Opinión

1/6 LUNAS DE LA ESCENA

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Fernando Arrabal | Lunes 30 de septiembre de 2024

UN GENIO...

Victor García era un genio. Sí, Victor García era un verdadero genio. Un genio diferente a todos los que encontré por suerte en mi vida.

En mayo del 68 París se llenó de automóviles calcinados como los que él había plantado en el Theatre des Arts para mi El cementerio de automóviles ¿Pero cómo madame Alexandra que daba a sus papagayos agua mineral Evian, permitió que su teatro, convertido en una tacita de plata de espejos, lo atravesaran y circundaran entre sus mejores butacas los estallidos y estruendos de gigantescas motos y coches abollados?

Victor García, cuando quería, podía ser el más convincente, por ello cuando Madame nos recibía desnuda [« ¡Oh! lo lamento no me había dado ni cuenta » ] se entusiasmaba con poder jugar en un casino próximo las inesperadas ganancias; así como la super-vedette de la obra ¿que se gastaba sus emolumentos con trios en la cité di Sole ?

Cuando la propietaria del teatro nos invitaba espléndidamente a cenar, y por casualidad íbamos a la cocina nos topábamos con un respetable « monsieur » que se quejaba « mientras ustedes cenan opíparamente, a mí me tiene condenado aquí y menos mal que esta vez no me ha recluído en el vater ».

Cuando el General aún estaba en vida, le pedí en París, a la celebérrima actriz, que representara en España alguna de mis obras que estaban prohibidas. Lo consiguió excepcionalmente.

Al pie de la escalerilla del avión, cuando «Víctor » llegó a Barajas le esperaban la actriz y su marido, productor, ¿la pareja más educada, culta y cordial de España? El amabilísimo productor le dijo:

« Le hemos instalado en el mejor hotel de España; tendrá un secretario para ayudarle día y noche; aquí le dejo los vales para ir al mejor restorante argentino; estas son las X pesetas de hoy, que serán las mismas cada día; este plano le permitirá ...

Hubo un momento de gran tensión que «Víctor »rompió diciéndole muy dulce y lentamente:

« ¿Por qué me estás rompiendo las pelotas? »

Días después mi obra fue representada en función-previa-sin-público para la censura. Se alzó el telón y aparecieron dos enormes cañones dirigidos contra el público. Los censores gritaron « ¡Que acabe esto inmediatamente! »

Otra vez en « The National Theater » en Londres, dirigiendo mi The Architect and the Emperor of Assyria » con Anthony Hopkins, le dijo al director del teatro Sir Laurence Olivier [que Pan le tenga en la gloria]...

Hubiera querido tanto inventar el teatro, inventar su vida. Pero se topó con ella. Incapaz de adaptarse. Solo con un firmamento infinito.


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«...cuando Aquiles y la tortuga más se iban ¿menos se alejaban? »

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