Opinión

Copas futbolísticas y un rozón de oreja

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 18 de julio de 2024
Ya en la antesala olímpica, lo deportivo impera. No es frecuente que coincidan las finales de dos campeonatos continentales, América y Europa, y que uno de ellos conlleve un encuentro entre las escuadras de España e Inglaterra.

A mi juicio, el equipo español tal vez no tenía mejor composición, pero sí mejor estrategia, ganas de ganar y un objetivo fijo que no concedía distractores ni confiarse. Se ha alzado con el trofeo ganando la Eurocopa 2024. Enhorabuena. Goles en jugada de un catalán a un navarro y luego de un catalán a un vasco. Nada mal y para gloria de España. Todos ellos, españoles. Y ese triunfo debiera mover a tres ineludibles reflexiones: 1) Dejar de minimizar a España como potencia futbolística. Parece increíble que no figurara en algunas quinielas como favorita. 2) No vive del recuerdo y ha capitalizado muy bien el triunfo merecido de 2010 en la Copa del Mundo y 3) España ha sabido dar el paso nutriéndose su selección nacional de diversos equipos, cosa muy positiva. Qué bien, eso también es no vivir del recuerdo, apostando de manera seria al presente, echando mano del variado talento, donde lo haya. Por eso ha triunfado. Y tuvo muchos componentes de la Real Sociedad, que después del Recre, mi favorito. Excelente.

No dejo de llamar la atención acerca de que entre broma y broma, entre meme y meme, se reavivaran cuestiones históricas en ambos bandos en una final de tal envergadura, cuyos últimos 20 minutos me han parecido los mejores. Que si el imperialismo británico, que si el español, los clichés, Gibraltar como moneda de cambio, que si los escoceses con España y los memes, de uno en uno y en tropel cada cual mejor que el anterior. Yo me quedo con un previo avisando a Carlos V que jugarían España y Alemania, respondiendo el emperador “¿y contra quién?” Clavado. Lo mismo he leído tras el resultado, lo de recuperar Gibraltar o el cántico de "Gibraltar (es) español" que a los británicos pidiendo boicotear estas vacaciones a España. Para ser memoria histórica el episodio del Peñón, está bastante actualizada y vigente la rivalidad con el asunto por señuelo. A los claxonazos a las puertas de Gibraltar, la denuncia ante la UEFA de esa Asociación de fútbol. Historia viva.

La Copa América ha sido un desastre al final. Había dudas desde que se asignó la sede a EE.UU.. Y al término, creció el clamor señalando otra vez al equipo argentino como favorecido a la mala. ¿Será tal o en realidad, son algunos personajes los que pudieran haberse coludido de alguna manera con los organizadores y la FIFA? de ser cierto, separemos tiburones de charales. Los que pueden decir o incidir en tal favorecimiento y quienes se limitan a patear un balón y sí, hay quien juega en ambos equipos, de tiburón y de charal. Y en justicia, se tiene que aportar pruebas, no basta las elocuentes sospechas o las aparentes demostraciones de estar sucediendo irregularidades cuando, reconozcámoslo, el fútbol soccer no pasa por momentos de transparencia y deportivismo hace rato.

Considero que sí es importante separar conceptos, porque el equipo argentino no merece –como jugadores, como equipo técnico– ser señalado y cuestionado por su triunfo si dio la batalla en las canchas. A menos que persistan las severas dudas o abiertas acusaciones hacia tal –y se deduce, hacia ciertas personalidades– según transcurrieron las horas y los días. Señalamientos hacia la logística, lo mismo que en los arbitrajes y en vez de estar valorando la calidad del fútbol mostrado, el asunto se centra en tales denuncias. Detalles no han faltado y que no ayudan, como los animadores en la final pidiendo ovacionar a Messi, cuando debieron guardar la neutralidad más absoluta. Mas eso solo es la punta del iceberg.

Y en vez de estar valorando si hubo juego de altura, se mancha el resultado, otra vez, con las mismas sospechas de 2022 en Qatar y con un nombre al centro: Messi, señalado de favorecido, otra vez. Y parece un sospechosamente intocable. Cero y van dos. Infantino de paso, complaciente (¿o cómplice?) y ahora con el añadido de la Conmebol, mencionada así, como un todo. ¿Es que de verdad tal copa en EE.UU. solo es un regalo al sujeto y un negocio, antes que una ocasión para el buen deporte? ¿Messi es el problema como agente que impone, mangonea, cobra lo que no debe? ¿solo se lo señala por ser un buen jugador, solo por envidia sin explicar por qué siempre aparece mencionado en todos los enjuagues turbios? ¿Está ya jugando horas extras y el negocio que acarrea su nombre ya está generando situaciones comprometedoras? De ser así, puede acabar perjudicando más al fútbol que beneficiándolo. ¿Es parte de las decisiones del cómo y dónde, no limitándose a patear un balón? Lo de menos es que lo acusen de apoderarse del fútbol yanqui desde Miami.

Que nuevamente haya señalamientos sobre una suerte de trampa encubierta, no se puede usar otra palabra, que involucra el nombre Messi de forma directa o indirecta como ya sucedió en 2022, no es positivo para el negocio. Ya no digamos para su nombre y labor, no siendo sano que un nombre aparezca repetidamente en decisiones denunciadas como amañadas. Y no es positivo para quienes estén alrededor, salpicados de cuanto cuestionamiento surge en torno a los campeonatos donde participa y no aludido por el fútbol que practique o muestre. Si me apura, tampoco es justo si otros se han dedicado solo ha patear un balón. Pero, si hay favorecimiento, tal fútbol sí puede quedar en entredicho. De ahí la importancia de que campee la transparencia. Justo por lo mucho que se juega en el nombre y en el hombre. Hay algo podrido en Dinamarca y conviene admitirlo.

Tal vez él hace más daño y de paso, daña la imagen de su equipo. Por segunda vez el cuestionamiento a su entorno compromete el buen nombre que merecidamente pudo ganar su equipo en la cancha y no es justo que este sucediendo eso. Ni su equipo ni su país merecen la acritud de una creciente afición hostil por las sentidas sospechas de poca transparencia en el proceder de quienes directa o indirectamente, comprometen sus nombres por un solo sujeto. Y digo Messi, al ser el señalado como primer causante o inspirador de ciertas componendas.

Ya las acusaciones de racismo por los filtrados cánticos del equipo argentino contra integrantes del francés, remachan la polémica. La denuncia anunciada contra tales por la Federación Francesa de Fútbol no ayuda a una buena imagen del equipo ganador. La disculpa del jugador Enzo Fernández, lo engrandece. Las alharacas fuera de lugar de la vicepresidenta argentina Villaruel, no. Y echar al funcionario que se había pronunciado pidiendo a Messi disculparse, menos. ¿Otra vez nos topamos con el intocable e innombrable Messi? Crecen los resquemores.

En cuanto a las aficiones, bajarle 3 rayitas a la intensidad. Y quienes acusaban falta de modales en la afición de América, idealizando a Europa –confrontación en las gradas y portazo, caos del que no quieren responsabilizarse ni la alcaldía de Miami ni el estadio ni Conmebol– no olvidarse de los enfrentamientos en bares y calles de Dortmund entre ingleses y neerlandeses. Carencia de civismo en ambas orillas del Charco. Que nadie se adorne ni presuma de buenas maneras. Todos, serénense, acelerados. Andan todos muy intensos. También merecen su tregua olímpica.

Como intenso fue el atentado a Trump, encumbrándolo como candidato. Se lo advierto: de ganar, no buscará quién se las hizo, sino quién se las paga. El mundo merece mejor suerte que verlo empoderado de regreso. Biden no se ayuda. Que se retire o lo arollará. Ambos muestran la decrepitud de la clase política yanqui, secuestrada por dos grupos que no quieren marcharse, incapaces de renovarse. Igual que el PRI, cuando lo intentan optan por puro impresentable. Vance, Rubio. Y los demócratas parece que no traen nada en la bolsa. La caballada está flaca dirían los decrépitos priistas. Otros que nada tienen ya qué ofrecer. Avisados.