Opinión

México: chirriante reforma judicial

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 29 de agosto de 2024

México es una república estatuida en tres poderes y en los últimos 40 años ha propugnado por exigir y conseguir un mejor Poder Ejecutivo y uno mejor Legislativo. En los pesos y contrapesos se han perfeccionado para que, en efecto, tal división de poderes sea en el ámbito jurídico, una realidad. La democracia a su vez, guste o no, hace movimientos pendulares y concede de cuando en cuando sus mayorías a distintos actores. Hoy las tiene Morena por vía del voto, mañana, puede ser otro partido, como ya ha sido en el pasado. Así de sencillo. La alternancia ha permitido romper la tramposa hegemonía del PRI, y en lo que va del siglo la alternancia ha sido una realidad y el PRI ha desgobernado la menor cantidad del tiempo. Lo sostengo y para quien sea priista, que se rasque, pues cuando el putrefacto PRI pierde, México gana y por fortuna, la mayor parte de la presente centuria México no ha estado desgobernado por el PRI y qué bueno y espero que así sea por mucho tiempo más. La democracia da para que existan otras opciones, todas mejores que el PRI.

Centrándonos en la reforma judicial, el tema es poliédrico, que nadie lo olvide. Una reforma dirigida a un Poder Judicial usado por opositores mexicanos no como centinela ni salvaguarda del derecho químicamente puro que idealizan y alardean como perorata, sino usando el derecho como obstáculo y al Poder Judicial como herramienta a la tarea del gobierno mexicano en el sexenio que termina. Tampoco vamos a negarlo.

También es verdad que por alguna extraña razón, el Poder Judicial mexicano se siente conformado por exquisitos, repela cuando se le pide bajarse sueldazos y prestaciones que son onerosas e insultantes y sus corifeos –beneficiarios descarados de ese entramado de complicidades, incluidos ministros en retiro– alegan, balbucean en realidad y con más pena que acierto, con más desvergüenza que objetividad, que no, que para ellos no ha nacido quién los meta en cintura ni los meta al redil y les pida cuentas. Lo dicen y así se comportan. ¡No, señor! que para eso son exquisitos y hechos a mano, mientras sostienen sin pestañear que sus prestaciones de órdago son consecuencia de que “para eso estudiaron” y no ofrecen, no han ofrecido mejor servicio como servidores públicos. Y alegan una mentira; los otros dos poderes no tienen porqué meterse con ellos. Cuán equivocados están y que infumables me resultan.

En medio, litigantes y ciudadanos esperan a ver a qué hora la reforma judicial procesal de 2008 da resultados tangibles y universales. Es que se nos dijo que tardarían 10 años en llegar sus bondades y al acercarse 2018 ante sus carencias manifiestas, alegaron sus promotores y avaladores que eran necesarios otros 10 años para alcanzar sus supuestas mieles. ¡20 años para ver resultados! Es jugar demasiado con el hartazgo de la gente que mira a su Poder Judicial como ajeno y adverso. No cabe la menor duda. Y separemos: una cosa es la reforma procedimental y otra meter mano a estructuras judiciales anquilosadas, corruptas e ineficaces. Aunque les fastidie oírlo a los adscritos a ellas. Pagarán justos por percadores, entonces, pero, en dado caso, que den un paso al frente quienes sí hacen su tarea. No tengo la menor duda de que en ello van exalumnos, alumnos, colegas, excompañeros de banca y exprofesores que he visto encumbrarse por su tesonero trabajo. Así como he visto a los que se encumbraron no por su tesonero trabajo, a tantos otros pudrirse pudriendo el Poder Judicial mexicano, que merece mejor suerte y mejores componentes. Descarto la zarandaja opositora de que Morena se apropiará del Poder Judicial. Sí, ese que maniató el PRI al crearlo. El tema merece seriedad y no histrionismos baratos de opositores mendaces.

Ahora, se propone una reforma radical de la cual no me agrada que se elija por voto popular a los jueces y sí, los actuales son impresentables en muchísimos casos. Del resto de sus propuestas deberían analizarse mejor, pero seguir adelante con ellas, a mi juicio y, en efecto, no será una reforma judicial completa si no se robustecen otras instituciones y se crearan otras como un tribunal de casación, que la Suprema Corte ni es ni debe ser juez y parte, como lo es hasta ahora en temas estrictamente constitucionales. Unos dicen que las fiscalías se reformen ¡otra vez!, que son autónomas; otros piden más recursos. Mírese a dónde. Todo debiera estudiarse y, sin duda, con más detenimiento. Y el Derecho no es patrimonio de nadie y muchas veces es más deporte de apreciación. Que nadie lo olvide. Lo que no es de recibo es que algunos crean que la división de poderes no debe verificar al Judicial. Sí ha de tocarse y corresponde a los otros dos poderes, hacerlo. Y están procediendo en consecuencia, ya que la corrupción judicial y la ineficacia, campean, empezando por algunos ministros de la Suprema Corte nombrados antes de 2018, puestos al servicio de intereses espurios. El Poder Judicial mexicano no puede alegar ser intocable. Está sujeto a la misma Constitución que los otros dos poderes y los pesos y contrapesos en aquella resguardados, los obliga. No se puede sustraer. Que lo tenga bien claro.

Por último: es acertada la “pausa” que ha señalado el presidente López Obrador hacia los embajadores de Canadá y Estados Unidos por ir de metomentodo opinando del proyecto de reforma judicial que solo compete a los mexicanos. Quien pueda, que entienda el punto: a los mexicanos. Sobre todo el yanqui. ¿Qué lo respalda su gobierno entrometido? Tampoco nos extraña. Es más problema de ellos que de México el no medirse. Si queremos una relación fructífera como alegan los yanquis fingiendo sorpresa, los diplomáticos deben ser eso y no una intromisión permanente, como lo es el funcionario estadounidense de marras. Si hay pausa en atenderlo, su misión en México ha cesado. Debiera estar haciendo maletas.