La auditoría interna del Ministerio de Transportes encargada por Óscar Puente para culpar a José Luis Ábalos de la corrupción de las mascarillas puede ser una bomba de relojería para el Gobierno. El ahora diputado del Grupo Mixto ha amenazado con vengarse y romper la disciplina de voto del PSOE, en especial sobre el cupo catalán. Incluso, ha sugerido que puede promover la revuelta de otros diputados socialistas, indignados con el pacto del PSC con ERC para investir a Salvador Illa a cambio de la independencia fiscal de Cataluña, lo que perjudicaría económicamente a todas las Comunidades Autónomas, además de romper la igualdad y solidaridad de los españoles que marca la Constitución.
José Luis Ábalos no está dispuesto a convertirse en el chivo expiatorio del caso Koldo como pretende Pedro Sánchez para lavarse las manos. Ha decidido morir matando. Y ante la debilidad parlamentaria del Gobierno su escaño resulta esencial en el Congreso. La aplicación del pacto del PSC con ERC requiere modificar en el Congreso con mayoría absoluta la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Ya han mostrado su rechazo Compromís y Coalición Canaria y también se opone Sumar, además de Junts, el PP y Vox. La Cámara Baja, pues, tumbaría la nueva ley y desmontaría la posibilidad de que Sánchez cumpla con el compromiso que ha adquirido con ERC para investir a Illa. No sólo supondría un nuevo fiasco parlamentario del Gobierno; también podría perder el poder en la Generalidad, incluso en el Congreso si ERC cumple con su amenaza.
Pedro Sánchez ha ido demasiado lejos con su prepotencia. Cuando en el Ministerio de Transportes saltó el escándalo de la corrupción de las mascarillas, Pedro Sánchez destituyó al entonces ministro y hombre de confianza. Lo hizo para salvar el pellejo por las muchas irregularidades cometidas por el Gobierno durante la pandemia y, por ello, tenía que señalar a un chivo expiatorio por el llamado caso Koldo. Ahora, quiere rematarlo con la auditoría encargada por Óscar Puente. Pero no han tenido en cuenta las consecuencias de su ataque a Ábalos. Pues perder al menos un escaño más en el Congreso puede ser una catástrofe. La debilidad parlamentaria del Gobierno pasaría a convertirse en una absoluta minoría de escaños y su incapacidad de legislar. Se quedaría a la intemperie. Pedro Sánchez, no obstante, intentará aguantar la entera legislatura. Pero no podrá gobernar.