Opinión

Un restaurante que lucha por sus estrellas

CRÓNICA GASTRONÓMICA

Inés Villarino | Martes 06 de agosto de 2024

Si este verano te puedes escapar a la capital de Bélgica, Bruselas, y quieres disfrutar de una experiencia gastronómica única, te recomendaría visitar el restaurante Villa Lorraine, como me sugirieron a mí. Inaugurado en 1953 por Léon Eeckman, Villa Lorraine se encuentra en la comuna de Uccle, un área conocida por su ambiente tranquilo y sus extensas zonas verdes.

El restaurante está situado junto al Bosque de la Cambre, un parque de 124 hectáreas que alberga un lago artificial, un hipódromo y rutas para paseos a caballo. Es el lugar ideal para visitar después de una comida, ofreciendo un entorno perfecto para pasear, relajarse y desconectar del ajetreo de la ciudad.

La Villa Lorraine tiene una historia muy interesante con sus estrellas Michelin. Fue el primer restaurante fuera de Francia en recibir tres estrellas Michelin, el máximo reconocimiento otorgado por la prestigiosa guía culinaria, alcanzando así su época dorada en los años 70. Sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios de chefs y propietarios, el restaurante perdió sus tres estrellas, la primera en 1985, luego en 1997 y finalmente en 2006. Este hecho lo convirtió en el primer restaurante del mundo en perder sus tres estrellas Michelin, un récord desafortunado.

Actualmente, bajo la dirección del chef Yves Mattagne desde 2010, Villa Lorraine ha sabido modernizarse y reinventarse. En 2014, bajo el mando de Mattagne, el restaurante logró recuperar una estrella. Más tarde, entre 2020 y 2021, el restaurante cerró para llevar a cabo importantes renovaciones, y reabrió con más fuerza que nunca, recuperando su segunda estrella en 2022 (la última vez que había tenido dos estrellas fue en 1997).

El restaurante ofrece menús "Inspiración" que constan de 5 o 7 platos, con precios de 225€ y 265€ respectivamente. Estos menús pueden acompañarse con una amplia selección de vinos de todo el mundo, por un costo adicional de 95€ o 120€, según el número de platos del menú . La carta de vinos es impresionante, con más de 60 páginas que los sommeliers deben conocer a fondo. Además, Villa Lorraine cuenta con un lounge que ofrece un ambiente y un menú diferente, ideal para disfrutar de una comida más relajada y desenfadada, como dicen los franceses, "décontracté".

El menú

En restaurantes de este calibre, como es costumbre, se empieza con amuse-bouche, pequeñas porciones seleccionadas por el chef para sorprender y deleitar a los comensales. En mi caso, se sirvieron tres amuse-bouche, destacando especialmente una presentación innovadora de la ensalada César. Al recibirlo, mis sentidos intentaron descifrar qué era, ya que su apariencia no sugería una ensalada.

Sin embargo, al primer mordisco, los ingredientes confirmaron de inmediato que se trataba de una ensalada César, aunque transformada con maestría culinaria. Esta metamorfosis no solo destacó por su sabor, sino también por la habilidad de la cocina para transformar ingredientes, combinándolos en forma y estado de manera mágica.

Otro ejemplo de estas sorprendentes técnicas fue el salmón Bömlo acompañado de texturas del tomate Zebra como unas bolitas gelatinosas y un sorbete, una combinación que jugaba con texturas y temperaturas de manera ingeniosa y deliciosa.

La perla particular de Bruselas

Aunque no soy experta en gastronomía, como comensal de Villa Lorraine puedo afirmar que, a pesar de su larga historia, este restaurante ha sabido aplicar toques modernos tanto en las técnicas culinarias como en la mezcla de sabores. Cada plato demuestra una armonía perfecta entre los ingredientes seleccionados, permitiendo distinguir cada sabor incluso cuando están combinados. No puedo más que desearles lo mejor, sabiendo que están en el camino correcto para seguir siendo uno de los mejores restaurantes de Bruselas.