Entre tantas y tan contradictorias noticias como golpean la actualidad en la España de hoy, vale la pena tomarse un descanso al aire libre y reposar sobre el gran éxito de Pedro Almodóvar en el festival de Venecia. Lleva ya el director cinematográfico muchos años en la cumbre y se ha convertido en el primer nombre de la entera historia del cine español, por encima de Luis Buñuel, Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga, José Luis Garci, Pilar Miró, Gutiérrez Aragón, Leticia Dolera, Icíar Bollaín, Fernando Trueba, Vicente Aranda, Isabel Coixet, David Trueba y tantos otros entre los que no quiero olvidar a aquel Manolo Summers, muerto en plena juventud, que era un asombro como artista y por su calidad humana.
Se me agolpan los recuerdos ante el éxito de Pedro Almodóvar que a todos nos deslumbra y voy a recordar algo a lo que me he referido en más de una ocasión. En la casa sosegada, siempre tan blanca, de la Reina Victoria Eugenia, en Lausana, inolvidable Vieille Fontaine, tuve la suerte de asistir a un almuerzo con Charles Chaplin. Los diez o doce comensales escuchamos al que era uno de los hombres clave de la cultura del siglo XX. Hizo una defensa a fondo del cine mudo. Gracias a Chaplin comprendí muchas cosas que desconocía.
Escuché a Luis Buñuel en varias de las largas conversaciones que mantuvo con Miguel Pérez Ferrero. “La única dignidad es la nada. ¡Viva el olvido!”, llegó a decir el director que cimbreó el dulce encanto de la burguesía. Tuve amistad con Luis García Berlanga. Era un sabio del cine. Su hijo Jorge trabajó conmigo, excelente profesional del periodismo, por cierto. Almorcé muchas veces con Juan Antonio Bardem, que filmó alguna escena de Resultado final en mi despacho del ABC verdadero.
Tomás Cuesta me trajo a Pedro Almodóvar a una cena en el periódico cuando empezaba la movida. Aquel jovencito indefinible hablaba de cine con ternuras de enamorado. Me produjo un asombro que el tiempo ha multiplicado. “Vamos a apostar por él”, le dije a Cuesta tras la cena. La Redacción del periódico le otorgó el ABC de Oro. Se le entregó en una cena en la gran biblioteca del diario, todavía en la calle Serrano. Y no nos equivocamos. Pedro Almodóvar es el cine inyectado en vena. Es un intelectual auténtico maquillado por el mensaje de las imágenes.
Máxima figura de la historia del cine español, Pedro Almodóvar, a pesar de las envidias que suscita, a pesar de las descalificaciones que de él hacen los mediocres, a pesar de los sectarismos hirientes, ha triunfado una vez más y ha entregado a la cultura española el león embridado de un festival cimero que casi siempre nos fue hostil.