Opinión

La Cumbre más alta de Zapatero

Joaquín Vila | Domingo 16 de noviembre de 2008
Nadie esperaba que la Cumbre de Washington cortara de raíz, tras apenas seis horas de trabajos, la gran crisis económica que convulsiona el mundo. Pero los países que representan el 90 por ciento del PIB han llegado a unos principios de acuerdo que pueden aminorar el torbellino financiero actual.

La reunión para encarar la gran depresión del siglo XXI ha servido, de momento, para inyectar algunas dosis de optimismo en el triste mercado financiero, a pesar de que las medidas adoptadas son excesivamente vagas. Pero, sobre todo, ha servido para recordar que sólo se saldrá de la crisis respetando y afianzando los principios del libre mercado, del libre comercio. Zapatero se tragó el sapo de su socialdemocracia, hipnotizado por el atracón de Bush que se ha dado y para colarse también en la siguiente reunión en Londres.

En el Museo Nacional de Washington, los representantes de la riqueza mundial acordaron regular y controlar los mercados financieros e incentivar las políticas fiscales para estimular el crecimiento. La receta se la llevarán todos a casa, los colados también, para ponerla en práctica. Y el 21 de marzo, cada país deberá tener hechos los deberes. Un mes después, se volverán a reunir en Londres para
poner en marcha las medidas aprobadas. Zapatero ya se ha pedido una silla.

Para entonces, Miguel Sebastián sabrá que, a partir de ahora, todos capitalistas. Peor aún: tendrá que aceptar y desarrollar las medidas que dicte un gobierno mundial, que no se dejará seducir por las propuestas socialistas españolas, precisamente. Eso, si se atreven a sacarlas del cajón. Que el presidente ha llegado encantado de compartir mantel y viandas con todos los ricachones. Sería exagerado decir que se ha convertido en un liberal, pero todo se andará si sigue colándose en los banquetes.

La intención de que el mundo debe actuar unido para frenar la debacle de los mercados puede ser suficiente para empezar. Ahora empieza lo más difícil: llegar a acuerdos concretos entre países cuyas políticas económicas y, sobre todo, ideológicas son tan alejadas.

Los mandatarios mundiales, en fin, han dejado claro que el camino sólo es uno y nadie se puede salir de él: el libre mercado que ha servido para crear las mayores épocas de prosperidad de la Historia. Pues, hasta hoy, nadie ha inventado una fórmula mejor.

Y ésta puede ser la cumbre más alta que tenga que escalar Zapatero: aceptar el juego libre de los mercados, poner en marcha políticas fiscales que incentiven la economía, en lugar de freírnos a impuestos para luego derrocharlos en dádivas electorales, en alimentar sus pesebres políticos, en suntuosidades palaciegas o en repartir millones entre las Autonomías más sectarias para ganarse su apoyo y sus votos. Ahora, y esto sí que les va a escocer a Zapatero, Solbes y Sebastián les van a pedir cuentas. Porque si se cumple la “hoja de ruta” de Washington, un gobierno global dirigirá y controlará las políticas económicas de los países implicados. Incluidos, los colados.

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