a más de cincuenta supuestos especialistas diseminados en cada cartera (llámense oportunistas que se prenden de cualquier teta para sacar rédito). Así y todo, siguen nombrado gente para cubrir cargos vacantes; por lo general burócratas sin demasiados compromisos políticos ni demasiada experiencia en las áreas gubernamentales que deben ocupar. A todo esto, pese a los contratiempos, no solo de gestión sino también económicos, el Gobierno, llevó a cabo la concreción de dos recientes propósitos: la llamada Ley Bases y el Acta de Mayo (que en rigor es de julio porque se frustró en la anterior fecha patria), rejuvenecida como una de la mejores iniciativas presidenciales, aunque no con las novedades esperadas, ya que el contenido no es preciso sino más bien ambiguo y reiterativo, pues casi todo el mamotreto es tomado de la Constitución, y lo que debió ser un documento más discutido e, incluso, ampliado, se quedó en el pomposo enunciado.
Tampoco fue el sitio adecuado la Casa Histórica de Tucumán donde en 1816 se juró la independencia; lugar de tamaño reducido para albergar a las 700 personas invitadas; lo fue también por la hora en que se hizo (entre la medianoche y la madrugada del 9 de Julio), y con resignados a un inhóspito sitio donde todos temblaban de frío y se dormían entre bostezos. Quizá fue un encuentro pensado a la manera de André Breton; vale decir, un acto puramente surrealista. A los quejumbrosos, como el ex presidente Mauricio Macri, casi se los ignoró al abandonarlos a la inclemencia, sin ninguna consideración. A esos expuestos les respondieron que no se quejaran porque así son las cosas. Cuando ahora se sabe que el porqué del horario, fue por una imposición de la hermana presidencial, reconocida tarotista y astróloga, que vaticino que los astros acompañarían en ese horario.
A todo esto no se cumplió del todo lo soñado, por Milei; los mejor informados dicen que debía llegar al acto, montado en un caballo blanco para rechazar los malignos demonios que se podían infiltrar. Este número vivo alcanzó dimensiones megalómanas, que superaron las redes sociales, haciendo que la brecha entre el Presidente y su gestión sea cada vez más ancha. Muchos de sus seguidores sostienen que tiene muy buenas ideas, aunque nada originales y, sobre todo, sin capacidad para ejecutarlas. La aprobación de la Ley Bases y del paquete tributario agudiza esa demanda de implementación.
Al día siguiente se llevó a cabo un desfile militar donde el Presidente y su vice, que contagiaba gripe a los cuatro vientos, encaramados en un tanque de guerra, disfrutaban como dos chicos con un juguete nuevo. Las malas lenguas comentan que ese despliegue militar se da como posible anticipo nostálgico de la intervención de las Fuerzas Armadas en caso de alguna pueblada.
Todo un cambio de escenario en medio de una crisis que si bien ha puesto proa hacia la macroeconomía -justo es reconocerlo-, para nada responde a las necesidades del pueblo, dando lugar a la mediocre oposición kirchnerista para que se anime, por más incinerada que esté, a sacar la cabeza. Y así, de un modo impulsivo, muy cercano a lo esquizofrénico, mientras el jefe del Estado afirma que ha sido elegido en ese cargo, como un topo feroz para destruirlo desde dentro, con “ratas infames” causantes de todos los males; lo que también llama “casta política”, tan desorientada -o más desorientada- que el bíblico Adán en el día de la madre”.
Todo se aplebeya y que nos perdone don Enrique Santos Discépolo, pues él, como buen visionario, se adelantó a describir un dislate que afecta concretamente al mundo en su totalidad, ya que “vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos”…
En fin, la Biblia junto al calefón.