El español medio sabe que, desde hace cinco años, el presidente del Gobierno está sometido a un permanente chantaje, generalmente enmascarado. Tanto Podemos como algunos partidos de Sumar, y por supuesto el PNV, Bildu, ERC y Junts, amenazan con quebrantar a Pedro Sánchez si el dirigente del PSOE no les concede lo que exigen. Las contradicciones y mentiras del líder socialista derivan de la presión de los chantajistas. Pedro Sánchez se ve obligado muchas veces a hacer lo contrario de lo que públicamente ha declarado porque en caso contrario sus teóricos aliados le hundirían.
El último episodio resulta revelador. En lugar de enmascarar sus exigencias, ERC ha amenazado públicamente con vapulear los Presupuestos Generales del Estado si la vicepresidenta María Jesús Montero no rectifica lo que ha dicho sobre el cupo catalán y el acuerdo entre los republicanos y el sanchismo. Parece claro que ese acuerdo para encumbrar a Salvador Illa se produjo en los términos proclamados por ERC. La vicepresidenta Montero, pensando en los votos que el PSOE conserva en las distintas Autonomías españolas, pretendió quitar hierro al asunto.
La reacción de ERC ha sido fulminante. Abiertamente, de cara al público, los representantes del partido secesionista catalán han amenazado a Pedro Sánchez con el naufragio de los Presupuestos Generales del Estado si no respeta, punto por punto, lo acordado para apoyar a Salvador Illa en sus aspiraciones a presidir la Generalidad de Cataluña. Y además de boicotear los proyectos de ley sanchistas, ERC guarda una carta final decisiva: la moción de censura. La moción de censura que, con un juez como presidente, significaría desmontar a Pedro Sánchez de Moncloa y la convocatoria de elecciones generales.
El chantaje, en fin, se ha descarado. Los secesionistas no se van a dejar engañar. Y, para que no se produzcan dudas, han hecho públicas la presión y las amenazas. En eso estamos.