¿Cuáles fueron sus convicciones reflexivas, aquellas que llevan a vivir según pensó? Jaspers es un existencialista hermeneuta. Pregunta mucho, va de una interrogación a una transinterrogación, dejar abiertas muchas posibilidades de respuesta, pero no tapona sus heridas, las deja sangrando, las soluciones son pan para hoy y hambre para mañana. El lector asustadizo que busca seguridades concretas y definitivas se verá defraudado.
Los filósofos, aunque no solamente ellos, tendemos por lo general a tener dos vidas, la de nuestros pensamientos elevados, y por contraposición la real de nuestra cotidianidad, a veces miserable. Sin esa disimetría no habría ética, es decir relación entre lo que se es y lo que se debe ser. A veces, sin embargo, algunos pensadores escapan a esa diplopía y viven y mueren como hubieran querido y debido vivir y morir, y ese es el caso de Karl Jaspers. Su quebradiza salud personal desde la infancia, lejos de desesperarle, le abre a la intensificación de sus anhelos: “es asombroso el amor a la salud que genera un estado morboso en sí estacionario. La salud precaria que en éste subsiste se torna más consciente, más preciosa, acaso más sana casi, que la normal”.
También su dedicación profesional fue errática; el derecho que comenzó se le queda corto; la filosofía no la concluye; la práctica de la medicina la abandona; la práctica de la psiquiatría con pacientes también la marginó, y termina como catedrático universitario de filosofía, porque el título de doctor en filosofía tenía entonces validez universal para todas y cada una de las carreras, algo que en la actualidad es meramente honorífico. No sé si eso habrá influido en que sus obras sean por lo general complejas, asistemáticas, y mucho más analíticas que sintéticas, no faltando las fulguraciones brillantes en algunas de sus frases. En conjunto resulta algo difícil de leer, y de hecho continúa siendo un desconocido, a pesar de ser muy citado de segunda mano.
Ninguna autobiografía de ningún alemán de la época hitleriana puede entenderse sin el avatar del nazismo; fue el nazismo el que juzgó en última instancia a los alemanes, y no los alemanes al nazismo, pues la hoja de servicio de los alemanes opuestos a Hitler fue muy pobre y muy determinada por el miedo, sin autocrítica. Hubo sin embargo ejemplos sublimes de dignidad, como el de Jaspers: “cuando nuestros conciudadanos judíos eran transportados a los campos de exterminio no salimos a la calle, no gritamos hasta ser también nosotros aniquilados. El hecho de que aún vivamos es nuestra culpa. Hemos vivido en el Estado que cometió esos crímenes. No somos culpables como personas en sentido moral o criminal. Pero, por cuanto hemos vivido en ese Estado y como ciudadanos de él, no podemos separarnos de él. En el nuevo Estado somos responsables de lo hecho por el anterior Estado criminal. Debemos soportar las consecuencias. Eso quiere decir tener responsabilidad política”. Como cabe suponer, nuestro pensador fue puesto en el punto de mira, decidiendo al final de su vida cambiar de nacionalidad y hacerse ciudadano suizo. Dado el patriotismo germánico, semejante decisión debió de resultarle desgarradora. Los alemanes que tuvieron la valentía de asumir lo ocurrido como víctimas activas y pasivas, pero no como verdugos de los verdugos, como el psiquiatra vienés Víktor Frankl, son ejemplos de humanidad.
Aunque Karl Jaspers no fue recluido por el Estado Nacionalsocialista en ningún campo de concentración, sí fue expulsado de su cátedra durante ocho años, tiempo en el que vive una de las por él llamadas situaciones límite, en las que “al hombre no le queda sino su Dios. Se trata de un nihilismo universal que apenas sí puede ser vivido, pero que, si es real y verdadero, quizás pueda consumar el más profundo paso hacia la trascendencia, aunque sea de forma muy difícil e incierta”. Las situaciones límite son tan incomparables, tan irrepetible que quienes las han vivido, si han logrado sobrevivir a ellas, renacen como personas nuevas, singulares, irreductibles cualitativamente a lo que ellas mismas fueron anteriormente. Las situaciones límites no pueden ser relatadas como las demás narraciones, pues adquieren cumbres desgarradoras en las cuales se concentran la lucha, la muerte, el azar y la culpa; pero junto a ellas, también la dignidad, la solidaridad, la redención, la liberación y, sobre todo, el sentido de la vida. Si tal sentido aparece en su inefable tremendismo en las situaciones límite, ¿qué es una situación limite? Paradójicamente es una experiencia sin límites, pues si los tuviera sería tan limitada como todas las demás. No es un cuerpo envuelto por otro envolvente. No es lo limitado definible. Las Grenzsituationen son situaciones que te caen encima para con ellas cabalgar el ciclón sin seguridades, inventando la solución, con la estrella matutina de una vida que no pierde su sentido ni siquiera entonces.
El carácter indecible e inexpresable de dichas situaciones aparece como una especie de teología mística negativa similar a las de Meister Eckhart o Nicolás de Cusa, muy presentes en nuestro autor, así como del budismo. Jaspers rechaza las doctrinas religiosas explícitas, tanto las que defienden la noción de un Dios personal como las que lo disuelven panteístamente, así como la veracidad de cualquier revelación. Jaspers es un buscador de cuanto puede manifestarse por el no mejor que por el sí. Por este motivo se opondrá en sonados debates públicos a la desmitologización defendida por el exégeta protestante Rudolf Bultmann, larga historia en la cual se implicarán también Martin Buber y Emmanuel Levinas.
Aunque no exista una revelación objetiva del sentido de la vida, éste tampoco se encuentra en la mera inmanencia. Jaspers no es un filósofo monista y por lo mismo no reduce la trascendencia a la inmanencia. Ahora bien, como todos los sustantivos alemanes, la palabra Transzendenz se escribe siempre con letra mayúscula, lo que desafortunadamente induce a los traductores españoles a escribir también con mayúscula ese término, cuya mayusculización la convierte además en una especie de Dios trascendente. En resumen: que la trascendencia no sea localizable en ningún ser mágico no evita que en la inmanencia que se abre a lo totalmente otro (ganz Andere) se encuentre trascendida esa inmanencia.
La existencia humana tampoco se limita a la contemplación de meras esencias abstractas, motivo por el que rompió nuestro autor con la fenomenología esencialista de Edmund Husserl. Al afirmar que las esencias sólo tienen sentido para las personas existentes, será el único de los llamados existencialistas que merece el título de tal junto a su predecesor Sören Kierkegaard y a Jean Paul Sartre su coetáneo. Para un existencialista, aunque la filosofía no pueda dar con la trascendencia a la que se abre, y falle en cuanto a su realización concreta, ofrece sin embargo el camino de acceso a la autenticidad del existir. La filosofía no pretende ser ciencia, ni teoría del conocimiento, sino una práctica existencial, resultado paradójico del shock ocasionado por la misma vida. En su compleja obra Filosofía y existencia (1938) denomina Jaspers a la existencia (Existenz) “la experiencia indefinible de libertad y posibilidad al confrontar el sufrimiento, los conflictos, la culpa, el azar, y la muerte”, lo cual influirá en Víktor Frankl, que se reclama discípulo suyo.
Moviéndose entre el lenguaje místico religioso y el reflexivo, en su Fe filosófica (1947) afirma que dos son los caminos del hombre: la ciencia como objeto de investigación por un lado, y como sujeto de libertad por el otro. El científico se extravía en su investigación cada vez que formula juicios totales sobre el ser humano, pero la anatomía, la fisiología, la psicología, la sociología, la antropología, ofrecen conocimientos parciales y dispersos. Mientras más avanza, mayor conciencia se adquiere de que el ser humano en conjunto nunca podrá ser objeto de descubrimiento total (Umgreifende).
Por su parte, “la conciencia de ser humanos la obtenemos de la libertad”, a pesar de sus restricciones y limitaciones. Ahora bien, como la libertad no es objeto de conocimiento, no puede mostrarse a sus detractores: “como la libertad se halla en el origen de nuestro obrar y de nuestra conciencia de ser, lo que el hombre sea no sólo es contenido de saber, sino fe filosófica. Cómo el hombre tenga certidumbre de su ser, es un rasgo fundamental de la fe filosófica”. Por eso, cuando el conocimiento científico se absolutiza, la libertad desaparece.
La libertad es inseparable de la conciencia de finitud, de límite, de las antinomias entre muerte y vida, la lucha y la ayuda mutua, el azar y el sentido, la culpa y la purificación, cada una de las cuales conforma una situación límite. La radicalidad de esas antinomias se hace evidente en la psicopatología con una pureza asombrosa. La vida se realiza en la muerte, la lucha en el reencuentro con lo Uno omniabarcante, la culpa en la purificación redentora, y el azar (destino) en el sentido pleno y definitivo de una existencia. Sin embargo, una relación más profunda es aquella en que estas situaciones límites se expresan al unísono en las obras de la cultura.
El pensamiento de Jaspers debe mucho al del danés Sören Kierkegaard, el cual, contra la filosofía especulativa, defendía que la verdad trascendente es humildad. La verdad trascendente solo puede manifestarse en aquello de lo que nada se ha dicho. La humildad de la verdad perseguida es tan grande que no osa presentarse ‘en el calvero del bosque’, del que habló Heidegger. Su presentación es equívoca: ella está allí como si no estuviese. La creencia está en relación con una verdad que sufre, y la verdad que sufre se describe la manifestación misma de lo divino: simultaneidad del Todo y de la Nada. La singularidad del yo se perdería bajo la regla válida para todos. La generalidad no puede ni contener ni expresar el secreto del yo infinitamente angustiado. Esto no es una imagen apocalíptica, sino la imposibilidad misma en que se encuentra el vivir.