Opinión

París olímpico

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 01 de agosto de 2024

La ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos en París ha dado para mucho. Como París misma. A mí sí me gustó y lo más que puedo lamentar es la lluvia. No considero grato acudir a un espectáculo bajo menudo aguacero por horas y horas. Desluce y, acaso, el mérito fue soportarle y sostenerse, pues los protagonistas siguieron el guion a pie juntillas. De saltimbanquis a ujieres, sin inmutarse. Admirables, profesionistas, manteniendo la entereza. Estoicismo pleno.

Sostengo que el contaminado río Sena por sus dimensiones, no aporta cercanía a los atletas con el gran público. No mayor que la que se suele tener en el desfile olímpico. Y la ciudad-escenario es un concepto que París sí puede permitirse, mas no tantas metrópolis más. Dudo que la secunde Los Ángeles y Brisbane que ni lo intente. Pero todo se andará. No nos adelantemos.

El polémico asunto que no debió serlo, del desfile aquel en la pasarela Debilly –herencia de la Exposición Universal de 1900– ha generado tamaña controversia, un desencuentro que retó el sentido de unión que clamó su creador y fue contrastante con la algidez y las reprobaciones a su verificación. No obstante, que se aclarara que se basó en un cuadro de 1635 y no en La Última Cena de Da Vinci. No hay poder humano que revierta el rechazo sobre tal y hasta disculpas ya hubo, no amainando la condena a lo visto y las explicaciones en sentido contrario.

Fuera de eso, en general considero que al otro lado del Atlántico nos ha gustado la ceremonia y Francia –su solo nombre siempre agrada– ha dado una muestra de equilibrio entre tradición y vanguardia. Que hay quien critica lo visto, sí y será respetable. No tuvo nada qué ver con lo que presencié en Río 2016, ya que cada escenario tiene lo suyo. Francia ha sido Francia y eso implica hasta lo desafiante. No me colocaré en plan censor denunciando el todo por una escena grotesca.

En esta ocasión, he buscado opiniones acerca de lo que acontece en París aludiendo a aquellas jornadas que destellan sentimientos vibrantes. Mi amiga Ada, con 30 años de relación directa con París residiendo en ella, me expresa: “La inauguración, a pesar de qué los franceses, parisinos, estaban muy escépticos, fue espectacular, permitiendo tener varios detalles (muy) franceses y, sobre todo, intentando considerar la modernización de la sociedad y extendiendo los valores (que nos unen). La emoción provocada fue muy emotiva. Se trató de que los Juegos fueran los Juegos de Francia y no solo de París y aunque los parisinos se quejaban mucho, ahora mucha gente de provincia acude a París a presenciarlos por ser en donde más se verifican frente a otras ciudades (subsedes). La inclusión ha sido un factor importante. Desde trazar la ruta de la antorcha recorriendo toda Francia y los territorios ultramarinos, los Juegos se vieron como un tema nacional, incluyendo las subsedes. Sobre el precio de los Juegos, sinceramente, sí han sido caros, pero hay estructuras que se van a quedar como son líneas del metro, algunos estadios, alguna piscina, esto es algo bueno para seguir rejuveneciendo. Lo que han tratado de hacer es darle tanta importancia, tanto a los Juegos Olímpicos como a los Paraolímpicos y de hecho, la prensa y la tele los van a seguir todos los días, es decir, los Juegos terminan hasta que terminen los Paraolímpicos y desde Londres 2012 habían empezado a hacerlo; y Francia ha querido remarcar la inclusión de personas paraolímpicas.”

Por su parte, mi amigo Roberto Johnson ha realizado un viaje a tierras francesas para presenciar los Juegos Olímpicos. Así, me ha contado: "Para mí, porque lo viví presencial, yo digo que son uno de los tres mejores Juegos Olímpicos en la Historia. Es impresionante la organización que se tenía en las calles. Había mucho personal de staff. Literal, en cualquier estación del metro se abría la puerta del vagón y había personal con su playerita de los JJ.OO. y si tú tenías alguna duda, ellos te ayudaban y te orientaban. Así, en cualquier estación del tren, en cualquier parada de autobús. Y, obviamente, si llegabas cercano al lugar donde se iba a presentar alguna actividad, había más personal y con manos tipo fan#1 señalan (por ejemplo) que “es a la izquierda, a la izquierda”. Policías por donde fuera, de todo tipo (ejército, incluido) todo el tiempo vigilando, cuidando. Me tocó ver que en el metro en dos ocasiones revisaran mochilas a ciertos individuos para ver que todo estuviera bien. El metro fue una maravilla, la mejor conexión para moverte de un lado a otro, para ir a las actividades, a los museos, a los lugares importantes, al hotel…fue lo mejor, lo mejor, lo mejor. Obviamente, hay estaciones muy viejas, hay vagones, trenes muy viejos, pero lo vi bien, lo vi limpio. En él jamás me tocó un atascón de gente. No me pareció que París fuera una ciudad sucia.

El tema de los Juegos Olímpicos me pareció muy fino. Demasiado fino. El cómo te reciben, cómo das tu boleto con tu celular, todo es digital, desde que llegas, entras, cero tener que esperar en la fila. Adentro de cada recinto olímpico, había pequeñas actividades dinámicas en lo que empezaban las competencias. En París fui a tiro con arco. El tiro con arco varonil por equipos. Se me hizo un deporte muy elegante, la gente muy bien portada, sí había afición echando porras, euforia. En general, había mucha gente, muchísimos extranjeros en las zonas principales turísticas, pero todo bien organizado. Con la aplicación de accesos se permitía comprar todo. Lugares a los deportes más demandados, ya no había. Y los menos demandados como bádminton o algún deporte que no te llame tanto la atención, incluso, los de la propia página estaban rematando los boletos, porque nadie los compraba. Y los deportes más demandados estaban carísimos. Otra aplicación para transporte me permitió moverme desde el aeropueto y en mis trayectos.

Sí estaba todo abierto. Se pudo subir a la Torre Eiffel y demás –cerraron todo y solo por la inauguración–y fue Impactante el globo del fuego olímpico. En una fan zone había pantallas gigantes transmitiendo en vivo algunas actividades y deportes. Podías tomar cerveza, comer y escuchar música de Francia en vivo. Lo malo de ahí es que al ser gratis, tenían que controlar acceso, aunque exageraban porque el espacio era inmenso y no dejaban que mucha gente entrara hasta que saliera otra tanta. Fue una experiencia inolvidable, recomendaría darse la oportunidad de ir a unos Juegos Olímpicos, sea dónde sea…Los deportistas, pese a que no los apoyaran en sus países, son ellos los que quieren ir a competir contra otros, a ser los mejores del mundo.” Mi agradecimiento a ambos por estas notas.

París es el centro del mundo, condición refrendada solamente. De un mundo que sigue adelante, que no ha parado ni cancelado unos Juegos Olímpicos por las guerras que, en paralelo, están sucediendo, desafortunadamente. Si París nos resulta a veces polémica, es natural, es su esencia acompañada de discernir y disentir y ponerse la vanguardia por montera. Tampoco me asombra, porque de allí han surgido temas controvertibles y tantos cuestionamientos a la Humanidad en su conjunto, que es y ha sido lo normal por siglos.

Traigo a cuento una anécdota. Mi amigo Carlitos, sapiencia donde las haya, con más de 50 años radicando en París, en un periplo que efectuó hacia 2007 terminamos desayunando en Ciudad de México y sostuve con él este diálogo:

–Y díme una cosa, ¿los parisinos hacen todo pensando en que el mundo los mira o para ser admirados; o lo hacen para ellos mismos?

–Lo hacen para ellos mismos, pero en el fondo....en el fondo saben que el mundo los mira.

Eso es todo. C´est la vie.