Opinión

La frutilla del postre

TRIBUNA

Roberto Alifano | Lunes 12 de agosto de 2024

Contaba mi tío Eulogio (el marido de tía Francisca Alifano) que fuera mecánico de la Cochera Presidencial durante la década de 1950, y atendía personalmente los automóviles y las motocicletas del líder justicialista, que le tocó ser testigo de una dura reprimenda al tristemente célebre Juan Duarte (“Juancito”, para los íntimos, hermano de Evita y cuñado del Presidente), quien ante los escándalos que se le descubrieron, fue desesperado a ver al jefe para pedirle protección. Perón, como era su estilo, lo palmeó, dibujó una sonrisa irónica en su cara, y se lo sacó de encima con estas palabras: “Eso lo deberías haber pensado antes de cometer tantas avivadas y brutalidades Juancito. Ahora han estallado en escándalos y no hay Dios que te salve. Yo no te puedo ayudar, hijo. Sólo te queda un camino… No tenés otra salida, ché”. Esa misma noche el cuñado presidencial puso fin a su vida volándose los sesos con un disparo certero.

La situación del ex presidente -como se sabe elegido a dedo por la doctora Kirchner, a la sazón madre de la criatura-, que casi impunemente con artilugios y mentiras gobernó la Argentina durante cuatro años, es ahora de extrema gravedad. Se suele decir, que si hay algo que tiene retorno es del ridículo. Este vulgar operador, que terminó humillado y a gatas su presidencia, se ve ahora involucrado en el peor delito de nuestra época: la violencia de género, que se suma a los actos de corrupción cometidos durante su mandato; es decir, se junta con los enojosos asuntos de las estafas por los seguros y las obras públicas que se están investigando. También es probable que el abogado penalista Alberto Fernández, experto en estas cuestiones, ofrezca su repetida explicación. “Me tocaron tiempos muy difíciles: la pandemia, la guerra en Ucrania, la sequía, etcétera, etcétera…”. Pero lo cierto es que ahí está la denuncia con una linda frutilla para el postre.

Ahora bien, ¿existe alguna defensa posible para el profesor Fernández? Es probable que la abogada que lo defienda sostengan esta línea argumental y trate de encasillar el asunto en la definición que el ex Presidente hace de sí mismo: “Soy un hombre común que asumió la responsabilidad de ponerse al servicio de la Patria y ahora soy víctima de una conjura demoníaca, encabezada por el diario Clarín”. Algo que suena más o menos convincente; sobre todo si se tiene en cuenta que la culpable es la doctora que lo elevó a esa magistratura. Cabe agregar que del mismo vientre salieron el otro Fernández, llamado Aníbal, candidato a gobernador de Buenos Aires, Amado Boudou ex vicepresidente, y Axel Kicillof ex ministro de Economía y ahora Gobernador de la provincia de Buenos Aires; además del menos consistente que tenaz Massa, ministro de economía, que se autoproclamó “salvador de la patria”, siendo a la vez el ambicioso candidato perdedor a presidente que se enfrentó a Javier Milei. No es todo, en la lista también figuran Máximo Kirchner y su agrupación La Cámpora; aunque hay algunos que ya intentan despegarse, como el ex ministro Guado de Pedro y varias dirigentes mujeres, que lo hacen por solidaridad de género.

Pero hay más y no es todo. Al golpeador de mujeres se le agrega el de compulsivo seductor. En otras fotos se lo ve brindando en su despacho con la periodista Tamara Pettinato. Como se ve hay solidarios pocos tan versátiles y dulces con el noqueador Alberto, que no solo podía someter a su mujer y dejarle en la cara la firma de sus puños, sino también podía ser el tierno amante de una pintora de la provincia de Mendoza, también docente a la que supo frecuentar en José C. Paz, con señoras y señoritas que quizá muy pronto conoceremos en nuevos videos que se sumen al escándalo que ya protagoniza. Érase la historia, como él mismo se caracterizó alguna vez, “de un hombre común”, con el agregado, que se escapaba solo de su residencia manejando su automóvil para visitar a sus amigas”. ¡Buen conductor y ahorrativo el doctor!

Disparatado desde todo punto de vista el ex Presidente. Tan es así que cuando Fabiola le dice en un whatsapp que ya iban tres días seguidos golpeándola, él contesta: “Me cuesta respirar. Por favor, pará”. Digamos: al “pará de pegarme animal” reacciona a su vez con “pará de recriminarme”. A eso se sumó que a la pobre mujer la había aislado y la tenía bajo custodiada bajo encierro. ¡Qué caso increíble, lo único que le faltó fue pedir una ambulancia y par de vehículo policiales para que la custodien!

Ahora bien, hay quienes se preguntan si la vida privada de los funcionarios admite sus desatinos y vicios públicos o personales. Qué yo sepa no. El doctor Alberto Fernández, buen tomador de whisky y champagne importado registraba en Twitter que no lo dejaban dormir antes de las 4 o 5 de la mañana; mientras que a su oficina presidencia en la Casa Rosada, solía llegar después de las 12 del mediodía con marcadas ojeras y una agenda a corazón abierto donde no concluían sus affaires nocturnos. Sin embargo, se dio tiempo para las tareas inherentes al cargo: era broker de seguros, anunciador de planes sociales y fulminantes contra la inflación, a la que “le declaró la guerra”; además de eximio lector de las cartas incendiarias que recibía de su reina, la doctora Cristina Kirchner, al tiempo que visitaba en vivo y en directo canales de televisión y emisoras de radio para defender su gobierno. No era todo, el prestigioso penalista se las ingeniaba para rumiar selfies con celebridades en foros internacionales y, en el campo internacional, piropear al genocida Putin y al impresentable Maduro. Pero hay más. Era la figura estelar en las fiestas de la golpeada Fabiola, diligente comentarista y espectador de los desastres de su gobierno. ¡Vale decir que el Alberto público era una copia del pícaro y seductor privado! ¡Pero ojo, cuando se le iba la mano, podía emular a Ringo Bonavena; eso sí magullando mujeres!

Las fotos del escándalo, dijo ayer la doctora Kirchner, la más alta autorreferente de la vida política argentina, delatan “aspectos sórdidos”, que a ella la obligan a apartarse del monstruo (¿?). ¡Cuánta razón tiene, por qué no pensar también en las fotos y videos de la grandiosa Rosadita, y del filántropo Josecito López, que derramaba bolsones con dólares en el convento de las hermanitas de La Caridad!

Otra perla. El país y el mundo, sin duda, se deben preguntar por qué el doctor Alberto Fernández cometió el acto de vanidad de grabar una escena de brindis con la periodista Tamara Petinatto en el despacho presidencial. ¿Un acto de arrogancia acaso o será qué, después de atragantarse con champagne francés, metió la pata no borrándola? ¡Ah, con la petulancia, Señor, que suele perder al hombre!

Es probable que le haya ido bien y para que le creyeran sobre el erótico momento, se fotografió con la muchacha. ¡Pobre Fernández la preocupación por perpetuarse lo llevó a meter la pata. Y de qué forma. Tamaña desprolijidad se suele pagar caro y al parecer su celular secuestrado revela muchos momentos de dicha, algunos más audaces y eróticos. ¡Es increíble la gente que nos gobierna!

Para no ser menos, el convulsivo actual Presidente de la República, el doctor Javier Milei, se fotografía con veteranas señoras del espectáculo, que otrora, en épocas remotas, fueron modelos de revistas eróticas. ¿Debe ser que todos quieren competir con el insuperable caudillo riojano, el más experto en esas lides que les lleva la delantera. Y tal vez resulte insuperable?

Todo es tan loco y desquiciado en la Argentina, que nuestros votados compiten en la videoteca de las conquistas presidenciales. Todo un tesoro, sin duda, que hoy lleva en la delantera a la pobre Fabiola, la última Primera Dama, que por varios cuerpos gana con su ojo en compota y el brazo magullado. En tanto nuestra colega Tamara, sorprendida en su cándida espontaneidad, hace espuma, con una copa de champagne.

Si no fuera por los crecientes índices de pobreza que registra la Argentina esto sería divertido, pero, por el contrario no lo es y resulta dramático. Abundan los tangos que habla de minas, de papusas y de percantas que han amurado a más de un otario que las iba de canchero. Y pienso en aquel “Zorro Gris”, que popularizó Gardel y no resisto a reproducir algunos versos:

Al fingir carcajadas de gozo

entre el oro fugaz del champan,

reprimías adentro del pecho

un deseo tenaz de llorar…


Y al pensar entre un beso y un tango

en tu humilde pasado feliz,

ocultabas las lágrimas santas

en los pliegues de tu zorro gris…


En esa prenda gravitando estás

al abrigo de tu frío espiritual.

Y cuando llegue en un cercano día

a tus dolores el ansiado fin,

todo el secreto de tu vida triste

se quedara dentro del zorro gris.

Triste destino el de la Argentina, que se puede resumir en los perfiles de un ya tradicional tango, al que podemos agregar una multitud de perfiles y hasta la paliza machista ante la rebeldía de género. Ha desaparecido la vergüenza y es probable que hasta se diluya la condena judicial ante hechos tan incalificables como el que se vive en esta república del irrespeto, donde todo vale y “la razón la tiene el que más tiene”, como dice otro recordado tango.