Un estudio estadounidense, que analizó a más de 14.000 hombres y mujeres de razas blanca y negra, evita afirmar que la dieta MIND previene el deterioro cognitivo. Insiste en que, efectivamente y como se viene afirmando en círculos científicos desde hace años, tienen un vínculo pero nada más.
El órgano oficial de la Academia estadounidense de Neurología, Neurology, difunde un trabajo en el que se matiza que “los resultados no prueban que esta dieta prevenga el deterioro cognitivo, solo muestran una asociación”.
La dieta de la mente, como explica MayoClinic, incluye una variedad de alimentos propicios para el cerebro, con aspectos de la dieta mediterránea y la DASH (enfoques alimentarios para detener la hipertensión).
Es bien sabido que la dieta mediterránea se fundamenta en frutas, verduras, aceite de oliva, legumbres, cereales integrales y pescado.
Por su parte, la DASH generalmente se recomienda a quienes necesitar reducir la presión arterial y pone énfasis en las verduras, las frutas y los productos lácteos con bajo contenido graso, junto con cantidades moderadas de cereales integrales, pescado, aves y frutos secos.
Con todo, la Universidad de Stanford recomienda que, si se sigue la dieta MIND, se coma varias veces al día: “el aceite de oliva debe ser el aceite principal; granos enteros: tres raciones al día; diariamente vegetales de hoja verde; una porción al día de fresas, frambuesas, arándanos; una de nueces; vino tinto; legumbres una vez a la semana; tres o cuatro porciones por semana de aves de corral; al menos dos de pescado por semana; no más de una cucharada de mantequilla al día y nunca margarina; evitar comer pasteles y no superar las cinco raciones de carne roja a la semana, así como una ración o menos de comida frita o rápida”.
El neurocientífico Russell Patrick Sawyer, de la Universidad de Cincinnati y primer autor de este estudio, explica que “dado que el número de personas con demencia aumenta con el envejecimiento de la población, es fundamental encontrar cambios que podamos hacer para retrasar o ralentizar el desarrollo de los problemas cognitivos. Estábamos especialmente interesados en ver si la dieta afecta el riesgo de deterioro cognitivo en los participantes del estudio, tanto negros como blancos”.
En este trabajo participaron un total de 14.145 personas con una edad media de 64 años. El 70 % eran de raza blanca y el 30 % restante, de raza negra. Los científicos les hicieron un seguimiento durante una media de 10 años.
Los participantes completaron un cuestionario sobre su dieta durante el año anterior, que se analizó para ver en qué medida los alimentos que consumían coincidían con la dieta MIND.
Como explican en este trabajo, otorgaban un punto por cada uno de los siguientes alimentos: tres o más raciones diarias de cereales integrales; seis o más raciones semanales de verduras de hoja verde; una o más raciones diarias de otras verduras; dos o más raciones semanales de bayas; una o más raciones semanales de pescado; dos o más raciones semanales de aves de corral; tres raciones semanales de legumbres; cinco raciones diarias de frutos secos; cuatro o menos raciones semanales de carne roja; una o menos raciones semanales de comida rápida o frita; una o más raciones semanales de aceite de oliva y una o menos cucharadas de mantequilla o margarina al día; cinco o menos raciones semanales de bollería y dulces; y un vaso de vino al día. El total de puntos era 12.
Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos: el de dieta baja obtuvo una puntuación media de cinco, el de dieta media, de siete y, por último, el de dieta alta, nueve. Las habilidades de pensamiento y memoria se midieron al principio y al final del estudio.
En este periodo, se desarrolló deterioro cognitivo en 532 personas (12 %) de las 4.456 del grupo de dieta baja; en 617 (11 %) de 5.602 del de dieta media; y en 402 (10 %) de las 4.086 del de dieta alta.
Después de ajustar factores como edad, presión arterial alta y diabetes, encontraron que las personas en el grupo alto tenían un riesgo 4 % menor de deterioro cognitivo en comparación con las del bajo.
Al analizar a los participantes masculinos y femeninos, encontraron una disminución del 6 % en el riesgo de deterioro cognitivo para las mujeres que siguieron la dieta más de cerca, pero ningún riesgo menor para los hombres.
Este equipo también analizó la rapidez con la que las habilidades de pensamiento se deterioraban a medida que desarrollaban problemas. Así, descubrieron que aquellos que seguían más de cerca la dieta MIND sufrían un deterioro más lento y esa asociación era más fuerte en los participantes negros que en los blancos.
Para el profesor Sawyer, “estos hallazgos justifican más estudios, especialmente para examinar los diferentes impactos entre hombres y mujeres y personas blancas y negras, pero es emocionante considerar que las personas podrían hacer algunos cambios simples en su dieta y potencialmente reducir o retrasar su riesgo de problemas cognitivos”.
Una limitación del estudio fue que sólo incluyó personas blancas y negras mayores, por lo que los resultados pueden no ser los mismos para otras poblaciones, según estos investigadores.