Cultura

Vicente Coves: “Descubrir de adolescente la meca de la guitarra en Granada fue como si un niño descubriera Disneylandia”

El músico y gestor cultural, Vicente Coves. (Foto: DFA).

ENTREVISTA

David Felipe Arranz | Miércoles 07 de agosto de 2024
La VIII Edición de Guitar Festival Granada ha celebrado los 80 años del maestro Pepe Romero y dedicando el certamen a la memoria de José López Bellido.

Granada.- Se ha convertido en el referente internacional de la guitarra española, ese instrumento que todos escuchábamos siempre inspirando poesía en algún rincón de aquella España: al Guitar Festival Granada que dirige el entusiasta y simpatiquísimo Vicente Coves, guitarrista y, a la vez, gestor cultural, llegan músicos de todas partes del mundo y se consolida ya como uno de los foros imprescindibles al que acuden como una convención de magos los grandes maestros de la guitarra –los vivos y los muertos–. Esta octava edición, pródiga en figuras reconocidas como Pepe Romero, Amancio Prada o el Trío Albéniz, ha sido del agrado del público que se ha acercado a elevarse, al fin, sobre otras músicas más “modernas”, pero menos auténticas, y que ha sido capaz, incluso, de asistir estoicamente de pie ante el cartel de “todo vendido”: la cita bien lo merecía.

¿Cómo se convierte usted en un apasionado de la guitarra?

De escuchar a mi hermano Manuel Coves, hoy reputado director de orquesta y siete años mayor que yo y al que le pasaba las hojas de la partitura cuando tocaba al piano: con él empieza mi amor por la música. Además, mis padres, especialmente mi padre Vicente Coves Castellanos, que falleció en 2001, me llevaban a conciertos, como el Concierto de homenaje a Andrés Segovia de 1993, en el que tocaba Pepe Romero. Mi abuela tenía afición por la música clásica y su hermana, que era profesora de colegio, era una virtuosa pianista.

¿Cuál es su historia de amor con Granada?

Cuando vinimos en 1998 de Linares a Granada yo tenía quince años y fue una experiencia inmersiva y completa con la guitarra y el arte; imagínese a un adolescente que estaba encaminado a que la guitarra fuese su vida como concertista que, de repente, entra en contacto con decenas de guitarreros que me acogieron. Por entonces conocí a Enrique Morente, Juan Habichuela, Antonio Marín o Rafael Moreno, quienes me abrieron la mente a un sinfín de posibilidades artísticas y musicales. Verdaderamente, parafraseando a Andrés Segovia, en Linares abrí los ojos al mundo y en Granada conocí todo lo bello de la vida. Para mí descubrir la meca de la guitarra en Granada fue como para un niño descubrir Disneylandia.

¿Qué tiene de especial la guitarra que no tiene otro instrumento? ¿Por qué los guitarreros constituyen una estirpe musical aparte?

La guitarra posee una singularidad: es el instrumento que saca el sonido de la parte más interior del músico; cuando el músico pulsa una cuerda de nilón o de tripa con sus uñas y yemas, la vibración se transmite sobre un hueso, la cejuela, que, a su vez, hace vibrar la tapa de madera: todo ello permite percibir el sonido interior del artista, que es el sonido más bello del mundo.

¿Cuál sería su segundo instrumento musical favorito?

El piano, porque lo escuchaba cuando lo tocaba mi hermano Manuel, como ya le he referido, y yo le pasaba las hojas de la partitura; es el instrumento que me aporta esa emoción y que me descubre a Krystian Zimerman, Vladimir Ashkenazy o las cuatro baladas para piano que compuso Frédéric Chopin entre 1831 y 1842.

Hablemos del Guitar Festival Granada: ¿se imaginaba usted cuando era adolescente que llegaría a dirigir un encuentro tan importante y prestigioso?

Siempre tuve la determinación de hacer algo muy serio; de hecho, ahora en septiembre, del 12 al 29, dirigiré también el Pepe Romero Guitar Festival de Málaga, en colaboración con el consistorio malagueño. Otros festivales pueden ser más bien pequeños y los directores los usan para mantener intercambios entre ellos, no a fines como la excelencia. Yo quise darle precisamente la potencia internacional que hoy tiene, porque España es líder artístico de la guitarra en todo el mundo y cuando yo propongo a un artista es porque antes soy capaz de sentarme a escucharlo. Por mi trayectoria como concertista contaba con muchos contactos internacionales y siempre quiero poner a los mejores en la misma cesta. Hasta cuento con el apoyo de la California State University, a la que acudo como profesor habitualmente. Sí, siempre he tenido la voluntad de hacer algo grande.

Vicente Coves con David Felipe Arranz | DFA

¿Cuál es la pieza que más le remueve por dentro, con la que más vibra artísticamente?

Tocando el “Segundo movimiento” del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo (1901-1999), que es un diálogo musical entre Dios y el compositor; cuando, además, conoces la historia que hay detrás del maestro Rodrigo, la lucha que mantuvo para que no falleciera su hijo recién nacido hasta que llegó la aceptación y su niño subió al Cielo, se convierte en algo verdaderamente impresionante. Y eso que el 90% del público que ama esta pieza como yo no conoce el verdadero origen de la composición. Me gusta interpretar también del maestro Federico Moreno Torroba (1891-1982) los conciertos para guitarra –“Concierto en flamenco”, “Diálogos entre guitarra y orquesta”, “Aires de La Mancha” o la “Suite castellana”–, junto a mi maestro Pepe Romero. Moreno Torroba es uno de los guitarreros que más brillantez tuvo. Podríamos añadir también al puertorriqueño Ernesto Cordero y al cubano Leo Brouwer, aunque me identifico más con los artistas españoles.

¿Qué podemos hacer para que los jóvenes, que escuchan músicas tan estridentes y tan ajenas a nuestra cultura, se sientan más atraídos por la guitarra?

Hoy vivimos en una sociedad en la que todo se entiende de manera acelerada y los guitarristas más jóvenes no son la excepción, porque quieren hacerse famosos muy rápido. Antes un músico llegaba a ser reconocido gracias a su trabajo, que era una progresión en el conocimiento y la artesanía del propio músico y esa lentitud en la formación era una verdadera suerte. Hoy creo que hay que llevar a la guitarra de vuelta a ese origen, al sonido directo sin amplificadores, apartándose en definitiva de toda la tecnología, porque la guitarra no necesita de amplificación ni tampoco de prisas: hoy los guitarreros más jóvenes tienen a correr buscando el virtuosismo, pero se equivocan. El límite de la rapidez es la pérdida de la calidad del sonido, cuando se pierde esa conexión, esa magia, y hoy los jóvenes se dedican más a impresionar y a impactar con la guitarra, que a emocionar.

¿Qué secretos le descubrieron las guitarras gitanas del Sacromonte y el Albaicín en su juventud?

Fui muy amigo del guitarrista Juan Carmona Carmona “Habichuela”, conocí al guitarrista Juan Santiago Maya “Marote”, al bailaor Mario Maya y fui íntimo amigo de Enrique Morente. Todos ellos tenían esa espontaneidad, la transmisión directa que han aprendido desde que nacieron: necesitamos precisamente esa frescura, esa libertad que ellos tenían, abrir la mente a su mundo, que está a un altísimo nivel y que lo mantienen en las cuevas del Sacromonte cada noche. Allí todavía se puede ver a algunos de los artistas que después se van a tocar y a bailar a Los Ángeles, como es el caso de uno de los grandes bailaores, Iván Vargas, copropietario de la Cueva la Rocío, o del guitarrista José Fermín Fernández.

¿Nos puede adelantar alguna sorpresa de la próxima edición del festival, que celebrará su novena edición?

El festival de 2025 va a estar dedicado al celebrar el centenario del nacimiento del guitarrista, historiador y coleccionista granadino Manuel Cano Tamayo (1925-1990), Medalla de Plata de Andalucía a título póstumo en 1992 por sus méritos como instrumentista genial, estudioso del folklore andaluz y titular de la primera cátedra oficial de Guitarra Flamenca en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba. Y también lo dedicaremos a la figura de uno de los mejores artistas de cuerda pulsada que cumplirá setenta años: José Miguel Moreno (Madrid, 1955), cuyo repertorio comprende obras que van del siglo XVI al XX.