Opinión

México-España: “no eres tú, soy yo” o la historia como trauma

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Carlos Ramírez | Miércoles 02 de octubre de 2024

El reciente conflicto diplomático entre México y España por la exclusión del Rey de España en la toma de posición de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tenía que estallar en cualquier momento por razones más históricas que de desencuentro actual. México pudo lidiar con el pasado de la nueva España 1523-1824 porque careció de voluntad para entrarle de lleno a la historia real y dejar de lado la historia escolar.

México ha tenido muchos problemas con su historia. Inclusive, el especialista en temas indígenas y coloniales Edmundo O´Gorman recogió en 1977 en un libro de apenas 111 páginas los problemas mexicanos con su pasado y lo título, no sin malicia y hasta con cierto sentido provocador, como El trauma de la historia. Ducit amor patriae (el amor a la patria me guía).

El autor no pudo haber escogido mejor caracterización del peso de la historia en el ánimo de los mexicanos que el trauma, es decir, una enfermedad psicológica. Años antes, en 1958, el mismo O´Gorman publicó otro libro que significó una propuesta interpretativa de la fundación de México: La invención de América. Investigación acerca de la estructura histórica del nuevo mundo y del sentido de su devenir, un subtítulo muy largo que trataba de eludir el debate inevitable.

Y su tesis fue muy sencilla: México no fue descubierto ni conquistado, sino inventado. Esta argumentación se ajusta a lo que escribió Octavio Paz en 1982 en su monumental obra Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe: México no fue una colonia española ni una conquista esclavizante, sino que desde el principio se identificó como un nuevo territorio de mezcla de sangre conocido como Nueva España; y que la intención final era la construcción en América del Reino de la Nueva España, encabezado por Fernando VII o cualquier otro rey. Inclusive, el verdadero grito de independencia en México la noche del 15 de septiembre de 1810 lanzó mueras a los gachupines, un grupo originario de la península que se encargaba del comercio y de la explotación y súper explotación de los indios, lo que provocó el repudio local. Pero en mezcla de sangre surgió la raza criolla, si así se le quiere llamar. En ese grito de Independencia hubo vivas a Fernando VII, Rey de España.

México nació con una doble herida: la presencia española para construir un reino en América y el acoso de la América sajona al norte que hoy tiene la frontera física México-estadounidense de más de 3,000 km, pero con el recuerdo histórico de que en 1847 uno de los primeros pasos de Estados Unidos hacia su configuración como imperio fue la guerra abusiva contra México, la invasión de tropas americanas y la apropiación --robo, dice la historia escolar-- de la mitad del territorio mexicano que forma parte de la mayor parte de la zona centro-oeste de EU.

La historia de México está atrapada en la dialéctica origen-destino: nació de la mixtura sanguínea indígenas-españoles y se orientó a ser un país occidental que puso como prototipo al imperio estadounidense, aunque en los hechos ha quedado atrapado en esta pinza de la historia no resuelta o en la dimensión desconocida del trauma de su historia. En 1987, el presidente Miguel de la Madrid y el presidente estadounidense Ronald Reagan crearon una comisión binacional para buscar el entendimiento entre las dos naciones con la mira puesta en la posibilidad de un mercado común norteamericano, y el documento final, titulado “El desafío de la interdependencia", hizo prevalecer el criterio de Washington y entre las conclusiones recomendaba que México tenía que cambiar sus libros oficiales de historia donde se establecía que Estados Unidos le había robado a México la mitad del territorio.

El México indígena –el 16% de la población-- ha comenzado a ser rescatado por el Gobierno de López Obrador, a pesar de aquella severísima llamada de atención del alzamiento guerrillero zapatista de 1994 y su propuesta de una revalidación del mundo indígena para llegar inclusive a la exigencia de reconocimiento de las naciones indígenas como comunidades federadas al modelo republicano.

Los diferentes gobiernos mexicanos han sido instancias de preocupación sobre las comunidades indígenas originarias --mal llamadas prehispánicas, porque esas organizaciones sociales, económicas, políticas y de producción configuraron gobiernos funcionales y aportaron grandes descubrimientos a las matemáticas, la agricultura y la astronomía--, inclusive con el dato mayor de que buena parte de la estructura del sistema político/régimen actual de Gobierno de México viene de las aportaciones indígenas a la gobernación.

El incidente ultimo México-España estalló en un escenario que no hay que perder de vista: justo en que se debatían quejas y explicaciones sobre la no-invitación al rey Felipe VI, el 100% de los legisladores de las dos cámaras legislativas mexicanas aprobaron reformas al artículo 2 constitucional para reconocer derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos y otorgarles el reconocimiento total de derecho público con personalidad jurídica y patrimonio propio, así como celebrar su identidad cultural, pero sin aceparlas como naciones.

En este contexto se volvió a reabrir el debate la disculpa exigida por López Obrador en varias ocasiones a España por los daños ocasionados en 300 años de dominio en la Nueva España, aunque sin reconocer que la identidad cultural del mexicano de hoy --con excepción de las comunidades indígenas que mantienen su propia historia-- es criolla y no se entendería sin la influencia de España.

Excluir el rey De España o en un momento dado lograr la disculpa exigida, en nada cambia el vacío de la historia del ser del mexicano, porque es muy claro que no existe lo mexicano más que como identidad de una nación y de un pueblo, pero con raíces que provienen de la mezcla, para bien o para mal, del pasado indígena y del pasado español y de la influencia capitalista estadunidense.

En México se sigue esperando que el Gobierno de López Obrador sea igualmente enérgico con Estados Unidos --como con España-- para exigirle una disculpa pública e histórica a la guerra de mediados del siglo XVI y sobre todo a la apropiación de la mitad del territorio mexicano que hoy forma parte de Estados Unidos De Texas a Nevada, con peticiones de algunos grupos que piden la devolución de esas tierras. El imperio americano no se entendería sin ese territorio apropiado. Pero México mantiene un tratado comercial que se saltó a la torera una revisión histórica de esa relación de explotación que mantiene a México subordinado a los intereses del american way of life o modo de vida americano que explica los objetivos de exacción de recursos de otras naciones para el confort de las clases americanas.

En este contexto llama la atención que México se preocupe por reclamar el origen, pero guarde ominoso silencio para reclamar la reorientación del destino.


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