AL AIRE LIBRE

PUIGDEMONT: "O SÁNCHEZ HACE LO QUE LE EXIJO O SE ACABÓ"

Luis María ANSON | Miércoles 02 de octubre de 2024
Pedro Sánchez está decidido a recomprar al precio que sea los siete escaños de Puigdemont...

Pedro Sánchez está decidido a recomprar al precio que sea los siete escaños de Puigdemont. Los necesita para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado en el Congreso de los Diputados. Junts atraviesa una situación económica inquietante. El prófugo golpista Carlos Puigdemont, también. Las manos de Sánchez se distinguen por la largueza. Disponen del dinero suficiente para que Carlos Puigdemont se envaine sus exigencias políticas. A pesar de que el prestigioso magistrado Pablo Llarena ha yugulado su regreso a España porque la ley de Amnistía tiene fisuras de envergadura; a pesar de que por ahora no haya vuelto de forma triunfal a Cataluña; a pesar de que Junts no ganara las elecciones autonómicas y la presidencia de la Generalidad esté lejana; a pesar de todo eso, Carlos Puigdemont sabe que Pedro Sánchez precisa de sus siete escaños y parece dispuesto a exprimir el limón sanchista hasta que no quede una sola gota.

El prófugo golpista quiere que Pedro Sánchez se someta a una moción de confianza. Si no lo hace, amenaza con quebrar la relación y abrir el camino a la moción de censura. Aspira también Carlos Puigdemont a que Pedro Sánchez le resuelva los problemas económicos de Junts y los suyos propios. Y aunque haya tensado la relación tras la última visita de Santos Cerdán a Waterloo, los expertos en psicología puigdemontista aseguran que el dinero aplacará las exigencias del expresidente de la Generalidad. Pedro Sánchez sabe que sus manos manejan la carta maestra. Veremos en qué termina el tira y afloja. Tal vez Carlos Puigdemont esté dispuesto a no conformarse solo con el dinero y, junto a la recompra de sus siete escaños, exija a Pedro Sánchez una actitud clara y decidida que le permita anular al magistrado Llarena y que la ley de Amnistía, como estaba acordado, avale su regreso a Cataluña.

El tiempo, en fin, apremia. A los Presupuestos Generales del Estado solo le quedan unas semanas para someterse a la aprobación del Congreso de los Diputados. Y la tensión puede resolverse, pero también explosionar.