Las informaciones más serias y contrastadas que llegan desde Venezuela confirman el escandaloso fraude electoral. El dictador Maduro no se anda con chiquitas. Estaba claro que pretendía maquillar su régimen a través de unas elecciones democráticas, pero la derrota ha sido de tal calibre que la manipulación de los datos ha trascendido. Incluso el presidente comunista de Chile, Gabriel Boric, los ha cuestionado. Venezuela es un clamor nacional e internacional contra Nicolás Maduro.
El zurderío español ha reaccionado con un divertido desconcierto. En algunos sectores se mantiene el apoyo al dictador, del que se reciben dineros y prebendas. En otros sectores de la izquierda y de la extrema izquierda el estallido del fraude les impide mantener el respaldo a la dictadura. Zapatero, incluso, calla por el momento ante la emética situación.
Tras la descomposición de la Unión Soviética, la idea de Fidel Castro de mantener el comunismo en Iberoamérica, pero con elecciones que se manipulan si se pierden, ha demostrado fragilidad. Las trampas electorales cuando los resultados son ajustados se pueden disimular. Cuando la derrota se hace volcánica y el pucherazo estruendoso, todo termina por saberse y se produce la descomposición política y la airada reacción no solo de los sectores populares de la nación, sino también de los internacionales. El dictador Maduro permanece sordo entre el clamor venezolano y las exigencias extranjeras, pero la situación se le ha complicado hasta el punto de que algunos creen que no tiene otra salida que abandonar Venezuela e instalarse en esos paraísos en los que ha acumulado maletas repletas de dinero para asegurarse una vida confortable.
No solo la extrema izquierda española, también sectores cualificados de la izquierda permanecen atónitos y desconcertados ante el incendio venezolano, después de tantos años de elogiar al chavismo y comadrear con él.