Opinión

Bicentenario de Chiapas mexicana y 170 aniversario del Himno Nacional

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 12 de septiembre de 2024
En este año 2024 cargado de aniversarios redondos, México, a punto de ser presidido por primera vez por una mujer a días del bicentenario de la proclamación de la República, conmemora este 14 de septiembre el bicentenario de que Chiapas optó por incorporarse a nuestro país y lo celebramos, descartando hacerlo en 1824 a Guatemala u optar por una vía independiente. Chiapas era una demarcación más de la Capitanía General con sede en la ciudad de (nueva) Guatemala y fue unificada con el Soconusco por la real cédula de Carlos III al crear la Intendencia de Chiapas en 1786. Debe quedar bien claro a propios y extraños que Chiapas nunca fue parte del suelo de la actual vecina república guatemalteca, como no lo fueron Costa Rica o El Salvador por citar otros ejemplos. Y como esas actuales entidades nacionales, Chiapas recusó los endebles proyectos de unidad que provenían de Guatemala demarcación y Guatemala ciudad y se adhirió a México de pleno derecho, se federalizó a él después de unirse al primer Imperio Mexicano en 1821 –el que buscó a Fernando VII para que lo gobernara, huyendo de Riego– y separándose Chiapas de tal al caer Iturbide en 1823 con la voluntad firme de no ser guatemalteca y finalmente, replanteándose su futuro, optando por México.
Chiapas, cuyo primer obispo fue el afamado sevillano defensor de los indios, Fray Bartolomé de las Casas y en su honor, San Cristóbal de Las Casas recuerda su nombre, refrendó ese espíritu cobrando fama por ser el sitio referente del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del obispo Samuel Ruiz. De Chiapas era José Felipe Flores, formado en la Universidad de Guatemala, su afamado protomedicato, y es considerado el inventor del maniquí para fines médicos y que tanto aportó a la ciencia española a inicios del siglo XIX. Sume usted figuras relevantes más contemporáneas como el periodista y militar Luis Espinosa, la lingüista María Luisa Trejo Sirvet, a artistas plásticos como Antonio López Hernández, a poetas como Jaime Sabines o María Castro Serrano, que fue precursora del voto en 1925 o la periodista Susana Solís; y políticos valientes como Belisario Domínguez. Personajes que tanto aportaron a México, y sí, prevalece la deuda histórica con Chiapas que aún ha de saldarse.
Ya casi en Fiestas Patrias, este 15 de septiembre se conmemorarán 170 años de haberse interpretado el Himno Nacional Mexicano por primera vez en el desaparecido Teatro Nacional. A resultas de un concurso, uno más, resultando triunfadoras la letra de Francisco González Bocanegra, de padre español, y el español de origen catalán Jaime Nunó en la música. Espero que mencionarlo no despierte pretensiones de algún nacionalista que siga la línea de arrogarse todo lo catalán y demande a México la entrega de la pieza musical. Quienes apostamos y solo concebimos una España Unida, así deseamos a España y nos ofende quienes piensen trozarla.
Pues bien, compuesto como loa al dictador Santa Anna, Su Alteza Serenísima, ya se sabe, convocante de un nuevo himno, al caer el malnacido, la obra en comento casi cae es desuso porque el presidente Juárez, adversario de Santa Anna, lo era de todo el santannismo y aquello que lo evocara, lo aborrecía; de manera tal, que el himno mexicano apenas si se salvó, ya que el presidente Lerdo de Tejada lo mantuvo, rescatándolo. La pieza agradó a la emperatriz Carlota de México, quien en su vejez lo interpretaba al piano, ya recluida en el castillo de Bouchot en su natal Bélgica, allí escondida por la familia real belga por perderse en su locura temprana. La belleza de tal obra la cautivó, mientras invocaba el II Imperio mexicano que no pudo ser y este año conmemora el 160 aniversario de su implantación.
Este himno nacional mexicano que en diez estrofas de doble párrafo cada una, y con su reconocible coro intercalándose, toma poco más de 8 minutos en cantarse completo, cuya partitura es compleja para el músico más avezado y que de cuando en cuando no falta del desaprensivo que pida cambiarle la letra por considerarla muy bélica. Yo eso lo desestimo. Su texto menciona 6 veces la palabra Patria y ninguna la de México. Quisicosas de la afamada composición. ¿Qué es uno de los diez más bonitos del mundo y alguien en un chauvinismo casposo que yo no secundo, lo considera el segundo más hermoso del mundo? nunca me lo he creído. No me compro esas historias. Cada himno es importante.
Este año, en que los equipos españoles han ganado campeonatos importantísimos con rivales nada menores, Inglaterra, Francia –en honrosísima victoria en París mismo, ni más ni menos– o Marruecos, hemos visto a la entregada afición española tarareando su himno, no sé si buscándole una letra –como las ha tenido y se ha buscado añadírsela a la marcialísima Marcha Real– y me ha quedado esa impresión de que tal vez haya un sector que legítimamente deseara que contara con una letra renovada. Por lo pronto, a tantos nos agradó que el himno mexicano se entonara en París durante los paraolímpicos y no se crea usted que todo es miel sobre hojuelas. Algo que le sucede al himno mexicano es que rara vez y pese a que todo mexicano se lo sabe, cuando toca cantarlo en grandes eventos, a quien se designa para tal honor, suele errar. Es como una extraña maldición, quizá. A mí siempre me pone a hacer la apuesta de si se logrará cantar cómo se debe y suelo detectar el error al haberlo.
Solo resta anotar que es el único de los 3 símbolos patrios mexicanos, junto con el escudo nacional y el lábaro patrio, que cada quien puede asumirlo con sentimiento y particular estilo. ¡Y por el amor de Dios, paisanos! dejen de cantar en toda ocasión y sin que venga a cuento, esa cursi cancioncilla mal aprendida y siempre entonada de manera incompleta del Cielito Lindo que ni es símbolo patrio ni nada. A mí no me representa, me da alipori. Y hasta urticaria. Y recuerden: el día nacional de México es el 16 de septiembre.