Opinión

JJ.OO. de París 2024

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 25 de julio de 2024
¡Al fin! los ansiados Juegos Olímpicos de París 2024. El escenario es insuperable, ribeteado de todo el esplendor y poderío de la capital francesa como sinónimo de despliegue y portento, independientemente de la extraña manera en que se asignó la sede o decidir que utilicen el Sena para competencias o prescindir del estadio para una ceremonia inaugural en toda regla, como marca la tradición en esta clase de certámenes. Estoy perplejo, sí. La antorcha enseñoreando la cima de la Torre Eiffel la considero una foto más significativa que tal encendiendo el pebetero.
El atractivo del olimpismo no se ha ajado, siempre es emocionante una edición olímpica, con el consabido debate acerca de si tales competencias surgieron de la mano de los semidioses y héroes mitológicos de la Hélade, en el 2500 a. C. o si los Argonautas o Pélope son sus procreadores; y si surgieron hacia el 1100 a.C. o o en el 884 a.C. y la archiconocida y registrada fecha equivalente al año 776 a.C., triunfando el primer ganador de tal justa veraniega, Corobeo de Elis.
París, la siempre bella, la egocéntrica, la que ofrece un singular e incomparable proscenio de órdago para lucirse nuevamente. Si tiene a Versalles como adminículo, como un mirífico complemento, es difícil competir contra ella. ¡Cuánta apostura de estos esperados Juegos! Pese a la polémica que también los envuelve (¿a cuáles, no?) siempre suscitada en toda ciudad anfitriona por acogerlos, no deja de ser una espléndida oportunidad para exaltar a la grandeur de Francia. Quien dude de las ganancias y de la derrama económica resultante que prodigarán, carece de visión, información y morro, porque baratita la estancia en la Ciudad Luz, no lo es. Barata, jamás ha sido la antigua Lutecia, la sirena de Europa. Nunca. Y hoy, sus precios son estratosféricos, opulencia que contrasta con el denunciado desplazamiento por el desalojo de indigentes que la afean.
Cuánto qué apuntar de los JJ.OO. de París 2024 ¿no es cierto? Es loable que haya una proporción 51-49 % de atletas hombres y mujeres. Personalmente, no me place que las ciudades repitan como sede olímpica. Incluso, los países. Preferiría que la gloria se repartiera. Ahora, está Egipto apostando a unos Juegos, asignatura pendiente del COI en favorecer a África. Se propone El Cairo, no Alejandría, que me agradaría más por su origen ligado al mundo helénico. Sin embargo, África es un desafío por sus carencias. Acaso si se postulara una sede a largo plazo y con ayudas internacionales...tal vez se consiguiera. Independientemente, de que la tendencia ha sido a rehuir la carga que supone ser sede, puesto que el gigantismo del concepto y todo lo que acarrea, no ha disminuido como llegó a plantearse que se buscaría, pues el negocio reditúa. Se la ponen difícil a África. No basta adosar a la Torre Eiffel el logo más reconocible por el mundo en encuesta del año 2000: los prominentes aros olímpicos. ¡Qué va!
Alardean ser los Juegos del centenario. Suena desmemoriada la idea, antes que eurocéntrica. Será por coincidir el número 24, omitiendo aludir a los mal organizados de 1900. Con todo, para la Ville Lumière será la primera vez que conozca el fuego olímpico (que nació para la justa de Amsterdam 1928) no siendo óbice para albergarlos ¡por tercera vez! por esa manía del COI de repetir sedes "seguras” para su verificación. Aquellos Juegos de 1924, más capricho de Coubertain que otra cosa, sirvieron para exaltar la París victoriosa de la Gran Guerra, luego de regalar los de Amberes de 1920 a la victimizada Bélgica. El olimpismo tiene sus cositas. Como la ausencia de oradoras en la ceremonia del llamado a instaurar una tregua olímpica que no llega. Paridad, dicen. Tampoco estuvo a tiempo la restauración de Notre Dame, como ofreció Macron en 2019.
Los JJ.OO, son un duelo entre países. No sería, acaso, el espíritu fundacional de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, mas se convirtieron en eso, mal que nos pese y no están exentos de polémica. Así, el doble rasero de sacar a Rusia –su presencia es casi testimonial, simbólica, sin sus mejores fichas, restringida, es el caso– pero no tocar a Israel, pone al COI en un predicamento, para variar. ¿No quiere Thomas Bach comprometer una posible reelección que se sabe no permitida en los estatutos actuales, o la candidatura de Berlín 2036 como la acaricia, evitando enemistarse con alguien? Se alude a querer sus propios “Juegos del centenario” para reivindicar los de 1936. Veremos, pues Alemania parece renunciar a ese año. Apuesta a 2040, el cincuentenario de su unificación.
Me agrada el logo definitivo de esa ocasión, “Marianne” compuesta a la garzón – estilosa y lucidora a lo años veinte del siglo XX– los carteles que han lanzado, los vídeos promocionales, muy bien logrados; las mascotas más o menos, aunque celebro la alusión al gorro frigio. Usar al Sena para competencias me parece irresponsable, no obstante que se bañen allí enfundadas en monos, la ministra de deporte o la alcaldesa, que Anne Hidalgo me simpatiza, mas sabe la realidad de lo que enfrenta. Yo ni me metería ni dejaría de usar cubrebocas, que el COVID-19 va incrementándose. Macron ya no se zambulló, rehuyendo el tema como tantas cosas. El reto de las aglomeraciones entraña muchos riesgos, del sanitario al logístico. París, como ciudad blindada, supone también un desafío de extrema seguridad, siendo agobiante. No deja de ser alarmante el llamado a reforzar los cuerpos de seguridad franceses pidiendo efectivos de otros países.
Resulta retador recibir 15 millones de personas deambulando por la capital del Sena por dos semanas, cantidad que suele acoger y gestionar medianamente bien cuando se reparten entre julio y agosto de cada año, pero las dudas se acrecientan tratándose de acogerlas en un lapso tan ajustado de solo 15 días. Se antoja ser un desafío mayúsculo. París merece salir avante. ¿Lo conseguirá?
La dinámica de la inauguración no acabo de entenderla. A ver si no es confusa. Los barquitos y el río me parece que deslucen y preferiría las delegaciones deportivas marchando ordenadas como antaño. Eso de ir en bola, en el relajo y ahora, montadas en embarcaciones, me desagrada y desconcierta. No las torna cercanas si usted conoce la ribera del Sena, que es muy elevada. Navegar montado en un betau mouche por ejemplo, viendo las crestas de los edificios ocultos gracias a las guarniciones que delineal el cauce el afamado río, desmerece. Sépase. Decir que serán cercanas por no estar en el estadio, siembra dudas. ¡Claro! que París es mucho París y París bien vale una misa, dijo el clásico. Ya lo sabemos y los espacios son incomparables. La originalidad de construir recintos en sitios emblemáticos y representativos es ideal y formidable. Ojalá que se materialice la intención de acercar estos Juegos a las multitudes.
Respecto a los deportes nuevos admitidos por el COI, apuntando a los practicados por la juventud mundial, y con el fin de atraerla, no es casualidad ni graciosa concesión, puesto que el olimpismo sabe bien que si no los incluye, se perderá adeptos y el interés en su esencia. Los Juegos Olímpicos verían comprometido el negocio de larga duración si se avejenta la afición sin renovarse. De ahí este otorgamiento. Que calificarlos es altamente subjetivo, sin duda, pero es lo que hay. Lo objetivo es que ya hubo tropiezos en organización y seguridad.
Los JJ.OO. como escaparate deportivo que entraña la rivalidad entre potencias, conlleva que Francia demostrara su supremacía en Tokio con la mirada puesta en esta edición. Y como plato fuerte, el acre antagonismo entre China y Estados Unidos, que por una medalla de oro de diferencia ganó el encuentro anterior a los asiáticos. El contingente yanqui, acude sobrado contra el despliegue chino, ambos clavando la mirada en Los Ángeles 2028. Será una pugna notabilísima, ya lo verá.
Completan el cuadro 10,500 deportistas, 206 delegaciones de países participantes (dos corresponden a refugiados y a neutrales) se adelanta, acudiendo entre 120 y 200 jefes de Estado y de gobierno a la inauguración, apuntando 300 millones de telespectadores más 65 mil in situ el día inaugural, con 8,8 millones de entradas vendidas y primando los alimentos franceses entre los proveídos en la Villa Olímpica o que quienes fueron asignados para confeccionar los uniformes de la delegación francesa aportaran insumos franceses frente a otros, valorando lo francés por encima de todo. Como corresponde. Y solo resta decir, ansiosos…
¡Qué comiencen los Juegos a tope y los dioses repartan gloria y fama!

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