Opinión

2/6 LUNAS DE LA ESCENA

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Fernando Arrabal | Martes 01 de octubre de 2024

El conocidísimo-gran-actor estaba ensayando solo en el Théátre Montparnasse de París su papel de « Emperador » en estreno mundial de «L’architecte et l'Empereur d’Assyrie» cuando inesperadamente a grito-pelao interrumpe el ensayo para dirigiéndose a nosotros dos, Jorge Lavelli y yo mismo, que por casualidad asistía al ensayo.

- Estoy hasta arriba del moño y de los cojones ...del Emperador... de ti, Lavelli, y del segnorísimo Arrabal y de la biblia en verso ...a mi edad ...con lo que he hecho y lo que me debe la escena ... con todo lo que he cargado en mis espaldas vivas... sí todo lo que he hecho... y haré... aquí en París y en medio mundo con los mejores directores y autores del universo... ¡basta ya!.... se acabó el Emperador ...me voy a casa definitivamente... y que nadie intente ... cortaré con tijeras de sastra los cables de mis tres teléfonos ...y prohibiré a todos mis agentes que...

Nadie respondió a esta filípica tan sentida, ni los propietarios del gran teatro, Ingrid Bergman con su marido Lars Schmidt, conde de Västra Götaland, (ausentes aquella noche), que eran hinchas del actor, como la mayoría de los aficionados al teatro. Sobre todo ansiaban que el estreno mundial de «su» arquitecto-del-Montparnasse se adelantara a Nueva York, y sobre todo a Estocolmo.

¿Yo estaba casi horrorizado? ¿que va a ocurrir ahora? Me vuelvo hacia «Jorge» y veo que está sentado tan tranquilo en una asiento de la tercera fila , como de costumbre, con una copia de mi manuscrito -el libro aún no estaba editado- lleno de indicaciones en rojo, azul y verde. Y con un tambor. Su asistente se había ido a buscar algo en el café de enfrente.

En aquel instante, de comienzo de la noche, en el inmenso teatro solo estábamos nosotros tres inmóviles ¿en escrupuloso silencio?

Pasaron diez minutos ¿larguísimos? Ninguno de los tres se ha movido de su sitio.

« Jorge » de pronto se pone de pie, coge los palillos del tambor, con el que acompañaba el ritmo de todos los ensayos. Suenan tres tamborileos.

Cuando terminan « Jorge » sin inmutarse le dice al celebérrimo actor :

- Como dice el ‘Emperador' en la página 37... continúa « Jérôme »

« Jérôme », ante tan preciso requerimiento, tras secarse las lágrimas, continuó con aquella endiablada página...

« Jorge » crepitaba siempre entre las ramas de la duda, como un ave de fuego. ¡Con qué energía! El fluir de su voluptuosidad le subía al cielo del teatro.

***

«...basta un pis o un chirimiri para que la lycosa tarántula ¿adorne su tela de brillantes »

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Cartel de una de las múltiples direcciones internacionales de Jorge Lavelli.