En nuestros días el desorden cultural oficialmente establecido y el que trata de establecerse manejan una burda añagaza elevando a la mujer hasta el terreno del mito a costa de rebajar el mito del hombre. De mito a mito y tiro porque me toca. En efecto:
- La mujer supuestamente empoderada está mandando un mensaje devastador y paralizante al culpar a los hombres por el mero hecho de ser hombres.
- Está culpabilizando a los padres por no saber serlo, por estar de más en el matrimonio e incluso fuera de él.
- Está intentando convertir las mujeres en hombres y a los hombres en mujeres, descafeinando ambas en un género neutro o “fluido”, a veces y según las circunstancias.
- Está imponiendo la idea de que la jerarquía es una construcción social del malvado patriarcado occidental frente al matriarcado idílico, no haciendo desaparecer las jerarquías, tan sólo invirtiéndolas.
- Está negando la biología con sus correspondientes diferencias macho-hembra para poder moldearlas sin molde, como si el género femenino reemplaza al género humano compuestos de ellas y de ellos, her y his.
- Está ofertando un lenguaje nuevo para controlar el terreno semántico, pues quien controla el campo semántico gana, sin que por el momento se hayan alzado demasiadas voces contra quienes destrozan la gramática. Hoy mismo, en un conferencia que acabo de dar en Tijuana, Baja California, México, me ha increpado por no hablar el “lenguaje les”, que al parecer debe abarcar al lenguaje “los” y al lenguaje “las”.
- Está metiendo miedo; nadie se atreve a contravenir el relato feminista por pánico a ser linchado por la turba desmadrada o por un comité de ética estatal. Así pone en el punto de mira del disparador a quien se atreve a denunciar el paso de un terrorismo a otro, del terrorismo masculino al terrorismo femenino, y pronto los de ambos terrorismos al terrorismo neutro.
- Está enfatizando ideologías empoderadoras que convierten en caballo ganador a la mentira dominante: tal es la violencia que imponen siempre los mecanismos masivos con el pretexto de ser inclusivos. Quitáronlo, pues, a la persona tuerta y diéronlo a la persona ciega.
Pero una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja, quiere un hombre, y si es una mujer competente quiere un hombre por lo menos tan competente como ella. Cosa distinta ocurre con las mujeres incompetentes y con los hombres débiles que intentan dominar a las mujeres. Existen tres géneros de orangutanes, las hembras, los machos dominantes, que cautivan todas las hembras, y los machos débiles, que morfológicamente parecen adolescentes y que, al no lograr aparearse, recurren a la violación: sólo los perdedores recurren al poder para obtener más sexo del que pueden alcanzar. Pero esto afecta a los dos sexos igualmente.
Una mujer libre es justo lo contrario de una mujer fácil; si alguna mujer aspira a comportarse como un hombre es porque carece de ambición. En fin, lo verdadero es que para el hombre que tuvo buena madre deberían ser sagradas todas las mujeres, y para el que tuvo un buen padre deberían ser sagrados todos los hombres.
Seguidor como lo soy hasta cierto punto de Cristina de Suecia, la discípula de Descartes, ganas me dan de alborotar el gallinero con esta frase suya: “yo amo a los hombres no porque son hombres, sino porque no son mujeres”. Si lo dijera de nuevo esta señora la empalarían. Pro, taly com o se hn puesto las cosas., solamente podremos actuar a partir de nuestro pesimismo; tan sólo desde una actitud escéptica estamos todavía dispuestos a poner manos a la obra; por el contrario, a nosotros el viejo optimismo únicamente podría tranquilizarnos y conducirnos a un fatalismo color de rosa. Pero mejor un activismo sobrio que este fatalismo de color de rosa.
Por otra parte, ¿a los pobres quién los “empodera”, los pobres no tienen sexo, son todos féminas, acaso ya no hay niños, adultos, ni ancianos pobres que deban ser empoderados? Al decir algo tan obvio lo que recibo a cambio cada vez con mayor frecuencia y con asombro por mi parte, son no pocos jaloncitos de orejas al vejancón inmaduro en nombre de quienes piensan estar instalados en la vida para siempre desde su posmoderna perspectiva. Pero las mordeduras del tiempo harán su trabajo implacable sobre sus agrietados rostros rugosos. Siento mucho ese irenismo narcisista de la juventud posmoderna que se irrita contra los supuestos profetas de catástrofes que somos nosotros. De todos modos, que me tironeen un poco las orejas los aterrados no me viene tan mal, porque de lo contrario tendría que empezar a fijarme las gafas con chinchetas, como Jaimito.
¿Quién va a pagar la factura del ¡ahora me toca a mí!, machos fuera, hembras dentro!, pozo fecal en que se encuentran milenio tras milenio los “endebilitados” de ambos sexos?, ¿podrán salir de él tan sólo con cambiar las tuberías y la fachada dejando intactos los pilares de la Tierra, los bancos, los ejércitos y todos los aparatos de Estado?, ¿querrán los clamantes del empoderamiento femenil trasvasar sus propios bienes y endebilitarse en favor de todas las mujeres empobrecidas?, ¿en qué consistirá la nueva fuerza endebilitada y empobrecida?, ¿o la señora Botín por ser mujer pasará por redentora y desempoderadora? Si así fuera, mis pobres ahorros los llevaría inmediatamente a su banco…
Si acaso no pudiéramos embedibilitarnos empoderando por las buenas, ¿sería bueno intentarlo a la manera de toro sentado que lee periódico y comparte sus ideíllas liberadoras por videoconferencia?, ¿nos desempoderarán los empoderadores, que buenos empoderadores serán, gallos y gallinas especializados en quebrar albores?
Empoderamiento y debilitamiento son el haz y el envés de la compasión. El empoderamiento compasivo: a). Debilita al incompasivo y fortalece al débil, lo fortalece también en su capacidad de ser fuerte. b). Es dinámico y comunicativo, pasa de estar dormido a estar activo y rugiente, y a apagarse. c). Se manifiesta a través del deseo de ser más y mejor, contra la anorexia desiderativa. d). Conlleva voluntad de reciprocidad en el reconocimiento. e). Es personal y sinárquico, sinergia donde todos ganan (win-win relationship), sin que desaparezcan las diferencias. f). Y, como nadie da lo que no tiene, el poderoso es autocompasivo. g) Toda abnegación (ab-negatio, negación del propio poderío enfermizo) es com/passio. Por eso la compasión cesa cuando la persona (propia o ajena) deviene desechable.
Raro que es uno.