El Barcelona triunfal de LaLiga, que ha comenzado el curso con cinco victorias en las cinco jornadas iniciales del torneo doméstico, debutó en la Liga de Campeones con derrota. Así cierra este jueves en el que ha recordado que en Europa los errores se pagan muy caros aunque se juegue ante un rival de menor entidad como el Monaco. Un fallo de Ter Stegen provocó la expulsión de Eric García en el décimo minuto y otro de Íñigo Martínez, en el segundo tiempo, certificó la derrota que congela la ilusión de la hinchada azulgrana.
Empezó bien el equipo preparado por Hansi Flick. Reclamó la pelota y la iniciativa temprano, con la idea de templar el ritmo y anestesiar al tremendo potencial físico que condecora al bloque monegasco. Además, el técnico alemán suplió la baja de Dani Olmo con la inclusión de Eric García como mediocentro defensivo, en una decisión que clarifica el aire competitivo que quiere aportar a su proyecto -por más alejado que se coloque de los presupuestos teóricos del 'ADN Barça'-. Con ese sostén desplegó a sus jugadores en un plan que priorizó el control.
Pero le cuesta mucho competir con aplomo a los futbolistas azulgranas en el Viejo Continente. El año pasado cayeron en cuartos de final porque Ronald Araújo se expulsó y esta noche se les torció muy rápido el estreno porque Ter Stegen regaló la pelota a Minamino a dos metros de su área. Eric García agarró al japonés cuando se disponía a anotar y el colegiado le expulsó. Quedaron desempolvados los fantasmas de repente para un club que sólo ha ganado 15 de sus últimos 37 partidos jugados a domicilio en competiciones europeas.
Los locales, portentosos desde el músculo de su centro del campo y defensa, habían avisado de su veneno antes de la roja directa. Cuentan con dos extremos frenéticos y con la calidad técnica para desestabilizar a cualquiera. Uno de ellos, el marroquí Ben Seghir, se fue de Koundé en el minuto 7 para chutar centrado. Este regateador atragantó al zaguero francés el primer acto y asistió para el remate fallido de Embolo a continuación -minuto 15-. El delantero suizo dispuso de varias llegadas pero no mostró la puntería correcta.
El Monaco buscó de forma insistente la espalda de la adelantada defensa catalana (antes y después de la expulsión). No quiso Flick ceder metros en inferioridad numérica y esa valentía se tornó en imprudencia: sus atacantes presionaban y dejaban huecos que multiplicaban los metros para los creativos locales. La consecuencia tomó forma en el 1-0, obra del otro extremo. Akliouche, subcampeón olímpico en los Juegos de País con Francia, aprovechó el pobre esfuerzo defensivo de Balde y de Pedri para fijar su remate a la cepa del poste -minuto 17-.
Sufrió de lo lindo el canario en el Louis II. Lento en la toma de decisiones, se le vio desacertado y superado por la intensidad rival. Acumuló pérdidas e imprecisiones en el pase, al igual que la mayoría de sus compañeros. Sólo se salvó en la distribución antes del intermedio Casadó. Estupendo partido el suyo desde la lucidez combinativa. Fue el verdadero ancla de su delegación cuando ésta yacía desnortada y falta de mentón tras encajar el gol. Camara conectó un latigazo desviado y Embolo remató flojo un buen centro de Ben Seghir tocado por Singo en plena debacle 'culé'.
Había tomado esta visita europea barcelonesa la forma de otras no muy honrosas del pasado, pero esta vez contaron con un elemento diferente. Lamine Yamal, que provoca modificaciones tácticas en sus oponentes -Hütter cambió de banda a Vanderson para perseguirle- y ya es una de las estrellas de la competición, resplandeció en el Principado como la joya y el faro de su equipo. Su visión y primer toque señalaron el camino de la supervivencia a sus compañeros y en el minuto 28 les dio vida con un golazo. Le cayó una pelota en el pico del área, trazó una diagonal acelerada y ajustó su zurdazo al palo corto para el 1-1.
Acusaría la diana el Monaco hasta el final del minutaje. Le entró inseguridad y a punto estuvo de conceder la remontada, pero ni el insistente Raphinha -dos veces desperdició manos a mano con el portero por lentitud- ni Balde -embocó mal un rechace favorable en el área- estuvieron atinados en la finalización. Y Lewandowski permaneció siempre alejado de las situaciones de remate.
El Barça se marchó al descanso entero a pesar de haber concedido el gol bien anulado a Embolo -fuera de juego, minuto 35-, el chut al lateral de la red de Minamino -minuto 38- y la extraordinaria falta lateral botada por Camara que Salisu no embocó de milagro -minuto 44-. Con un tiro a puerta y 10 remates padecidos, los catalanes llegaron a vesturios mejor armados. Tras el empate Flick había ordenado dejarse de romanticismo, replegar y cerrar filas. Más competitividad y menos ideología. Se acabó salir jugando desde atrás. Y con esa receta contragolpeadora casi llegó a la orilla.
Los monegascos no subirían nunca el ritmo de su iniciativa y se limitaron a acumular centros al área a pesar de que Hütter había metido en la reanudación al talentoso Golovin. Cubarsí se agigantó en el achique y Lamine inventó una contra que Koundé usó para centrar con veneno -minuto 56-. Esa llegada y la falta que Raphinha lanzó por encima del larguero representaron los acercamientos de un Barcelona que concluyó con los juveniles Pablo Torre (por Yamal), Sergi Domínguez y Gerard Martín (por Lewandowski) en el césped. Recambios de circunstancias ante la plaga de lesiones.
La maniobra le salió bien a Flick hasta que un balón directo al que no llegó Cubarsí fue aprovechado por el onmipresente Ilenikhena para fusilar a Ter Stegen -minuto 72-. Íñigo Martínez no supo leer el desmarque del delantero suplente y el meta germano, que había firmado una estirada de foto en el minuto 56 -a tiro de Vanderson-, completó su actuación titubeante. Los locales abrocharon su normalizada victoria -ya habían goleado a los azulgranas en el Gamper- con dos delanteros centro y doble lateral zurdo. No ampliaron su renta por poco -remates de Balgoun y Minamino rozaron la madera- pero festejaron igual. Esta noche mantuvieron su invicto del curso y se lo arrebataron a los 'culés'.