Comunicación

Cristina Camell: “Creo que es obligación de todos los que nos enfrentamos a una cámara dedicarle espacio a la cultura”

ENTREVISTA

David Felipe Arranz | Viernes 23 de agosto de 2024

La periodista y presentadora vallisoletana Cristina Camell estrena ilusionada en septiembre, en Castilla y León Televisión, un nuevo formato: “El programa de Cristina”, nueva aventura audiovisual que da continuidad a sus tres décadas al frente de los magacines matutinos y vespertinos con más audiencia de la región.



Es de Valladolid, pero mucho más sexy que uno, de modo que uno nunca tuvo tanto imán para las cosas del audiovisual como ella. ¿Y qué es lo que tiene Cristina Camell, periodista universal, qué es lo que le da a Castilla y León, rigurosa y encantadora? La tengo por una deidad de la TDT y hasta el DDT, si me apuran, porque todo en ella es explosión informativa. Nuestra periodista universal sigue aferrada a los medios regionales, con una gracia que ya solo se encuentra en las provincias y no en Madrid. Cristina sigue teniendo de la provincia una sonrisa auténtica, que es una sonrisa pícara y castellanísima, y que ella ha conseguido imponer por la televisión desde hace treinta años. Valladolid está ya a tiro de AVE de Madrid y uno vio la oportunidad del periodismo cuando los maestros y los grandes escritores venían al paraninfo, y se fue a hacer los “madriles” –a trabajar, mayormente–. Y no es raro que los vallisoletanos con vocación hicieran ese viaje hasta la capital, pero ella, siempre leal a su paisaje y a su paisanaje, decidió quedarse. Hablamos sobre la televisión con una maestra de la televisión que le da una gran importancia a la información cultural y que hace –sin que se note– que su “caja tonta” sea más lista que otras…

¿Qué recuerda de sus primeros trabajos en televisión?

Pues fue en 1996, en Canal 29 Televisión, cuando terminé mis estudios de Derecho: me presenté ante el director, Aniano Gago, que me dijo que no había sitio en el canal para mí, pero le insistí tanto que me remitió a Tecnomedia y allí me hicieron una prueba, que fue exitosa. Lo gracioso es que, esa misma tarde, Gago me volvió a llamar para que no aceptase la oferta que me iban a hacer, ahora sí me quería en la televisión. Empecé con “La tertulia con Cristina”, un programa regional de debate sobre actualidad. Siempre he hecho programas regionales, no locales. Después, a los seis o siete meses me llamaron de la delegación territorial de los informativos de Televisión Española para presentar “Castilla y León en vivo”, que era un magacín de dos horas, con entrevistas en profundidad, reportajes por los pueblos de la región, etc. Allí hay muy buenos profesionales y estuve muy arropada en mis inicios por Quintín Rodríguez y después por Juan Roldán, que eran los directores territoriales. Los días que había eventos deportivos destacados como el Atletismo o las Olimpiadas, no había programa.

¿Cómo se fue de TVE a Castilla y León Televisión?

Al reducirse la programación territorial de TVE en Castilla y León, tuve que irme y el que fue director de Antena 3 Castilla y León, Ignacio Fernández, estaba preparando un concurso y me pidió que lo presentara, pero le dije que no, porque no me veía en ese proyecto. Intuyo que no le agradó, pero siempre he tenido que creer en lo que me embarcaba.

En esos cambios que en TVE estaban dándose, el nuevo director territorial, Vicente Díez, tenía el compromiso de ofrecerme la vuelta a la casa de todos, pero lo hizo con la boca pequeña. Esto me sirvió para aceptar una buena oferta que me puso sobre la mesa Gregorio Méndez. Es el momento en el que se lanza Canal 4 de la mano de Antena 3 y me contrata como la cara del magacín informativo regional; así, una vez más, me encuentro con Ignacio Fernández como director del proyecto.

Al cabo de los años, Méndez se unió con José Luis Ulibarri para crear Castilla y León Televisión y así fui testigo del nacimiento y desarrollo de la televisión que vemos hoy, donde la mayor parte de mi tiempo profesional he presentado y dirigido el magacín.

Intuyo, por lo que me cuenta, que no ha sido precisamente un camino de rosas, ¿verdad?

En absoluto lo ha sido, efectivamente. Aunque me he encontrado gente amiga que me ha valorado, tengo a mucha honra decir bien alto que lo poco o mucho que he podido conseguir se lo debo a mi tesón, constancia y esfuerzo. Jamás he hecho concesiones de ningún tipo a nadie y esto gusta, pero también lo contrario. Lo que sí es verdad es que ha habido amigos que han estado cerca de mí, valorando mi trabajo y arrimando el hombro si ha sido necesario.

¿Cómo se puede ejercer en el prime time de un canal de televisión actual un periodismo de calidad? Muchos productores y dueños del negocio se pasan al puro entretenimiento…

Esa es una línea muy delicada, fácil de traspasar. Hacer un programa mediante el ejercicio de un periodismo “stricto sensu” es lo deseable pero a veces complicado, porque los medios de comunicación se deben a los números y a la facturación, y muchas veces es difícil mantener unos niveles de rentabilidad aceptable. Todos los que vivimos de esta profesión lo entendemos, faltaría más. Pero esto hace que sobre la mesa existan otros intereses que no son los meramente informativos.

Es deseable que la información que damos sea veraz y contrastada, y que lo que estás contando a cámara sea lo que ha ocurrido, pero siempre hay matices. Todos sabemos que una misma realidad puede transformarse en otra dependiendo de cómo se cuente. El “quid” está en eso, en mantenerse en los hechos y verificar. Siempre he intentado que de mi boca no salgan informaciones falsas: si no puedo contrastar esa información, prefiero no darla. No podría defraudar a los telespectadores, son los que me han acompañado todo este tiempo, a quienes he sentido conmigo y a quienes más respeto. Ellos no se equivocan, son sabios y conocen bien quien les habla cada día. Por eso, me siento honrada y querida por los ciudadanos de mi tierra. Lo digo de verdad. Ese es mi capital.

Tengo la suerte de coincidir en estas cuestiones con el director general, Jorge Losada; él es periodista de formación, ha ejercido en primera línea en el campo de batalla informativo de la región y comparte conmigo estos valores acerca de la importancia de la buena información y de la necesidad de no defraudar al telespectador. Esto me permite trabajar en plena libertad, cosa que le agradezco muchísimo tanto a él como a los distintos responsables que he tenido en mis diferentes etapas profesionales. Me he sentido libre para ejercer este noble oficio, cada vez más denostado,

¿Cuál ha sido su mejor y su peor momento informativo a lo largo de estas tres décadas?

He llorado al escuchar emocionada el testimonio del misionero navarro José Luis Garayoa, que fue secuestrado en Sierra Leona en 1998, y que perdió la vida en El Paso (EE.UU.) a causa del coronavirus. Lo entrevisté en tres ocasiones, distanciadas en el tiempo, y me enamoró su corazón. Era un grandísimo ser humano y no lo mató el hambre ni los asesinos de Sierra Leona, sino el COVID. Me sentí tan miserable al lado de esta persona, de su generosidad, que fue un momento de lo más emotivo y luminoso en mi carrera. También me conmovió mucho el poeta Marcos Ana, que fue condenado a pena de muerte, pero le fue conmutada la pena por treinta años de prisión: fue el preso político que más tiempo estuvo en la cárcel durante el franquismo, desde los 19 años hasta 1961, en total 23 años, gracias a las presiones de Amnistía Internacional al régimen. Obtuvo el merecido Premio Castilla y León a los Valores Humanos en 2013. Me impactaron sus palabras de convivencia, y mirada hacia el futuro. No cobijaba rencor ni hacia quienes le privaron de libertad. Lo que sí le puedo decir es que a lo largo de tantas entrevistas realizadas, he comprobado que cuanto más inteligentes son las personas y más cosas tienen que decir, más generosas y humildes son. A los mediocres, a los que se creen más que los demás, se les ve venir, nada más entrar por la puerta. Al cabo de los años, lo que más me emociona es la buena gente. Lo que me roba el corazón es la bondad.

Un hecho profesional curioso en mi carrera se produjo el 19 de abril de 2005 cuando pronuncié las palabras “habemus papam” anunciando el pontificado de Benedicto XVI. Puede decirse que fui la primera periodista en España que di la noticia mientras, en mi programa en directo, estaba conectada con un compañero de Radio Vaticano. Fue emocionante.

El peor momento, como para la mayoría de compañeros, fue el de los atentados terroristas de Atocha, el 11 de marzo de 2004: yo estaba en Canal 4 junto a mi mano derecha Beatriz Martín, que en paz descanse, y nos quedamos ese día y los siguientes hasta bien entrada la madrugada. Fueron días de terror, donde llorábamos a puerta cerrada y sabíamos que teníamos que seguir informando para el directo. Nos nutríamos del trabajo de todos los compañeros, buscábamos a nuestros paisanos de Castilla y León, entre los fallecidos y heridos que habían sobrevivido al ataque terrorista. Vivimos un auténtico desgarro, los vecinos y entorno de las víctimas nos llamaban para contarlo. Eran tragedias, nos llegaron a la redacción mensajes desgarradores, despedidas de víctimas de la matanza de aquél día. Recuerdo que muchas noches nos preguntábamos por la verdadera naturaleza de los atentados, como si fuese una pesadilla, porque era inconcebible. Hablábamos con los servicios de emergencia y hemos escuchado llorar a los psicólogos que vivían cada minuto la tragedia.

Ya que lo menciona, ¿qué opina sobre la naturaleza de los atentados del 11M?

Que es un tema que sigue muy a flor de piel, que lo probado y sentenciado está ahí, pero que en el transcurso de la investigación no se hicieron las cosas bien, no se jugaron bien los tiempos. Creo que el ciudadano de a pie es menos tonto de lo que los políticos piensan y que estos momentos de emergencia nacional deberían estar muy por encima de las cuestiones partidistas de sus señorías. Pero ya vimos que no. Y aunque soy una persona eminentemente optimista, también soy realista. Me viene a la memoria aquello que me dijo el que fuera uno de los directores de Diario 16, el periodista José Luis Gutiérrez: me dijo en una ocasión que esta sociedad iba por mal camino, estaba comprobando como nuestros dirigentes cada vez tenían menos formación y que la sociedad iba careciendo más de valores. Si esto lo apuntó hace más de una década, lamento que tuviera razón. Así es difícil construir nada. Los que nos gobiernan deberían ser los primeros de la clase, ser capaces de aunar voluntades, de gobernar para todos. ¿Qué menos?

Se agradece que en sus programas se le preste atención a la cultura, la gran huérfana de la televisión privada…

Creo que es obligación de todos los que nos dirigimos a la ciudadanía dedicarle espacio a la cultura, aportar nuestro granito de arena para hacer mejor la sociedad. Porque no solo se trata de entretener, que también, sino de tener en tu programa a colaboradores que ayuden en ese sentido. Hay que nutrirse de ella e invitar a quienes están contigo ese ratito. No es aburrir, no es querer ser más que nadie, al contrario, es a través de pildoritas y anécdotas, acercarnos a distintos ámbitos de la cultura. La cultura es como la política, está en todos lados. Por ejemplo, durante tiempo me ha preocupado acercarme a lo que es la Leyenda negra española, porque la historia no es lo que se ha contado, lo que se nos ha querido vender. ¿No es interesante que un buen conocedor de nuestra historia nos cuente la verdad? Figuras como Felipe II, Napoleón, a través de una sección de unos minutos, sin duda merecen nuestra atención.

¿Le gusta rodearse de los mejores?

Me interesa rodearme de gente mejor que yo siempre, en todos los ámbitos de mi vida, me gusta aprender de ellos, aunque otros no lo hagan o no lo entiendan, para mí es vital. Para todos los que tenemos entre manos un proyecto, en mi caso un programa, es fundamental contar con colaboradores e invitados que a uno le resulten interesantes para poder interesar con sus mensajes a los que van a ver esa entrevista, o escuchar ese mensaje.

Me encanta la música clásica, lo primero que me llevaría a una isla desierta, por ejemplo, sería la obra de Bach, Mozart, el mejor compositor de ópera Verdi, y a muchos otros… La bohème fue la primera ópera que escuché en el Teatro Lope de Vega. Me gusta acercarme a distintos ámbitos de la cultura, cuantos más mejor.

¿Cómo va a ser “El programa de Cristina”?

Al tratarse de una temporada diferente, que empieza de la mano de un nuevo director de producción propia, Jorge Villa, que es un hombre de una gran cultura, y vasto conocimiento, periodista de formación, doctor en comunicación por la Universidad de Valladolid y que lleva toda su vida haciendo mucha televisión y entretenimiento, porque sabe lo que se trae entre manos, va a ser un programa con mucha fuerza. Vamos a tratar de captar la mejor cuota de pantalla de la comunidad y de que seamos un punto de referencia para los castellanoleoneses, hablando de temas reconocibles para ellos, que todos se sientan integrados en el espacio. Castilla y León va a ser la protagonista.

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