Miércoles 19 de noviembre de 2008
La muerte el pasado fin de semana de un joven de 18 años en Madrid, tras recibir una brutal paliza, ha reabierto el debate sobre los porteros de locales nocturnos. En este caso concreto, 3 matones de sala se cebaron con Álvaro Ussía hasta segarle la vida golpes la madrugada del sábado. Con ser dramático el hecho en sí, lo es aún más considerando que no es la primera vez que sucede. En agosto de 2002, Ndombele Augusto Domingos fallecía apuñalado en el municipio madrileño de Alcorcón, a las puertas de una discoteca. Ese mismo año, en el Maremagnum barcelonés, el ciudadano ecuatoriano Wilson Pacheco recibió una paliza mortal antes de ser arrojado al puerto por tres porteros de una discoteca. Son innumerables los casos que se saldan “únicamente” con golpes, magulladuras o insultos.
Nada de eso tendría que suceder. Salir a divertirse no debe ser sinónimo de acabar la noche en un hospital. Los dueños de los locales nocturnos están en su derecho de contratar a personas que velen por la seguridad de su establecimiento. Ocurre que, en esta materia, hay un vacío legal flagrante, ya que no se exige una cualificación mínima a la hora de llevar a cabo este tipo de trabajo. Por ello, tiende a recurrirse a “matones de gimnasio”, cuyos modos no siempre son los más adecuados. Pero lo más grave es que están empezando a detectarse mafias venidas del este de Europa que “ofrecen” protección a bares y discotecas, colocando allí a sus “peones”. Diversos colectivos cívicos y policiales ya han alertado del peligro potencial que esto supone. Y entre tanto, la pelota pasa de un tejado a otro, ya que ninguna autoridad quiere tomar cartas en el asunto. Administración estatal, autonómica y municipal han de ir de la mano en algo tan importante. Que se exija una mínima cualificación a los porteros y que esa misma exigencia se traslade a los propietarios: han de hacerse responsables del personal al que contratan. Para que no vuelva a producirse una sola muerte más.
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