Opinión

Filosofía y arte

TRIBUNA

José María Méndez | Viernes 13 de septiembre de 2024

Con este título acaba de publicarse un sugestivo libro coordinado por Javier Barraca Mairal (Ed. Sindéresis, Madrid 2024).

El propio Barraca encabeza los trabajos hablando sobre la vocación en “La vida es sueño” de Calderón. Esta obra se escribió cuando estaba en pleno apogeo la controversia sobre la predestinación, suscitada por las absurdas ideas de Lutero y Calvino. Hay que agradecer a Barraca que defienda la libertad del hombre, al proponer que cada ser humano busque y desarrolle su propia vocación. Está dando por supuesto que cada individuo es el protagonista y autor de su propia realización como persona. Más aún, es el dueño de su destino eterno, como responsable único y exclusivo del bien y el mal que haga con su conducta. Nicolai Hartmann estuvo muy acertado al describir al ser humano como un creador en pequeño. En efecto, crea el valor y el antivalor de sus acciones a partir de la nada, exactamente como Dios creó este mundo ex nihilo.

Suponer que Dios predestina a alguien al cielo o al infierno, con independencia de lo que haga en su vida, es el mayor insulto que puede dirigirse a la dignidad humana. Esta consiste precisamente en ser libre en sentido positivo. No habría vocación personal posible para el hombre que ha sido predestinado. Invitar a desarrollar la propia vocación, como hace Barraca, supone la previa la libertad positiva del ser humano.

Una vez afirmada la libertad positiva, de la que emana el derecho a la propia vocación, cabe hablar de la libertad negativa o, sea, el ámbito abierto a la elección en que esa vocación puede concretarse.

No somos libres positivamente para cumplir o no los valores éticos. Son fines. Pero somos libres negativamente para elegir los medios para cumplirlos. El trabajo es un valor ético. Estamos obligados a trabajar para cubrir nuestras necesidades y para colaborar en el bien de la sociedad. Pero podemos hacerlo como abogados, carpinteros o agricultores. Invocamos aquí la llamada vocación profesional.

En los valores estéticos somos libres tanto para los fines como para los medios. Estimamos la vocación artística como un máximo. Pero en un plano más modesto, el que se intenta resolver un crucigrama también desarrolla sus propias aficiones y preferencias. Todo el mundo tiene vida estética. Dedica su tiempo libre a cultivar lo que más le gusta.

El artículo siguiente de Nieves Gómez Alvarez sobre la afición de Julián Marías al cine ofrece un buen ejemplo de experiencia estética. Marías habló con razón del enriquecimiento de la vida gracias al cine y la televisión (Pag. 32). La gente sencilla disfruta viendo películas. Y los más avisados, como Marías, descubren en el séptimo arte una auténtica antropología, una fuente de conocimiento sobre el hombre.

Carlos Roldán López comenta la tragedia “Las Fenicias” de Séneca. Destaca el papel de Antígona consolando y ayudando a su padre ciego. Igualmente enfatiza el esfuerzo de Yocasta por poner paz entre sus hijos, que luchan por el poder en Tebas.

Séneca percibió el eterno femenino mucho mejor que quienes le precedieron al tratar el mito de Edipo. Vemos la importancia de la familia como unidad básica de toda la organización social (Pag. 66).

Es un tema de gran actualidad, cuando tenemos a mujeres convertidas en bomberos, cargadores de muelle y hasta generales del ejército. Pero la Naturaleza no puede ser cambiada por el hombre. Echad la naturaleza por la puerta, entrará por la ventana, dice Dostoiewsky, aunque la frase es de un autor anterior (“Hermanos Karamazov”, Ed. Cátedra, Pag. 1073).

La mujer puede sustituir al hombre al 100% en todas las funciones sociales. Pero el hombre no puede sustituir a la mujer al 100% en todas las funciones familiares. Olvidar o ignorar esto es probablemente la peor contaminación. Peor incluso que ensuciar el aire con el humo de las fábricas, o las aguas con el vertido de residuos industriales. El Respeto a la Naturaleza, o Fisiodulia, es el más básico y elemental de todos los valores éticos, el primero que debe ser cumplido.

“La escena urbana y la escala humana” es el título del trabajo de Julia J. Carrero Espinosa. Desde su profesión de arquitecto, la autora reflexiona sobre la escala de ese público que a su vez actúa e interactúa dentro de ese escenario, arte vivido que es la arquitectura (Pag. 89). Previamente hace un breve repaso de las diversas definiciones que se han dado de persona. No parece decantarse de modo claro a favor de ninguna de ellas.

Aprovecharé la ocasión para dar mi propia definición. Persona es el ente que posee los operadores lógicos. En rigor, basta el primero de ellos, el afirmador negador. La persona tiene delante la tarea de elegir en primer lugar entre la verdad y la falsedad, y tras ello pronunciarse sobre los demás valores.

Llama la atención que se afronten temas profundos sobre el ser humano -como hace la autora, y en general todo el libro- y no se mencione siquiera el hecho de que desde Frege y Peano poseemos el cálculo lógico. Gracias a ellos hay ordenadores. Y supongo que la autora ha escrito con uno de ellos la frase la búsqueda de lo bueno y lo bello como aspiración del arquitecto.... hace necesaria la profundización en la estética (Ibidem). Y no sólo la estética, pues a continuación alude.... a las bases que fundamentan ética y antropológicamente la creación artística... (Ibidem).

No cabe sino alabar tan ambiciosa concepción de la persona humana. Sólo me permito indicar que, por eso mismo, hay que empezar por la lógica. El valor de la verdad precede a todos los demás valores.

La última colaboración tiene un largo título: “La narrativa digital como forma artística en la educación. Una experiencia de innovación y creatividad en la formación humanística en la Universidad”. Su autor es José Carlos Abellán Salort.

Sorprende la expresión narrativa digital. Un reloj analógico tiene una esfera y unas manecillas. Un reloj digital muestra números en sistema ordinario de 0 al 9. Si digital se usa como opuesto a analógico, la expresión aludida es absurda. Una narración se hace con letras, y no con los números en base 10 a que alude el adjetivo digital. Tenemos diez dedos y dedo viene de digitus.

Se está extendiendo la costumbre de calificar como digital cualquier cosa que hagamos con ayuda de ordenadores. Sólo así cabe entender la expresión narrativa digital. Pero este modo de hablar induce al error. Los ordenadores no funcionan con

el sistema decimal, sino con el binario de 0 y 1. Narrativa binaria hubiera sido menos desorientador que narrativa digital. Con todo, la cruda realidad es que el lenguaje ordinario lo construye el pueblo ignaro y no la sesuda Real Academia. Justamente por eso la lógica vuelve a ser decisiva para deshacer los muchos entuertos que genera el lenguaje ordinario.

El artículo relata las experiencias de su autor para fomentar la creatividad de sus alumnos y conseguir que entre ellos se consiga algún relato o anécdota que trasmita eficazmente una idea abstracta. Estoy de acuerdo en que esos cuentos o fabulaciones, con más o menos fundamento histórico, resumen muchas veces lo que de modo teórico costaría muchas páginas explicar. Un buen ejemplo lo encontramos precisamente en la colaboración de Alejandro de la Fuente Escribano sobre la leyenda del Rey Don Rodrigo y Florinda. La abundante literatura poética y teatral al respecto nos ilustra sobre el hundimiento del reino de los godos quizá mejor que pudiera hacerlo el más documentado y concienzudo historiador.

Igualmente hay que aplaudir la iniciativa de fomentar la creatividad de los alumnos. Está en la misma línea del desarrollo de la vocación personal, mencionada antes por Barraca.

Con todo, la finalidad que persiguen esos experimentos docentes parece ser excesiva:....evaluar los acontecimientos y sobre todo las conductas de los personajes, por ejemplo en un caso de ética.... (Pag 114).

En mi opinión, no hay ciencia ética de los casos concretos. No está escrito en ningún libro lo que yo debo hacer en la situación en que me encuentro aquí y ahora.....por la sencilla razón de que es la primera vez que sucede en la historia universal. Incluso aunque mi caso coincidiera en todos los detalles con la situación en que pudo encontrarse Fulano de Tal, él fue él y yo soy yo. Cada persona es única e irrepetible en la entera historia de la humanidad.

Dicho de otra manera. Todo lo que se escriba opinando en la situación concreta A hay que tomar la decisión B puede servirme de útil información antes de tomar yo la mía. Pero nunca podrá anular mi libertad en sentido positivo. Nunca podré trasladar a otro mi responsabilidad moral, mi mérito, si acierto, o mi culpa, si me equivoco. Nadie puede suplantar la libertad positiva de otro individuo humano.

A estos efectos, la opinión razonada de un pensador singular vale exactamente igual que la laudable creatividad de cuarenta alumnos, que ayudados por un brillante profesor, consiguen un estupendo relato sobre un caso concreto en ética. Al tomar mi decisión, haré bien en tener en cuenta ambas opiniones, pero ni una ni otra serán para el sucedáneo de mi responsabilidad moral.

Terminaré con una anécdota, que viene aquí como anillo al dedo. Unamuno paseaba con unos amigos en el jardín del convento dominico de San Esteban en Salamanca, al pie de su maravillosa fachada. Hay un pozo de piedra cerca del camino. Nuestro gran pensador se apartó del grupo y, metiendo la cabeza en el brocal para su voz resonara y se oyera bien, gritó con toda la fuerza de sus pulmones ¡Yoooo...!

¿Por qué hace Vd eso, Don Miguel?

Para recordarme a mí mismo, y a todo el que quiera escucharlo, que nunca antes hubo un Miguel de Unamuno, ni lo volverá a haber jamás.