AL AIRE LIBRE

SE ABREN LAS PUERTAS DE LA ESPERANZA PARA ESTADOS UNIDOS

Luis María ANSON | Domingo 21 de julio de 2024
Hace un par de semanas me llamaron desde Televisa, el gran canal audiovisual mexicano que es el más...

Hace un par de semanas me llamaron desde Televisa, el gran canal audiovisual mexicano que es el más importante de Iberoamérica. Me pidieron que respondiera a una encuesta sobre a quién de los dos principales candidatos a la Presidencia de Estados Unidos votaría yo. “A ninguno de los dos”, contesté de forma inmediata. A Donald Trump le acompañan ráfagas de un energumenismo alarmante y muy difícil de digerir; Joe Biden es un anciano tembloroso cuya incapacidad se ha hecho notoria.

Aunque tarde, el presidente de Estados Unidos ha tenido el acierto de dar un paso atrás, anunciando su renuncia a la reelección. Me asegura Vicente Cañedo, experto en la política del Partido Demócrata estadounidense, que, a pesar de su resistencia numantina, Joe Biden no ha podido resistir la presión del The New York Times, por un lado, y la del expresidente Obama, por el otro. El prestigioso diario neoyorquino sigue siendo, a pesar del zarandeo digital, el medio de comunicación más influyente de América; y Barak Obama conserva en el Partido Demócrata una indudable autoridad. Hace un par de años leí el resumen de unas declaraciones de Noam Chomsky en las que afirmaba que para contener el aluvión de Trump era imprescindible abrir camino a un candidato demócrata que pudiera ganarse el crédito popular. No le faltaba razón al sagaz pensador y admirado gramático.

Soy periodista y no profeta. Carezco de la información necesaria para vaticinar quién será el candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos. Joe Biden, como es natural, apoya a su vicepresidenta, Kamala Harris, pero los comentaristas más expertos barajan media docena de nombres y tal vez hasta mediados de agosto no sabremos quién será la mujer o el hombre que se enfrente a un Donald Trump crecido por el milagro de que el disparo destinado a reventarle el cráneo solo le haya rozado una oreja. Conviene no olvidar, en todo caso, que no son solo los estadounidenses los que se juegan mucho en la elección presidencial de noviembre próximo. El mundo entero se beneficiará si el pueblo de Estados Unidos acierta. O se emponzoñará si se equivoca.