Resulta inaceptable que un ex presidente español lleve años como asesor o embajador (ni siquiera se sabe su función) de un dictador sanguinario como Nicolás Maduro. Pero más inaceptable aún es su silencio cómplice después de acudir a Venezuela como “observador internacional”. Salvo China, Rusia e Irán, el mundo entero ha denunciado el pucherazo cometido por las autoridades chavistas tras la clara victoria de la oposición en las urnas. Incluso los países de su entorno gobernados por la izquierda, como Brasil, México, Colombia y Chile, han denunciado la trampa y han exigido que se hagan públicas las actas electorales. Eso sí, el anterior líder del PSOE se ha reunido en Lanzarote con Pedro Sánchez sin que se sepa una palabra de lo que han tratado. Porque tampoco el presidente del Gobierno ha denunciado con claridad la escandalosa manipulación del resultado electoral.
Las democracias occidentales han exigido al Gobierno venezolano que reconozca las actas de votación publicadas por la oposición que dan una victoria aplastante al candidato opositor, Edmundo González Urrutia. La reacción de la dictadura chavista, sin embargo, ha sido la contraria. Ha intensificado la represión con detenciones arbitrarias de líderes de la oposición y ha provocado incontables asesinatos de los manifestantes que han salido a la calle para exigir que el Gobierno reconozca su derrota. Pero Nicolás Maduro no está dispuesto a abandonar el poder, a pesar de haber manipulado los resultados de las urnas sin el menor pudor. Y Zapatero se mantiene en silencio tanto tras el fraude electoral como por los crímenes de lesa humanidad de la dictadura.
Pedro Sánchez, desaparecido y en silencio, tampoco se ha referido todavía al pucherazo de Nicolás Maduro. Una pasividad que permite sospechar de su connivencia con la dictadura chavista. Mientras, José Luis Rodríguez Zapatero guarda silencio y se escabulle para no dar la cara. Algún día se sabrá por qué y por cuánto, el ex presidente español se ha convertido en el colaborador necesario del sátrapa venezolano. Lo que sí se sabe es su vergonzoso papel al tapar las vergüenzas y la represión sanguinaria del dictador.