AL AIRE LIBRE

LA RECOMPRA DE LOS SIETE ESCAÑOS NOS VA A COSTAR UN OJO DE LA CARA

Luis María ANSON | Miércoles 25 de septiembre de 2024
Pedro Sánchez ha decidido retrasar la limitación del techo de gasto para despejar el camino...

Pedro Sánchez ha decidido retrasar la limitación del techo de gasto para despejar el camino de los Presupuestos Generales del Estado. Anunció hace unos días que pensaba permanecer en su poltrona monclovita, aunque no fueran aprobados por el Congreso de los Diputados. Pero sabe que la presión clamando elecciones generales podría alcanzar límites insoportables. Así que se dispone a pagar lo que le pida Carlos Puigdemont. El prófugo golpista apurará el chantaje al que tiene sometido a un Pedro Sánchez genuflexo. Su reclamación de 10.000 millones de euros para el déficit es sólo un botón de muestra de las exigencias que impondrá tanto económicas como políticas. Su portavoz en el Congreso de los Diputados, Miriam Nogueras, no deja lugar a dudas. Junts no votará sí a cambio de nada. Exprimirá el zumo del limón has dejarlo seco y exhausto.

Pedro Sánchez y su entorno se esfuerzan por enmascarar el chantaje, por disimular la desfachatez con que Carlos Puigdemont trata al presidente del Gobierno español. La opinión pública, sin embargo, cada vez lo tiene más claro. La permanencia de Pedro Sánchez en el poder monclovita nos cuesta un ojo de la cara y la yema del otro. Como afirmó en su día Ortega y Gasset, primera inteligencia del siglo XX español, los secesionistas catalanes son insaciables, implacables.

Pedro Sánchez hizo todo lo que pudo para que Carlos Puigdemont, amnistiado por la Justicia española, regresara en triunfo a Cataluña y se convirtiera en presidente de la Generalidad. Eso era lo acordado, lo pactado de forma enmascarada. Fracasada en el primer envite la operación, un airado Carlos Puigdemont sabe que tiene en sus manos a Pedro Sánchez y se complace en mantenerle de hinojos frente a la opinión pública, estupefacta ante tanta humillación y tanto desprecio. Lo que ocurre es que, con tal de continuar sentado en su Falcon, el presidente parece dispuesto a retrasar tramitaciones y a hacer concesiones hasta asegurarse con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado su permanencia en el poder que sólo una moción de censura puede comprometer.