Opinión

Los desvaríos de un presidente compulsivo

TRIBUNA

Roberto Alifano | Martes 17 de septiembre de 2024

Es casi patético tener que escribir sobre un país que fue pionero de la educación pública en nuestra América y ahora bien puede ubicarse en el marco de la psicopatología social, o directamente inscribirse en los anales de la literatura de ficción o del subgénero dramático del grotesco; pero la realidad suele superar todo lo imaginable. La Argentina hoy tiene un Presidente que es la resultante o la consecuencia de su decadencia como país que se viene dando en manos de un entramado político que aterra.

Jorge Luis Borges, siguiendo los pasos de su padre, enmarcado en la corriente filosófica de Herbert Spencer (el psicólogo y sociólogo, llamado el Aristóteles del siglo XIX), se definía como “un anarquista conservador, que aspiraba a un máximo de individuo y a un mínimo de Estado”; jamás habló de su destrucción total como postula ahora el Presidente argentino. En su medida y con la armonía correspondiente, el Estado es una de las piezas fundamentales de la democracia y solo un alucinado puede presidirlo y a la vez vanagloriarse de ser “el topo que desde dentro de él lo destruirá”.

Borges y Neruda fueron amigos epistolares, que desde sus países, con la cordillera de por medio, intercambiaron poemas y libros. Tuve la felicidad de conocer a ambos y recuerdo que en una oportunidad, mientras conversábamos con Neruda de incómodos asuntos políticos, le pregunté porque no había prosperado esa juvenil y entusiasta relación literaria. Y me respondió: “Mira, por una sencilla razón: Borges era un anarquista de derecha y yo un anarquista de izquierda; como te imaginarás, difícil entendernos”.

Si bien reconocidos aristócratas, la familia Borges nunca perteneció a la clase alta; eran más bien pobres. Al poeta lo enorgullecía ser un ciudadano de clase media. Cuando su padre falleció y tuvo que trabajar para mantenerse y ayudar a su familia, el doctor Bioy (el padre de Adolfo Bioy Casares) le consiguió un modesto empleo como ayudante tercero de una biblioteca de barrio, de la que fue despedido en épocas del peronismo. A Borges siempre lo rebelaba (y humillaba) recordar el kilo de yerba y azúcar para el mate, que recibían como prebenda los empleados semanalmente. Ese magro sueldo, tal vez con la ayuda de la yerba y el azúcar, como a todo jubilado, apenas le alcanzaba para solventar algunos de sus gastos, por lo tanto para sobrevivir daba clases de inglés y pronunciaba conferencias; también los derechos de autor le fueron con el tiempo arreglando la economía. Eso hizo que nunca se sintiera insensible a la situación social de la Argentina. Desde su posición de “anarquista spenceriano”, mostraba en los artículos que escribió para diarios y agencias periodísticas, su preocupación por la gente más necesitada. Es mentira que Borges fue un intelectual que evaluaba todo desde una torre de marfil; al respecto propongo leer sus libros Inquisiciones y Otras inquisiciones revisar los medios informativos (Agencia EFE y Beta Press, los diarios “La Nación” y “El Clarín”, etcétera), de finales de la década del 70’ hasta mediados de la del 80’, donde quedaron registrados sus textos periodísticos, que en su mayoría me fueron dictados).

El presidente Javier Milei, ubicado en la casta de los economistas rasos, aquellos que solo miran los números fiscales y financieros, por lo general con escasa cultura y aún menos sensibilidad social, y postulan la solución de un país de espaldas a la pobreza y al día a día de un asalariado o de un jubilado, que en muchos casos se deben conformar con una comida diaria (ni hablar de la desnutrición infantil, de la salud y la educación), razona también desde su posición de ultra derecha extremista y contradictoriamente anarco-capitalista, dispuesto a llevar su programa de ajuste hasta las últimas consecuencias. Ahora bien, el gran interrogante es: ¿hasta cuándo aguanta la gente pobre y la clase media baja los tamaños y desmesurados recortes económicos en un país endeudado con el mundo, donde la crisis contabiliza ya -y en forma creciente- más de un 52 por ciento de pobreza (datos de UCA, Universidad Católica Argentina)?

Agreguemos que el enfoque del doctor Milei se inscribe en una variante puramente economicista y utópica que cada día suma más piedras en su camino pisándose los talones y aterrando a la propia gente de la derecha moderada. Nada nuevo para la Argentina, un país que no crece desde hace años y arrastra varios mandatos presidenciales frustrados, acumulando una dilatada decadencia que impide recordar cuáles fueron los verdaderos buenos tiempos. Si es que alguna vez, de manera concreta y real, los hubo en las últimas cinco décadas.

La megalomanía del doctor Milei raya en lo esquizofrénico al celebrar que se considera a sí mismo como uno de los dos políticos más relevantes del planeta Tierra, y afirma que es “el máximo exponente y defensor de las ideas de la libertad en el mundo -y completa orgulloso-, los líderes que tengo enfrente son ratas invisibles, en comparación conmigo, que me reúno con los empresarios más importantes del mundo; por consiguiente qué visión puede tener una rata respecto a un gigante; la respuesta es nada. En el área que se me proponga puedo asegurar que estamos haciendo cosas maravillosas; las jubilaciones, sin ir más lejos están 5 por ciento arriba en dólares y en términos reales desde que asumimos; quiere decir que entre otras cosas los jubilados le van ganando a la inflación por goleada”… Y, como dice un tango, “suma y sigue. Con números disparados, por supuesto.

Para sostener su imaginado liderazgo, derrocha su tiempo no en gobernar sino en un flujo de viajes internacionales, acaso la particularidad más destacada de su gestión ya que suma la visita, en menos de un año de gobierno, a 19 destinos entre idas, vueltas y escalas intermedias con un equivalente a 6 vueltas al mundo. Además, esta insólita cantidad de viajes ha generado controversia por las razones que los motivaron. Algunos tuvieron propósitos de gestión oficial, los menos; pero hubo otros que fueron para asistir a eventos políticos-ideológicos (como la Conferencia de la Acción Política Conservadora, donde se encontró con Donald Trump), o para entregas de premios personales, como el Juan de Mariana 2024, en España. Sin embargo, no ha tenido ningún pudor en reportar que “todos los viajes al exterior en su condición de Jefe del Estado son de carácter oficial”. De este modo buscó licuar el debate por el carácter de esos periplos.

Viene bien aclarar que el libertarismo que sustenta el doctor Milei, no es liberalismo; nada más dispar ni contrapuesto. Su novedoso libertarismo es una versión extrema que intenta imponer la destrucción del Estado. Y esto se completa con un reciente decreto que él intenta imponer conjuntamente con el altísimo presupuesto al espionaje (casi 100 mil millones de dólares), que ya fueron usados sin la aprobación del Congreso, junto una ley que coarta el derecho a la información pública y, como cuestiones más sensibles, el recorte de medicamentos a jubilados; a la vez que un empobrecimiento general de las jubilaciones, con una controvertida reforma que lo respalda; vale decir, el derecho esencial a asistencia en la vejez. A lo que se agrega, también, la poda del presupuesto universitario (derecho a la educación) y el aumento exponencial de la pobreza generado por un ajuste fiscalista obsesivo, que vendría a ser -ni más ni menos- que el derecho a una vida digna.

Estos fundamentales asuntos son una muestra; por supuesto, de que su programa de ajuste, tiene más aberraciones. Cuando la libertad enfrenta o desvirtúa otros derechos que hieren a la democracia, se cita en vano la palabra libertad, valga la redundancia. En fin, auténticos desvaríos propios de alguien que considera a la sociedad como un número, olvidando que detrás hay seres humanos, que sufren necesidades y en algunos casos males irreparables.

Enojado por investigaciones sobre presuntas irregularidades, denunciadas por diarios hasta hace poco oficialistas, el libertario dispara que conoce como si los hubiera parido a “esos pseudoperiodistas, pagos por mis enemigos para atacan y rechazar la verdadera realidad, pidiendo que me amansen como a un cordero; pero eso no lo van a conseguir -y completa con un tono puramente provocativo y místico-: de mi lado están las fuerzas del cielo para ayudarme”. Y así, desde su perspectiva entremezcla, además, datos económicos no teniendo ningún pudor en mentir descaradamente, calumniar o injuriar a mansalva.

Un sector del poder económico, por su parte, duda o aplaude, pero por ahora no pone los dólares que el Gobierno necesita desesperadamente para sostenerse. ¿Veamos que sucede con el blanqueo recientemente instrumentado? Pero nada pinta bien, ni siquiera el poco probable triunfo de Trump en el que cifra esperanzas de ayuda.

En la combinación de deseos por un cambio necesario que buscaban muchos argentinos por los horrores del Gobierno anterior, sigue habiendo un desolador desierto. La realidad, desbarata cada día los intentos del doctor Milei, experto en redes sociales y tuiteador compulsivo para comunicar en blanco y negro los rasgos del país que pretende modificar. Las planillas de su ministro de economía, Luis Caputo indican, sin embargo, que se va cumpliendo la reducción de la inflación y aparecen desde hace dos meses signos de alguna insuficiente reactivación en parte impulsados por la caída del consumo y el crédito que los bancos ofrecen a los privados luego de años de prestarle dineros al Estado. No obstante, los datos de una incierta recuperación tienen como característica otra disparidad, pues existe todavía un abismo de desconfianza en el Gobierno originado por quienes se resisten a liberar sus recursos y hacer inversiones en la economía real. La desconfianza es la principal causa, un elemento que persiste después de tantos fracasos.

El doctor Milei también debe luchar con su propia tropa de rebeldes y contra los mismos factores que tropezó Mauricio Macri al perder más de lo ganado cuando trató de entusiasmar a los inversores locales. A todo esto, el tiempo, que no obedece a decisiones personales y como decía Quevedo “es un enemigo que mata huyendo” avanza hacia un fin de año sin que los signos del crecimiento prometido sean realmente visibles para las mayorías ansiosas, que ya dudan si seguir apoyándolo y en la resignación de quienes no lo votaron y nunca confiarán en él.

A nivel internacional, acaso no es imprudente señalar que la derecha de Milei no existe en otra parte del planeta; en especial si lo comparamos con otros países. Su gobierno hasta el momento es un fracaso y se basa tan solo en expresiones de deseo.

A esto se suma la falta de conducción interna de su espacio político, que es un caos. Victoria Villarruel, la vicepresidenta, casi inmersa en una tradición irrecuperable y muy proclive a un heroísmo apasionado por su ultra nacionalismo de biblioteca o, mejor dicho, en un sueño de grandeza barrial por una patria definitivamente demodé y repudiada por la ciudadanía, que la historia ya sepultó y ella pretende reivindicar a través de las Fuerzas Armadas, la corporación más castigada de la Argentina, que no tiene cabida ni apoyo en un país donde aún la democracia prevalece por encima de todo. Es más, nadie sueña con un golpe de Estado, el nacionalismo castrense no tiene manera de ser reivindicado.

Volviendo a la hipótesis cosmológica y social de Spencer, agreguemos que la evolución de un Estado consiste en el paso de formaciones homogéneas. Nunca en su destrucción. No se debe olvidar que el referente anarquista fue también un precursor de las ideas de Hayek sobre el orden espontáneo y la información distribuida en la sociedad. Sin embargo, parecería que en su núcleo fundamental, la teoría spenceriana está mucho más vigente y es mucho más contemporánea de lo que podría suponerse con ligereza. Así es que Borges, como lúcido partidario, lo pudo entrever como uno de sus maestros.

Para concluir y pisando fuerte en terreno argentino, completemos diciendo que las bravuconadas arrabaleras, propias del tango y de un submundo de la política, de sirven cuando la debilidad acosa no solo conceptualmente sino con una realidad que presiona por todos los costados. Con histerismo ofensivo no se va a ningún lado. La ciudadanía argentina aún permanece en estado de shock y quizá por eso todavía hay una mayoría que justifique tamaños disparates; tales como el de un Jefe Estado cuya misión, según repite todo el tiempo, es ser topo elegido por las Fuerzas del Cielo para destruir al mismo Estado, que representa.