Pedro Sánchez tiene una larga experiencia sobre la tentación económica que suele resultar insuperable para cualquier político con cargo de relieve. Si se reuniera con todos los presidentes autonómicos a la vez fracasaría en su propósito de que acepten la decisión de desigualdad establecida en favor de la Comunidad Autónoma de Cataluña, con el fin de que los diputados de ERC apoyen a Salvador Illa en el Parlamento catalán y al César socialista en el Parlamento de la nación.
Isabel Díaz Ayuso se ha dado cuenta de la maniobra y ha advertido, para conocimiento sobre todo de Alberto Núñez Feijóo: “Lo que pretende Pedro Sánchez es sobornar, uno a uno, a los presidentes autonómicos”. Todos o casi todos tienen en su Comunidad una situación económica precaria. Pedro Sánchez prometerá dinero suficiente para superarla y, a cambio, que se haga la vista gorda sobre la tropelía catalana. Piensa el presidente del Gobierno que nunca le ha fallado el riego económico.
Todos, incluidos Bildu, el PNV, ERC y Junts, han sucumbido a la largueza de las manos rotas de Pedro Sánchez. Algunos presidentes autonómicos populares se han dado cuenta de que el César socialista puede resolver sus insuficiencias económicas y están dispuestos a la reunión personal en contra de las certeras advertencias de Isabel Díaz Ayuso. Veremos si Feijóo es capaz de embridarlos. En caso contrario habría Pedro Sánchez para rato. Los dados ruedan ya sobre el tapete de España. Si el Partido Popular no actúa unido; si el presidente del Gobierno, a base de promesas económicas, consigue dividir a las gentes de Feijóo, sería necesario esperar hasta el año 2027 para las elecciones generales y ya veríamos qué sucede entonces en unas urnas de difícil pronóstico.