Olmedo (Valladolid).- Ochenta colegas y amigos han arropado al catedrático de literatura española de la Universidad de Valladolid Germán Vega García-Luengos en un homenaje sorpresivo en la villa vallisoletana de Olmedo, por su trayectoria personal y profesional y a manera de epílogo a unas productivas XVIII Jornadas sobre teatro clásico que, bajo el lema “Y, sin embargo, amigos: estudiar y representar a nuestros clásicos”, ha convocado a más de medio centenar de investigadores, dramaturgos e intérpretes para ayudar a entender a nuestros clásicos desde las claves de su época. Hablamos con el homenajeado, aún emocionado por tamaña –y merecida– muestra de afecto, que se ha materializado en el doble volumen Un caballero para Olmedo. Homenaje a Germán Vega (Universidad de Valladolid, la Sociedad Menéndez Pelayo y el Ayuntamiento de Olmedo
¿Cómo se encuentra después de este reconocimiento? ¿Está satisfecho con la mayoría de edad del Festival?
Abrumado y exhausto a la vez tras las jornadas. Me hago eco del lema de las mismas, “y, sin embargo, amigos”, porque es verdad que, a pesar de los pequeños momentos de fricción entre estudiosos y dramaturgos, de tantos encuentros y desencuentros, estamos llegando a una concordia entre los dos polos: estamos viviendo un teatro clásico bastante poderoso en los escenarios y en la investigación y el Festival de Olmedo es, en este sentido, ejemplar, porque aúna rigor y divulgación. Lo que se estudia y lo que se representa en las puestas en escena ha terminado por encontrarse, lejos de los que ocurría hace treinta años, por ejemplo.
La francesa Laura en versión de Marta Poveda, la comedia que gracias a la IA y a su trabajo, junto con Álvaro Cuéllar, ha sido una de las cumbres del festival; ¿sería uno de estos ejemplos de colaboración entre el mundo académico y el de la escena?
Sin duda; además, esta versión que Marta Poveda ha escenificado en Olmedo es distinta de la estrenada en los Teatros del Canal, empezando por la protagonista, que ahora es la propia directora; el tono que hemos visto es farsesco y las murallas de la villa se han convertido en un personaje más, porque a nada que uno cuide la iluminación aquí, gana mucho. Es cierto que a veces se pierden cosas en la comprensión del texto, de hecho no podemos entenderlo todo desde un punto de vista del hispanohablante del año 2024, pero no importa, porque el contexto hace que la obra fluya. Las compañías que se arriesgan con nuestros clásicos son admirables, porque se juegan el prestigio y el dinero, y a diferencia de lo que piensa mi colega Ignacio Arellano, que dice que La francesa Laura es “normalita”, yo creo que ninguna obra del Lope maduro lo es.
También el Círculo de Nueva York ha representado con gran éxito La monja alférez, dirigida por Daniel Alonso de Santos, y vd. también ha certificado la autoría de Juan Ruiz de Alarcón gracias a la IA.
Cuando trabajas las atribuciones del teatro del Siglo de oro con la estilometría, hay unas cotas de seguridad: gracias a las coordenadas y los parámetros hay algunos autores que cuando salen, la máquina los clava. Es el caso de Lope de Vega o de Ruiz de Alarcón. Si la obra estudiada da sus parámetros, sin ninguna duda es de ellos. Aplicamos las tablas de distancia, comparamos la obra en cuestión con las 3.000 obras ingestadas y digitalizadas y estas se ordenan de mayor a menor cercanía. Si los veinte primeros puestos muestran una insistente concurrencia de un nombre, es de él. En el caso de La monja alférez, de las veinte comedias más cercanas en usos léxicos, dicinueve eran de Ruiz de Alarcón. Por otro lado, existe un documento de época fechado en Málaga en 1628 en el que una compañía firma con el corral del comedias de la ciudad unas comedias “nunca vistas”, entre ellas “La monja alférez de Alarcón”. De manera que no es de Juan Pérez de Montalbán, como algunos creían.
Con La francesa Laura nos ocurrió otro tanto; las treinta primeras comedias emparentadas estilométricamente con ella eran de Lope , de manera que con una claridad absoluta, la atribución al Fénix no dejaba lugar a dudas. Gracias a que hay un gran volumen de comedias podemos trabajar con esta precisión las atribuciones a Calderón, Vélez de Guevara, Tirso de Molina, Rojas Zorrilla, etc. Se trata de obras o unidades que son parecidas en tamaño, que van de los 2.500 a los 3.500 versos, que tienen tres jornadas y que cada jornada posee parecido número de versos en todas. De manera que en la investigación filológica ya no se puede prescindir de las nuevas tecnologías. Hace poco, una investigadora estaba trabajando con cuatro comedias de santos de Pérez de Montalbán y, tras la prueba estilométrica, se han reducido a una, mientras que las otras tres son de desconocidos.
Entonces, ¿podemos encontrarnos con sorpresas y a autores que hasta ahora son anónimos, pero geniales? ¿Podríamos ponerles en algún momento nombre y apellidos?
Sin duda. Uno de los grandes enigmas del teatro del Siglo de oro es El condenado por desconfiado, siempre atribuida a Tirso de Molina, a pesar de que el propio Tirso asegura en el prólogo a la Segunda parte de las comedias del maestro Tirso de Molina, editada por la Hermandad de los Mercaderes de libros en 1635, que de las doce que van en el libro, solo cuatro “son mías en mi nombre”. Pues bien, demuestro gracias a la máquina que ni siquiera cuatro, sino tres, eran del religioso mercedario. Este es uno de los volúmenes más enigmáticos de nuestro teatro y el propio Tirso dice que ni siquiera sabe por qué se las atribuyen; lo cierto es que El condenado por deconfiado aparece relacionado por la estilometría con otras obras de un autor cuyo nombre hoy desconocemos. Seguramente esta hermandad o gremio de libreros le ofreció a Tirso el libro y él aceptó con la esperanza de que le siguiesen publicando sus comedias. Porque ¿quién le manda a Tirso apropiarse de unas comedias que no son suyas?
También hemos descubierto recientemente que Los terceros de San Francisco, que se supone que Lope de Vega había coescrito con Pérez de Montalbán en realidad es de Tirso y no de los otros dos; y que, en cambio, El Palmerín de Oliva sí que es de Lope. Y con respecto a la idea de que Lope tenía un taller de discípulos como los grandes artistas, no lo creo, porque esa información se hubiese sabido a la muerte del maestro: todos sus continuadores no hubiesen tardado en testimoniarlo. Lope es un misterio y un milagro a la vez, capaz de escribir mil versos en unas pocas horas, desayunar torreznos y cultivar a renglón seguido las flores de su jardín, como dice Pérez de Montalbán. Muchas de las comedias de Lope de Vega se han perdido y quizá, con la IA lleguemos a saber exactamente qué obras se han perdido. Al final de su vida, a pesar de que el Fénix de los ingenios apostó por la poesía épica y la lírica, terminó por creer que sus comedias también podían tener éxito; era un monstruo de la naturaleza que estaba ligando todo el día, que tenía varias casas abiertas y que no paraba de producir. Lope sería hoy el más solicitado guionista de Hollywood y Netflix.