Los Lunes de El Imparcial

Juan Ramón Santos: Río Cárdeno

Novela

Domingo 22 de septiembre de 2024

De la Luna Libros. Mérida, 2024. 266 páginas. 22 €.

Por Concha D' Olhaberriague



Río Cárdeno, la última novela de Juan Ramón Santos, lleva un título sonoro y eufónico que nos evoca, de inmediato, el gran cine del Oeste. No obstante, el valor simbólico del adjetivo va más allá. ‘Cárdeno’ es el color del vino que bebe el estanquero, mutilado de guerra, y también lo es la mancha que deja en los vasos de la taberna.

Si quisiéramos atribuir una tonalidad cromática a la novela no tendríamos duda de que el ambiguo color cárdeno sería el que mejor le cuadra al ambiente. Abren el libro tres citas en inglés de tres películas del Oeste muy conocidas. Como verá el lector al concluir la novela, no son fragmentos azarosos los seleccionados por el autor, sino más bien pistas que anticipan o cifran notas de la personalidad del héroe y de su peripecia: decisión, arrojo y riesgo.

En el primer capítulo observamos más detalles cinematográficos. Así, la escena de la rúbrica de una arriesgada operación de compraventa -crucial para el desarrollo de la trama- y la descripción con humor berlanguesco de los significativos y chuscos movimientos subsiguientes de tres personajes, componentes de las fuerzas vivas del lugar, implicados en el asunto. Tampoco la flojera de la mano del comprador en el preceptivo gesto de cierre del acuerdo constituye un buen presagio para el vendedor.

Nos lo cuenta el narrador en tercera persona, dando voz al estanquero, sumido en la suspicacia y preocupación nada más corroborar la venta de su propiedad, la Resolana, y contemplar los gestos del trío. Pues bien, al final de la novela, impulsado por una estrambótica asociación de ideas, Santiago Garrido, el estanquero, rememora aquella grotesca visión de los movimientos acompasados de cierta parte del cuerpo y extrae una curiosa conclusión que formula a modo de conspicuo consejo para su hija, Charo: “Nunca te fíes de los hombres con el culo gordo” (p.242).

El interés del lector se va deslizando poco a poco y de manera tan sutil como eficaz del proyecto -relacionado con la compraventa mencionada que puede transformar o trastornar en varios sentidos el pueblo de Aracia- al personaje del soñador y afanoso Juan Plata, hijo de Magdalena, benemérita madre soltera que se gana la vida cosiendo, y un abogado y gerifalte de Aracia, uno de los del trío de marras que conocemos al comienzo.

La acción transcurre un verano de los años sesenta del siglo pasado en Aracia, una de las ciudades de la topografía literaria de Juan Ramón Santos, al Suroeste de España. Asimismo, aparecen otros topónimos tales como Ochavia, la capital de la provincia; Pomares, donde cursó sus estudios preuniversitarios Juan Plata, el personaje que, con el avance de la novela, como dijimos, da en protagonista o Labriegos, enclaves familiares a los lectores del escritor placentino. No podía faltar una localidad que portara en su nombre el adjetivo del río titular: Aldeacárdena.

La prosa de Juan Ramón Santos, novelista con raíces en la tradición de los clásicos españoles y universales, es fluida, rítmica y amena. Junto a ello, y no solo, aunque sí especialmente en esta novela, la presencia de los lances, dicharachos y ademanes del cine del Oeste, recreados en la España rural del franquismo que sucede a la posguerra, conforman una amalgama muy bien traída. Juan Plata, solitario, lector, melancólico y cinéfilo, se ve retratado con frecuencia -o le gustaría que así fuera-en héroes de relumbrón del cine del Oeste, de forma parecida a cómo el Quijote tenía presentes a sus paladines de la Caballería.

A su vez, el río, con sus ímpetus, cambios y fuerza ambivalente, expresa el aprendizaje vital del protagonista. Así lo vive un Juan Plata meditativo “apoyado en el pretil del puente” (p.109) pues como novela existencial de formación o aprendizaje debe leerse Río Cárdeno por encima de otras adscripciones, aunque también tenga algo de novela de denuncia y bastante de cuento tradicional, como el ambiente campesino, la importancia del número tres, los nombres parlantes, geográficos y antroponímicos: Resolana, Magdalena, Juan Plata, o el llamado Tío Consejos con sus vaticinios de prosapia bíblica.

Juan Plata, haciendo honor a su nombre -trasunto abreviado y traducido al español del personaje de La isla del tesoro de Stevenson- tararea una canción pirata cuando, al fin, y pese a estar renqueante por un aparatoso accidente de moto sufrido en una de sus aventuras como justiciero, se decide a abandonar Aracia en busca de sí mismo, ante las dificultades para proseguir sus estudios de Leyes en Salamanca a causa de la inicua trapisonda vengativa que le juega el estanquero.

Recuperar su buen nombre y resarcir a su abnegada madre son acicates que estimulan al valiente Juan Plata y le infunden ánimo para enfrentar la adversidad y la incertidumbre. Solo, a pie, decidido y esperanzado, abandona Juan Plata su pueblo, con el que mantiene una apasionada relación contradictoria, de cobijo y cortapisa, vínculo y atadura. La partida del héroe cercano que es el protagonista de Río Cárdeno, llena de poesía y plasticidad, plantea un final abierto muy incitante.

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