Opinión

No hablemos sobre ellos. Hablemos con ellos

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 28 de septiembre de 2024

Todos los días los medios de comunicación nos ofrecen imágenes desgarradoras de migrantes que llegan a nuestras costas buscando un mundo mejor, huyendo de la miseria. No vienen de vacaciones ni a robar nuestros puestos de trabajo y tienen un camino muy difícil y complicado. Esto, creo, que lo sabemos todos, incluso aquellos que cuando se cruza en la calle con un migrante se expresa con frase como “maldito moro” o “sucio negro”, mientras cambia de acera ante el temor infundado de un posible robo o asalto.

También todos los días vemos y oímos a políticos de todos los signos que ofrecen soluciones que no se cumplen y que juegan con el destino de estas personas según sus intereses propios. Es vergonzoso que en estas jornadas que se celebra la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York, ningún líder político haya incluido en sus discursos rimbombantes alguna alusión al trágico problema.

Por eso me alegro de que haya sido la Iglesia quien de nuevo haya puesto el “punto” al problema y que este domingo celebre la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2024 bajo el lema “Dios camina con su pueblo” y que los obispos españoles nos llamen la atención en la necesidad de trabajar para crear comunidades acogedoras y misioneras, en caminar juntos y en profundizar en esta misión de la Iglesia, en sintonía con el mensaje del Papa, es decir promover, acoger proteger e integrar a los migrantes.

Los obispos nos invitan a profundizar en el don de la catolicidad y en la misión compartida reconociendo la aportación de las personas migradas y la riqueza de la diversidad y desean que revisemos cómo es nuestro camino, con quién caminamos o cómo nos relacionamos, para que aportemos a la sociedad la cultura de la vida, la dignidad humana y el bien común.

Al señalar que “somos conscientes de que la movilidad humana es una de las señas de identidad de nuestra época”, su mensaje profundiza en la tradición bíblica y su visión dinámica de la historia humana como historia de salvación. Así, desde el principio de la creación hasta el final de la historia: La misma Iglesia está fundada en Jesucristo y sus apóstoles y discípulos itinerantes, diversa y abierta al mestizaje. Jesús se identifica con todo hombre y mujer migrante, sobre todo con los más vulnerables y marginados, los primeros destinatarios de la buena noticia del Redentor”. Asimismo, en su mensaje, destacan que no podemos separar la vida de la fe; la práctica religiosa del actuar cotidiano; la luz del Evangelio de las tomas de decisión o posición política”.

Por eso, creo firmemente que debemos revisar nuestra actitud y comportamiento personal y social respecto a los migrantes y extranjeros. No hablemos sobre ellos, hablemos con ellos.