Opinión

Libertad de expresión: no entiendo nada

TRIBUNA

Carlos Díaz | Sábado 21 de septiembre de 2024

“Si se apilaran todas las noticias sobre posibles delitos de ofensa religiosa desde hace casi tres décadas, sería difícil calcular hasta dónde llegaría la pila. Habría múltiples páginas de periódico, horas y horas de radio y televisión, sobre el músico ya fallecido Javier Krahe y su famoso video cocinando un cristo, sobre una performance de Abel Azcon formando con hostias la palabra ‘pederastia’, sobre la irrupción en sujetador de Rita Maestre en la capilla de la Complutense, sobre el actor Willy Toledo y su me cago en Dios, sobre el chiste de Dani Mateo en el que llamaba “mierda” al Valle de los Caídos, sobre la revista Mongolia en cuya portada de un belén el niño Jesús era el emoticono de la caca. Casos en su mayoría archivados (Azcona, Mateo, Mongolia), pero también con absolución tras la celebración de un juicio (Krahe, Toledo) o de un recurso tras una sentencia condenatoria (Maestre). Porque este delito, el de ofensa a los sentimientos religiosos, es tan mediático como parco en condenas firmes. Si junto a la elevada pila de noticias alguien situara los papeles de las sentencias con castigo, no levantarían un dedo del suelo.

El Gobierno, dentro de su plan de generación aprobado este martes, prevé dar a este delito ‘una redacción homologable’ a la que aplican ‘los países de nuestro entorno’ y a la ‘jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos’. Aún está por ver en qué se traduce este propósito. Lo seguro es que la reforma ataca un tipo penal que hasta ahora ha provocado un drástico contraste: al mismo tiempo que proporcionaba una enorme visibilidad mediática a los grupos ultracatólicos que presentaban las denuncias, se ha traducido en una exigua cantidad de condenas. Desde que en 1995, siete años después de la derogación de la blasfemia, el Código Penal introdujo en su artículo 525 la actual redacción del delito de ofensa a los sentimientos religiosos, también conocido como escarnio, solo ha habido una condena en firme y otra que está recurrida ante el Tribunal Constitucional. Si ha habido alguna otra condena firme, no está recogida en las memorias de la Fiscalía General, y habría pasado desapercibida. Según la última memoria de la Fiscalía General en 2023 quedó a cero el contador no solo de condenas, sino también de escritos de acusación, a pesar de que hubo cinco denuncias. Un portavoz de la Fiscalía afirma que se archivan ‘casi todas’ las denuncias.

Durante la procesión del Chumino rebelde, con la imagen de una vagina de plástico ataviada como si fuera una virgen durante el Día de la Mujer el 8 de marzo de 2013, Mandillo utilizó de forma irreverente elementos de simbología católica y deformó oraciones como el Credo y el Ave María, todo ello en el contexto de una protesta contra el endurecimiento de la ley del aborto que preparaba el PP con respaldo de la Conferencia Episcopal. Fue denunciada por Abogados Cristianos y condenada, pero la sentencia no hacía referencia a un solo insulto, sino a expresiones como ‘vamos a quemar Conferencia Episcopal’ o ‘Ni en el nombre del Padre, ni del hijo, sino en el de Nuestro Santísimo Coño’. La mujer fue condenada por ‘la evidente intención de ridiculizar y burlarse de forma gratuita de una tradición católica fuertemente enraizada’. La condenada acudió a la Audiencia de Málaga, que confirmó la sentencia. Mandillo recurrió en amparo en 2021 ante el Constitucional, que aún no ha dictado su fallo. El delito exige que los actos se cometan “’para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa’.

Durante esta cultura de la cancelación, y con la inercia de los jueces, ese es el balance: una condena firme sin juicio y una recurrida en amparo que los tres penalistas consultados creen que será anulada por el Constitucional. Jacobo Dopico, catedrático de la Carlos III, recuerda que el caso del ‘chumino rebelde es ‘casi gemelo’ al del coño insumiso, en el que hubo absolución. Rafael Alcácer, de la Universidad Rey Juan Carlos, también cree que el tribunal de garantías anulará la condena: el 525 ha tenido sobre todo una eficacia ‘simbólica’ y ha servido para que ‘determinados grupos ideológicos estén continuamente en los medios’, aprovechándose de un ‘problema de diseño del tipo penal a la hora de abordar un asunto tan evanescente como los sentimientos religiosos’ y de la ‘inercia de los jueces de admitir a trámite casi sin filtro previo las denuncias’. Está por ver si la futura redacción del delito –en caso de aprobarse en el Congreso– disuadirá a grupos como Abogados Cristianos de presentar denuncias. En ocasiones, logran la noticia –y con ella la visibilidad– solo con presentarla, antes incluso de su admisión. Así ocurrió cuando llevó a los tribunales a Netflix por una serie satírica sobre un cristo gay” (1).

Hasta aquí lo publicado por el diario El País. Soy doctor en derecho y no entiendo que alumnos juristas puedan manifestarse así (2). Como filósofo lo entiendo aún menos. Esta carencia de respeto ha alcanzado unos límites difícilmente rebasables. Nunca comprendí a los hitlerianos a quienes las leyes de Hitler les parecían jurídica y axiológicamente irreprochables, pero las cosas siguen igual entre los posmodernos.

Como católico autor de conocidos textos de Historia comparada de las religiones, entiendo aún menos a quienes proclaman que ‘los sentimientos religiosos son asuntos tan evanescentes’, qué se lo pregunten a los islámicos, que se atrevan con las caricaturas de su fe a ver cómo les va: y no puedo entender qué cultura han recibido estos nuevos bárbaros.

En fin, como terapeuta en ejercicio lo único que comprendo es que la ansiedad y la depresión se han instalado como una mala peste en las sociedades democráticas (¡en nombre de la democracia misma!), pues de las cinco emociones básicas (amor, alegría, miedo, tristeza y enojo) las dos primeras brillan cada vez más por su ausencia. Con frecuencia muchas reacciones que deberían ser adultas obedecen, especialmente en lo relativo a la religión, al pataleo de niños malcriados y consentidos.

El problema es cómo se puede parar al ansioso con una mala educación en casa, con una nulidad enciclopédica en las escuelas y universidades, y con una ausencia de referentes en la calle. La impunidad barata, que conlleva el histrionismo del mismo signo, son el fantasma que recorre el mundo apenas los pueblos apuntan hacia eso que llaman posmodernidad. Escribo desde Ciudad de México, donde comienza a ocurrir lo mismo.

Ustedes dirán.

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1. Munárriz, A, et alii Libertad de Expresión. El País, 17 de septiembre de 2024.

2. Cfr. Memorias de un escritor transversal. Editorial Mounier, Madrid, 2020 y A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Editorial Y griega, Madrid, en prensa.