Opinión

Obama, Iraq y Guantánamo

Martes 18 de noviembre de 2008
Las primeras declaraciones del nuevo presidente norteamericano van en consonancia con las promesas que hizo durante su campaña electoral. Así, Barak Obama ha declarado en una reciente entrevista que es partidario de cerrar “cuanto antes” la base de Guantánamo y de retirar las tropas de Iraq… “en cuanto sea posible”. Al mismo tiempo, sus referencias a la tortura -“he dicho reiteradamente que EEUU no tortura y me aseguraré de que no torturamos”- procuran atemperar el nocivo efecto que la situación de la base cubana produce en todo el mundo. El centro de reclusión de Guantánamo es una especie de limbo jurídico donde el respeto a los derechos humanos está, como mínimo, bajo sospecha. Lo que diferencia a una sociedad civilizada de los terroristas es su capacidad para preservar valores fundamentales, incluso en personas que no los respetan. Eso otorga autoridad moral; autoridad que queda en entredicho con ciertas prácticas de interrogatorio reconocidas por las autoridades de la aún administración republicana.

Por otro lado, resulta evidente que la lucha contra el terrorismo internacional no se lleva a cabo precisamente con buenas palabras. Prueba de ello es Iraq, un atolladero en el que más de uno desearía ahora no haber entrado. Pero, una vez dentro, no se puede salir de cualquier manera. Lo que ha dicho Obama es de sentido común; se marcharán en cuanto sea posible. Para ello, es preciso dejar bien atados algunos cabos que, a día de hoy, aún están demasiado sueltos. La insurgencia ha visto mermada su capacidad de acción, pero aún se producen cruentos atentados con demasiada frecuencia. Estados Unidos ha empeñado gran parte de sus recursos en una contienda cuyo coste económico y en vidas humanas sigue siendo un auténtico quebradero de cabeza. Pero por eso mismo tampoco puede permitirse el lujo de dejar un foco de inestabilidad semejante en la zona. Ha de irse una vez se vea que aquello esté medianamente asegurado. Obama no cayó en el error de cerrar una fecha demasiado próxima como para que se le volviera en su contra. Simplemente, ha manifestado el sentir de gran parte de la población norteamericana -que para eso le han votado- pero lo ha hecho como un hombre de estado: haciéndolo compatible con los intereses y la seguridad de su país.

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