Son muchos los datos que nos hacen pensar que nuestra sociedad navega, en términos morales, a la deriva. No hay más que repasar las noticias que alimentan compulsivamente los periódicos para entender que este sobrepeso de páginas rellenas de hechos aciagos derivan de una sociedad que, como contrapartida, está hambrienta de valores humanos. Los nuevos asesinatos por violencia machista, la guerra de Gaza y Ucrania junto a más de medio centenar de conflictos bélicos que siguen activos en el mundo, la presunta amenaza de un ataque inminente de Irán a Israel o la negativa de Maduro a presentar las actas de los resultados electorales en Venezuela son solo algunos ejemplos que sirven como botón de muestra de esta evidencia irrefutable.
Tenemos que agradecer por ello a José María Méndez García -conocido como don José María para los más cercanos-, que haya publicado su Curso Completo sobre Valores Humanos (2023), tras haber dedicado gran parte de su itinerario vital a examinar en profundidad los fundamentos de la Axiología o Filosofía de los Valores. Además, hay que reconocer que lo ha hecho siempre con coraje, sin perder de vista un apreciable carácter pragmático, para así conseguir trasladar su sabiduría sobre los valores humanos a la sociedad, plenamente consciente de que, como diría García Morente, “el progreso justo verdadero es el progreso en los valores”.
Don José María es un sacerdote diocesano de Madrid, economista de formación (Inspector de Finanzas del Estado), doctor en Derecho Canónico, filósofo y colaborador habitual con artículos de opinión para El Imparcial. Méndez tiene una obra extensa tras de sí, en forma de libros y ensayos, a la que hay que sumar multitud de conferencias impartidas, cursos, mesas redondas, etc., con las que ha tratado de transmitir sus resultados sobre las investigaciones previamente realizadas. Ello ha sido posible, en gran medida, gracias a que este filósofo fundó la Asociación de Estudios de Axiología en 1988, desde la que, en calidad de presidente, ha venido promoviendo múltiples iniciativas fundamentalmente dirigidas a la defensa de una doctrina sobre los valores que ahora se presenta de forma sistematizada y compendiada en este libro.
Aunque en los inicios investigadores de José María Méndez se detecta por su perfil formativo un gran interés por temas puramente económicos, su fuerte vocación filosófica y su profunda dimensión espiritual le condujeron a cambiar de rumbo, preguntándose por la fundamentación última del valor económico, para desde ahí pasar a estudiar la Filosofía de los Valores de Max Scheler y Nicolai Hartmann, poniendo especial atención en la conocida polémica sobre la jerarquía de los valores.
Este Curso Completo de Valores tan necesario para la sociedad de nuestros días no se limita al estudio de la Ética, sino que cubre el entero arco de los valores. Además, como el propio autor indica en el libro, estamos ante un curso no dirigido al corazón sino “a la cabeza”, haciendo uso de un lenguaje indicativo, aunque reconozca, eso sí, la utilidad que pudiera tener en determinados momentos el lenguaje exhortativo o parenético.
Creo que son muchas las cuestiones que pueden resultar de interés teórico, pero también práctico para el lector del libro, que no ha de estar necesariamente especializado en la materia para su seguimiento, por la cantidad de ejemplos sencillos que saca Méndez de la vida cotidiana a la hora de exponer sus conclusiones. Pensemos, por ejemplo, en las páginas que el autor dedica a la breve historia de la axiología (Kant, Brentano, Husserl, Moore, Lavelle, Scheler y Hartmann), a la aguda crítica hacia la falacia naturalista cuando se deduce erróneamente el mundo del deber ser del mero mundo fáctico o del ser, o, cuando, siguiendo a Kant, partiendo del alegato de Hume, Méndez trata de preguntarse por la fundamentación del deber ser sin recurrir a la metafísica.
Creo que el autor acierta cuando resalta que Kant se ha erigido en el fundador de la parte formal de la axiología mientras que Scheler lo sería de la parte material, quizás, a mi modo de ver, entre otros muchos, o cuando explica cómo Husserl y Brentano trataron de recuperar el conocimiento metafísico que estaba desacreditado en las cátedras de Filosofía.
Recomendaría de un modo especial al lector las páginas en las que José María Méndez se pregunta si verdaderamente existe un pensamiento sin lenguaje, a diferencia de lo que creía Wittgenstein. El autor nos recuerda aquí la diferencia aristotélica entre dianoia, es decir, pensamiento interno, y lexis, transmisión externa, planteando el modo en que el pensamiento funciona y progresa, y cómo el lenguaje transmite correctamente el pensamiento de una persona a otra, gracias a que todos respetamos las leyes lógicas de un modo inconsciente, automatizado. Por ello, a su juicio, el lenguaje no tiene más remedio que respetar la lógica para cumplir con su dimensión o función comunicativa.
De las diversas acepciones que tiene la palabra Verdad, la más radical de todas ellas es, sin duda alguna, la verdad formal de la Lógica, al ser la que gobierna tanto el lenguaje como el mismo pensamiento. Esto se traduce, por ejemplo, en que el ateísmo y el materialismo resultarían, a su modo de ver, incompatibles desde el momento en que Dios se convierte en la verdad formal absoluta de las leyes de la lógica. Con acierto, el autor recuerda el Fausto de Goethe en el que, curiosamente, el personaje de Mefistófeles, representando al demonio, anima a la búsqueda de la verdad a través de la lógica para no quedarnos perdidos en inservibles bagatelas.
En este mundo ciertamente caótico en términos morales, en el que el relativismo trata de erigirse en la verdad absoluta, paradójicamente “no relativa”, no puede ser más oportuno el mensaje de José María Méndez cuando arremete contra el pensamiento débil que sostiene que no existe verdad objetiva sobre lo que es bueno o malo para el hombre y la sociedad.
Este Curso Completo de Valores se dirige a poner freno al tsunami relativista, proponiendo, al menos, algunos valores como objetivos y, por tanto, válidos para todo hombre en cualquier tiempo y lugar. El libro abarca no solo el estudio de los valores éticos o estrictamente obligatorios, sino también el de los estéticos, religiosos y económicos.
Méndez nos ilustra además en este libro, de una manera sencilla, sobre la jerarquía de valores, colocando como valor primero y central el de la Verdad con mayúsculas. En realidad, se está refriendo al valor de la verdad de la lógica puesto que es el primero de los valores con el que tropezamos como verdad absoluta, eterna e inmutable y por ello no habría que buscarlo fuera sino dentro de nosotros mismos.
No en vano cabría recordar, según Méndez, los hallazgos de los matemáticos Gottlob Frege y Giuseppe Peano cuando en el siglo XIX formalizaron la lógica en un cálculo, comprobando que todas las fórmulas lógicas formaban un bloque, un todo. Desde esta perspectiva, la verdad material, frente a la mera verdad formal, fundamentaría “no solo todo lo que se puede pensar, sino además todo lo que se puede ser o existir”.
Sobre el aspecto material de la Axiología, esto es, sobre las realidades que podemos enjuiciar como valiosas o antivaliosas, es cierto que se viene especulando desde los presocráticos. Sin embargo, lo que da valor a esta nueva obra de José María Méndez es que desde la intuición propia del valor o del deber ser, se puede levantar el imponente edificio de la Axiología, con todas las repercusiones que ello tiene para la vida individual y social actual, y es que -no lo olvidemos- alcanzar verdades axiológicas objetivas es un gran tesoro para los tiempos que corren.