En su esfuerzo, la perspectiva se erige en el elemento esencial para llevar a buen puerto su noble y sobria labor. Sin encuadramientos cronológicos ni horizontes temporales es de todo punto imposible, a la vez que frustrante, acometer cualquier empresa de carácter memoriográfico dentro del muy ancho género de la historia autobiográfica, acaso el más empeñado y difícil de los utilizados para la reconstrucción historiográfica del pasado.
Muy probablemente, pues, la historiadora o el historiador que se embarquen en tan arriesgada travesía intelectual, velen estos días sus primeras armas en la enseñanza primaria en los miles de colegios y centros docentes que en estas semanas de la apertura del otoño del año de gracia de 2024 ingresen, esperemos y deseemos que alborozadamente, en sus aulas. Dentro de tres generaciones, es decir, de aquí a medio siglo, el veredicto sereno y circunspecto de Clío podrá ya emitirse con garantía de acierto y perdurabilidad, tras el afán ahincado de gavillas bien nutridas de los contemporaneístas más destacados de las diferentes escuelas concernidas por llevar a cabo una biografía solvente y, a ser viable, alquitarada del hodierno muy discutido líder psoísta y mandatario de una de las naciones de más extenso y brillante recorrido por los caminos de la Historia.
Pero, ciertamente, a tenor de la opinión pública hoy más generalizada, el trabajo que habrán de realizar dichas generaciones será hercúleo dadas las infirmes y destartaladas bases de las que tendrán que partir a raíz de sus estudios en los grados iniciales de la enseñanza, objeto en la actualidad de toda suerte de juicios descalificatorios de los mismos y abnegados profesores. Mas, con todo, y a la espera de que algún hado benéfico de la política se compadezca del porvenir educativo de los niños y niñas de España en materia historiográfica, confiemos una vez más en el elevado sentido del deber de nuestros estamentos profesorales para que de aquí a 50 años algunos de sus alumnos del presentes acometan con toda garantía de acierto el análisis de la obra gobernante de D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón…”¡Cuán largo me lo fiáis…¡” Desde luego, Empero, en el terreno de la Historia no cabe ninguna otra opción.