Cultura

Crónica taurina | Santander: el apogeo taurino con Morante y Ponce

(Foto: Efe).

TOROS

Inés Montano | Miércoles 24 de julio de 2024

La tarde de alegría teñida por el desasosiego, típico de las despedidas: Morante regresaba y Ponce se retiraba. Los dos toreros mostraron las dos caras del mismo arte: uno con el contrario entregado y el otro henchido de complicaciones. Morante se fajó en los años de pandemia y levantó el toreo sin distinguir las ganaderías ni los cosos. Fernando Adrián estuvo a la altura y acompañó a los maestros en su salida por la puerta grande. Los animales de Domingo Hernández, de distintas camadas y variado comportamiento, no se lucieron en el caballo; apretaron a los banderilleros y les pusieron en más de un aprieto. Si no fuera por los grandes toreros de plata que buscaban a los bichos en cualquier terreno, esta tarde fácilmente podría haber sido insufrible. Se desmonteraron João Ferreira y Alberto Zayas. Las estocadas fulminantes de colocación más o menos afortunada.

Enrique Ponce fue recibido por los tendidos con un enorme cartel “Maestro de Maestros”. Su primero, Ofiblanco (1º 12/19), brindado a Morante, careció de fuerza, pero sólo veía la tela. Ponce construyó una faena fina: por ambas manos, ajustando los terrenos y venciendo la mansedumbre del morlaco que desistía embestir y cabeceaba emborronando los pases. Un trofeo. Labrador (4º1/20) desistía tomar el engaño en el primer tercio, sin embargo, los doblones con la pañosa en la mano le quitaron las dudas: la faena larga, sentida y gallarda. Pocas veces veremos los cambios de manos tan oportunos como ajiles. Una serie de pases flexionados redondos coronó la obra. Dos orejas.

Morante de la Puebla algo incrédulo todavía de encontrarse de nuevo en un coso. La lidia de Piñonero (2º 3/20) adornada con magníficas verónicas y chicuelinas con el capote, prosiguió por redondos y naturales de compás abierto y sin moverse: el torero hecho un eje de perfecta geometría. Algodón (5º 11/19) asaltó el callejón nada más pisar el albero. Un malaje de gran calado, incierto, gazapón… Morante le llevó por celeste imperio con un molinete de broche. Al son de Suspiros de España, Morante aguantó parones y miradas, insistió y ejerció el mando. Lo remató con una estocada al encuentro fulminante. Una oreja.

Fernando Adrián brindó a los compañeros de terna su encuentro con Prestigioso (3º1/19). Largas cambiadas de rodilla y toreo a capote de rodillas acabó en peligroso desarme. Se lo pasó por delante y por detrás por los estatuarios. Venció las desganas del animal y llevó al toro por circulares invertidos. Dos trofeos. Peluso (6º 1/20) fue otro malaje de la tarde. Proporcionó una voltereta al diestro. Se recuperó y, de nuevo, dirigió su embestida por delante y por detrás, consiguiendo lo mejor al natural. Las bernardinas de cierre y la estocada al segundo intento.