Opinión

Un político: J. Borrell (y 3)

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 27 de julio de 2024

Al imaginar un próximo destino nacional para el descollante político ilerdense J. Borrell nos situamos, sin embargo, en los antípodas de la invocación de “un salvador de la Patria” o de cualquier figura semejante, tan del gusto de las naciones envueltas en un proceso de irresistible decadencia y deseosas de una regeneración a toda costa. Conforme recordaran las lectoras y lectores que cursaron un Bachillerato a la vieja usanza, ya la Cataluña de finales del siglo XVII asistió al conocido episodio de la apelación a un personaje o héroe de alcance nacional cuando su Virrey D. Juan José de Austria fue llamado a la Corte del enfermizo Carlos II (1675-1700) para salvar al país de un seguro e inminente naufragio. Varias generaciones adelante, comediado anchamente el Ochocientos, un tarraconense de eco y audiencia nacionales, el general reusense D. Juan Prim y Prats (1814-70), fue aclamado por la gran mayoría de la opinión pública como el gobernante que materializaría el gran ensueño palintocrático de la “Gloriosa”. En tal ocasión, sólo su alevoso asesinato frustró la realización de su sugestivo programa palingenésico que, asaz probablemente, hubiera cristalizado en una positiva realidad con la monarquía democrática del noble e idealista monarca Amadeo I (1870-73).

Ya en la centuria pasada la huella del mesianismo hispano de corte y raíz catalanas estuvo encarnada por la egregia personalidad del gerundense Francesc Cambó (1876-1947). En dos coyunturas cruciales, las de 1917 y 1931, su figura concitó las esperanzas de los sectores más creativos de las clases medias y de buena parte de las elites identificados con su ideario de un catalanismo comprometido de fond à comble con horizontes radiantes y fecundos para toda la sociedad de su tiempo. Tan imantador programa tampoco pudo arribar a buen puerto por las arriscadas procelas de ambas tesituras.

Hodierno, la situación en bien distinta. Es la hora de la sociedad y de los grandes colectivos, entre los que, obviamente, los partidos políticos ocupan su centralidad. Pero aun así, en instantes singularmente difíciles como el presente, la presencia y la acción de gobernantes de raza, de hombres públicos ampliamente dotados de cualidades y saberes relevantes para regir democráticamente el rumbo de naciones y Estados, un político como el muy catalán y, por ello, no menos español J. Borrell podría rectorar insuperablemente la andadura de la comunidad española por un territorio de convivencia creadora y fecunda. Su potenciación cara a los inminentes y de todo punto insoslayables envites que habrán de afrontar los españoles de hoy día se evidenciará de tal modo como el mejor escudo para resistir los de mayor envergadura al tiempo que como palanca la más idónea en punto a empresas enriquecedoras y atrayentes, con capacidad de movilización general e ilusionada.