Opinión

Cosas del verano

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 24 de julio de 2024

Entrado el verano con sus asfixiantes flamas, calimas, tormentas del desierto y todos esos polvos en suspensión (con perdón) podríamos presumir de Lawrence de Arabia si no fuera porque los españoles somos más de oasis tipo chiringuitos, tintos de verano, frituras y espetos de sardinas.

Lo peor de la canícula es apoyarte en una barra de degustación playera y encontrarte con un televisor funcionando. Ahí te conviertes en encurtido. Es como pedir una de mantecados de Estepa para acompañar a la bebida bien fría estando a 41 °C y con una humedad del 57 %. La cosa no es asequible para cualquier conducto respiratorio de los vertebrados. Así pues, ver la televisión en temporada alta de chanclas y bañador a media asta resulta urticante, máxime cuando el reflujo de Pedro Sánchez y su amada esposa copan el NO-DO de nuestra época dorada. Alguien de manera cortés le dice al encargado que cambie de canal. Muy servicial pone La 2 y es cuando el león marino de California se lo está montando con su hembra y claro, el comentarista nos saca de dudas en algo tan íntimo. Y allí mismo, con el protector solar de 80 te enteras de que una leona puede aparearse con más de un macho cuando está en celo; es más, durante el período de apareamiento, que puede durar varios días, se han observado (?) leones copulando 157 veces en un periodo de 55 horas. Y ahí es cuando pagas la consumición y te vuelves a la orilla por aquello de la brisa.

Si echas mano de la prensa por aquello del horóscopo o el crucigrama resulta que en titulares te hablan de una polémica con unos ‘Puntos Violeta’, que dicho sea debe tratarse de esos agujeros negros en donde el supuesto amaño de contratos no parece hacer buena la regeneración prometida por Nostradamus. Ya saben, otra de corrupción, que invita la casa. No lo digo yo, Sumar y Podemos en sus igualdades de criterio, tanto Iñigo Errejón, como Irene Montero, han pedido el cese inmediato de Isabel García, actual directora del Instituto de las Mujeres, por cosas de ese ‘mercado de ocasión’ tan de moda en nuestro país.

Luego está lo del paisaje y el paisanaje. Desde un acantilado de 40 metros se lanza al vacío del agua turquesa lumínica, uno de esos jóvenes de cuerpo troquelado para luego nadar hacia una pequeña embarcación donde una chica con bikini minimalista yace más bien lánguida,-a primera vista sin apariencia libidinosa, yo diría como con falta de hierro-. Y allí se convierten ambos en caballitos de mar hasta que la marea les separe. La gente aplaude desde la orilla este tipo de cosas que solo se ven en verano en sitios de la costa. En Ciudad Real, por ejemplo, hay otras costumbres.

Si algo es tentador en esto del calor a granel, es la siesta. No una siesta de sentir vergüenza. Es suficiente una de esas que te permiten soñar antes de dormirte. Y es que después de los regustos del comer, rugen los adentros en hervores de modorra y se pierde nobleza de conocimiento volviéndose el cuerpo involuntario en oficios y encargos. Traída en causa por una de las reglas de la orden monástica de San Benito, allá por el siglo XI bajo el lema: “reposo y tranquilidad en la hora sexta romana” -que era el período de tiempo entre el mediodía y las tres- viene a confirmar que estamos ante uno de los placeres de obligado cumplimiento.

Lo que promueve la siesta es la necesidad de separar el cuerpo de su actual usufructuario y vagar entre la frescura de campos de poleo o bien por las islas del Adriático. Como verán cosa sencilla y de fácil manejo.

Y aquí viene la despedida bajo la sombra de una higuera por culpa de estas calenturas impropias del mes de diciembre:

Quien precise madurar/fije su atención en los higos/que no tienen rubor en caer/aunque el día sea festivo/Lo hacen por nuestro bien/ no por su buen comer/sino por su propio destino/El nuestro es muy parecido/pasamos calor del carajo/y echamos de menos el frío/Por eso vino la Filomena/para ponernos a prueba/Ni por esas aprendimos./Continuamos disconformes/aunque sigamos vivos/sin darnos cuenta,/ de que nos parecemos al higo.

Como favor personal, no me lo tengan en consideración. Son cosas del verano.