Opinión

Narco mexicano: realidad como ficción realista

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Miércoles 31 de julio de 2024

El jueves 25 de julio la sociedad política de México se cimbró con una revelación: una pequeña avioneta de hélice había trasladado de Hermosillo, Sonora, a una pista pequeña cerca de El paso, Texas, nada menos que al jefe operativo del Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán, la organización encargada de producir y contrabandear fentanilo a Estados Unidos y la agrupación criminal número 1 reconocida por la última evaluación de la DEA de mayo de 2024, para entregarlo a las autoridades americanas.

Ismael el Mayo Zambada era uno de los hombres más buscados por la autoridad de estadounidense y sobre su cabeza pululaba una recompensa de 15 millones de dólares. Durante meses se habló de negociaciones secretas para que el capo se entregara, a cambio de atención para un cáncer que lo tenía al borde de la tumba. Sin embargo, la familia del Mayo había entrado en conflicto porque había entregado a Estados Unidos información sobre la familia Guzmán. Y aunque El Chapo y el Mayo eran compadres por la vía religiosa, el poder de la droga llegó a separarlos.

Muchas son las versiones que corrieron en México y Estados Unidos sobre el incidente: se habló de un secuestro del capo por parte de la DEA, de un presunto comando de los marines americanos que habrían capturado al líder narco y que la intención era acumular evidencias de presuntas partidas de dinero del narcotráfico a la campaña presidencial de 2006 del ahora presidente de la República López Obrador.

Pronto saldrán novelas, reportajes, documentales, películas y series sobre el caso del Mayo en julio, pero la única certeza que se tiene es que Estados Unidos ha sabido jugar a la desinformación para ocultar la única verdad que se puede probar: el FBI la DEA habrían creado las condiciones para que la traición dentro del cártel provocará el secuestro entre narcos y su entrega en Estados Unidos; es decir, una participación indirecta que evitara que la DEA o el FBI o los Marines de Trump se vieran obligados a penetrar clandestinamente en México y secuestrar al capo.

En la historia del narco mexicano ya habían ocurrido incidentes similares. En abril de 1990, el doctor Humberto Alvarez Machaín había sido secuestrado en territorio mexicano por un comando de la DEA señalado y acusado de haber asistido médicamente a la tortura y muerte del agente antinarcóticos Enrique Camarena Salazar en febrero de 1985, secuestrado por el Cártel de Guadalajara. En esos años, la DEA se movía con impunidad en México. Luego de un largo proceso judicial, el médico fue liberado y regresó a México.

A finales del 2020, el gobierno mexicano incorporó a su Ley de Seguridad Nacional medidas de estricto control de agentes extranjeros operando en México, con la obligación de registrar nombres de policías americanos, tipo de armamento y tecnología y operaciones en curso, también como consecuencia del arresto en otoño de ese año del secretario mexicano de la Defensa Nacional 2012-2018, Salvador Cienfuegos Zepeda, quien ya como general retirado había aterrizado en viaje turístico en Los Angeles, California, acusado de haber estado al servicio de un minúsculo y desconocido grupo que traficaba drogas en una zona ignota del Pacífico mexicano. El presidente López Obrador lanzó todo el poder del Estado para obligar al presidente Trump al liberar al exjefe militar mexicano y a entregarle a México la carpeta de investigación, misma que el mandatario mexicano difundió públicamente en medios de comunicación ante el pánico de la DEA.

Los datos oficiales revelan que el Mayo Zambada fue capturado por su ahijado de bautizo católico, Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo, lo ataron y le taparon la cabeza con un una bolsa negra, lo subieron a un avión y los dos viajaron directamente a un aeropuerto pequeño de Texas para que el hijo del Chapo culminará su propia entrega formal a las autoridades estadounidenses y llevará de regalo nada menos que al capo que controlaba todo el Cártel de Sinaloa y sus flujos de fentanilo a Estados Unidos.

Como ocurre sólo en las películas, la operación de entrega del Mayo Zambada se hizo por narcos mexicanos que habían negociado prácticamente con autoridades estadounidenses, pero con elementos que recuerdan a la película clásica Misión: imposible, cuando el jefe de un grupo paramilitar recibía una carpeta de asignación de una tarea pero se le decía que se argumentarían elementos suficientes para negar cualquier participación gubernamental en caso de ser capturado.

Así que uno de los hijos del Chapo --Ovidio Guzmán López, encargado del departamento de fentanilo, había sido capturado por el gobierno mexicano y entregado a Estados Unidos-- negoció su entrega en territorio estadounidense y llevó de regalo al jefe operativo del Cártel de Sinaloa, quien en realidad no opuso resistencia y lo primero que pidió ya en territorio americano fue un médico para que lo atendiera de su cáncer.

No existen elementos probatorios que involucren autoridades mexicanas o estadounidenses en la operación de entrega del Mayo Zambada, pero sólo una ingenuidad también muy al estilo de películas gringas pudiera dar por válido el hecho de que el capo del cártel número uno de México fue llevado como paquete de regalo por un miembro menor del grupo criminal que ya había pactado, como su familia, su entrega a las autoridades americanas.

El caso del mayo Zambada aparece como material extraordinario para los estilos literarios de Arturo Pérez Reverte (La reina del sur), Don Winslow (El poder del perro), Ioan Grillo (El Narco) y muchos periodistas que han investigado y narrado el mundo criminal del narcotráfico en México y América Latina.