Luis María ANSON | Miércoles 19 de noviembre de 2008
Mariano Rajoy ha estado hoy contundente en el Congreso de los Diputados. El presupuesto que se va a aprobar en el Parlamento está desfasado. Se confeccionó antes de que el Gobierno, con un año de retraso, reconociera la crisis que nos zarandea. Rajoy ha expuesto sus razones que son incontrovertibles y Zapatero, acorralado, ha contestado con vaguedades y medias tintas.
Con crisis o sin crisis, lo que de verdad le importa a Zapatero es que, con el presupuesto en ristre, pueda atender las bolsas de votos que compró para ganar las elecciones generales. Todas esas camelancias del “gasto social”, con el que todos estamos de acuerdo si se entiende rectamente, no esconden otra cosa que el mantenimiento de las dádivas otorgadas para reclutar votos.
La situación exige un presupuesto que incentive al empresario y contribuya a la creación de empleo. Se ha hecho casi lo contrario. Y ahora se pretende arreglar la situación con más gasto público con el fin de que el Gobierno disponga de dinero adicional para contratar a paniaguados y amiguetes, a empresas que hagan el juego a los intereses zapateriles.
A Zapatero le ha situado una macroencuesta del Financial Times en el último lugar entre los dirigentes europeos, por la gestión de la crisis. Un cachete internacional de primer orden que el presidente se ha pasado por el arco de triunfo. Y todavía se permite gallear. Rajoy ha estado bien y le ha bajado los humos. El presidente, sin embargo, no va a rectificar. Seguirá manteniendo unos presupuestos que sirven, no al interés general, sino a los de su partido. Son muchos los ciudadanos que recuerdan cómo hace sólo un año, cuando la crisis hurgaba ya las alcancías nacionales, Zapatero sonriente instalaba a España en Jauja, mintiendo sobre la verdadera situación acuciante.
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