El descarado fraude electoral perpetrado por Nicolás Maduro ha sido denunciado hasta por los gobiernos de izquierda iberoamericanos como Brasil, Chile, México y Colombia, además de la Unión Europea, Estados Unidos y la inmensa mayoría de las democracias occidentales que no reconocen el resultado anunciado por el Gobierno. Sólo España guarda silencio. Un silencio cómplice tras el infame pucherazo. Porque las relaciones con Venezuela del Gobierno español siempre han sido, como poco, opacas. La estrecha colaboración de José Luis Rodríguez Zapatero con el sátrapa iberoamericano es el mejor ejemplo. De ahí, la denuncia del PP en el Senado por ponerse “de parte de los torturadores, de los autócratas de la narcodictadura, mientras el pueblo venezolano es reprimido, secuestrado y asesinado impunemente en las calles". La pregunta de la oposición al ministro Albares puede ser la clave de la sórdida postura del presidente español: “¿Qué intereses tiene Sánchez para no reconocer la victoria de la oposición?”. Pues hay que recordar que el Gobierno todavía no ha informado de los motivos de la entrada ilegal en España en enero de 2020 de la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, recibida con todos los honores por el entonces ministro José Luis Ábalos en el aeropuerto de Barajas.
Las democracias occidentales han exigido al Gobierno venezolano que reconozca las actas de votación publicadas por la oposición que dan una victoria aplastante al candidato opositor, Edmundo González Urrutia. La reacción de la dictadura chavista, sin embargo, ha sido la contraria. Ha intensificado la represión con detenciones arbitrarias de líderes de la oposición y ha provocado incontables asesinatos de los manifestantes que han salido a la calle para exigir que el Gobierno reconozca su derrota. Pero Nicolás Maduro no está dispuesto a abandonar el poder, a pesar de haber manipulado los resultados de las urnas sin el menor pudor.
Pedro Sánchez, desaparecido y en silencio desde que se querelló contra el juez Peinado por imputar a Begoña Gómez; desaparecido y en silencio tras la tocata y fuga de Puigdemont, tampoco se ha referido todavía al pucherazo de Nicolás Maduro. Una pasividad que permite sospechar de su connivencia con la dictadura chavista. Mientras, José Luis Rodríguez Zapatero se escabulle para no dar la cara en algún rincón de Caracas.