Cultura

Ubrique: siete orejas y una estocada

(Foto: Efe).

CRÓNICA TAURINA

Inés Montano | Domingo 15 de septiembre de 2024

La tarde en Ubrique comenzó pausadamente, despacio entró el público, despacio resolvieron el problema del encharcamiento. No puede haber prisas un sábado por la tarde. Los toros de Calejo Pires y Lagunajanda dieron buen juego en varas y embistieron, en general, con total entrega y nobleza.

Sinvaina (1º Calejo Pires) tenía buena condición: embestía sin trampa ni cartón. Los banderilleros se desmonteraron. Sin embargo, la faena de Antonio Ferrera más se pareció a un malentendido. Un desencuentro de temperamentos: la obra tuvo algo de brusquedad y tirando de la línea curva en la postura. Lo grande, la entrega total llegó con Juguetón (4º Calejo Pires). Un animal saludado con una larga cambiada, se “colaba” de manera amenazadora. El diestro deleitó el público con el tercio de banderillas exhibiendo todo su saber y habilidad. Los pares entusiasmaron al público: el segundo con un recorte vistoso y en la cara y el tercero al quiebro citando de rodillas cerca del estribo. El toro, alejado de las querencias, en el limbo de los medios embestía acompasando la muleta. Un respiro para cambiar la partitura y las series redondas, adornadas y rematadas salían tan armónicas como los acordes del pasodoble. Desplantes y una estocada al toro brinco que arremetía galopando. Una estocada recibiendo. No hay quien la pueda repetir o igualar. Dos orejas y rabo.

El Payo no ha recapacitado desde la tarde de los de Santiago Domecq en las Ventas y sigue componiendo las faenas de un raro barullo de terrenos, de querencias mal entendidas y del desparpajo mal servido. Su primero Ostigado (2º Lagunajanda), el más chico y escurrido de la tarde, no tuvo mala intención y dio buenas embestidas cuando se lo dejó el diestro. Un trofeo. Ganador (5º Calejo Pires) repetía y tenía mucha clase y fijeza. El animal puso al picador de pie en el albero y a duras penas lo sacaron del caballo, sobre todo, gracias al director de la lidia. El Payo andaba desaparecido. Se paseó otra oreja por la buena condición del toro.

Una grata sorpresa fue ver a Alfonso Cadaval como un torero atemperado, cuajado y elegante. Tramposo (3º Calejo Pires) tenía un ánimo y fuerza para hacer añicos a cualquiera que se ponga por delante, pero la suavidad del capote de Cadaval le quitó el pelo bruto de la dehesa y amoldó la embestida. La faena muy medida, pensada y ejecutada con esmero cambió el rumbo de la tarde. El animal llevado por ambas manos sin tocar la tela murió por una media estocada de buena ejecución, aunque un poco tendida. Buenaselva (6º Lagunajanda) tenía genio y exigía un trato exquisito: no perseguía la pañosa porque sí, sino requería del diestro precisión y mimo. Cadaval trató descifrar todas sus complicaciones e hizo una faena medida y llena de pases bellos por ambas manos. La espada certera a la primera. En total, tres orejas merecidas.

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