Opinión

Historia del pijerío

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 06 de octubre de 2024

De lo que creemos sobreentendido es aquello de lo más nos cuesta realmente sacar una definición exacta. En este caso, tenemos claro qué lo caracteriza, quién lo puede ser, pero al acercarnos a un porqué se diversifican las posibilidades, se juntan varias que no logran refuerzo alguno pero tampoco desbancarse entre sí. Si a este dilema le es sumado el hecho de que ha de ser tenido en cuenta un cierto itinerario histórico en el que ha podido verse la evolución, la progresión —algo progre en ellos, qué cosas— o la simple adaptación para mantenerse inalterables, resulta más complicado de lo que se pensaba. Y en un país como el nuestro, a veces tan desconcertante y otras tan sencillo, sin saber cuál de las dos opciones es la que juega en su favor o en su contra, cómo acertar al definir qué es un pijo. Mejor aún: qué es lo pijo.

La periodista y escritora Raquel Peláez, que bien sabe de estos escenarios por haberlos visitado y escrito sobre ellos con anterioridad por causas laborales —y modestamente personales, como se ven reflejados en ciertos recuerdos de este libro—, decidió que era el momento de trazar un recorrido que intentase explicar la historia de los pijos en España. Se conoce que, por gracia de la frase o por la verdad intrínseca que conlleva, uno escribe un libro cuando quiere saber acerca de un tema que desconoce, y no provoca desaliento ni se engaña a nadie cuando uno llega a la última página y continúa con esa idea bamboleante del sí-pero-no-exactamente-puede-ser-pero-no-no-sé. Precisamente su título es Quiero y no puedo. Una historia de los pijos en España, y la dificultad que entraña obtener algo en claro es parte del logro, ya que el pijerío no lo pone fácil. Su naturaleza, se repite en varios de los capítulos, es aspiracional. Ha cambiado para seguir igual, como el lema lampedusiano. El término emulación pecuniaria es clave para comprender todo este tinglado de lujo, arribismo, candidez, crueldad y mucha, mucha cara dura.

Lo pijo y sus ejemplos patrios, para suerte de nuestra lectura, justifican el buen trabajo de Peláez a la hora de trasladarnos a las reminiscencias para ir llegando a las figuras contemporáneas y actuales. Viajamos —en primera, faltaría más— a las coqueterías de Eugenia de Montijo para enlazarlas con las de un influencer, haciendo escala en el esnobismo con gusto por el trasnoche de la gauche divine para de seguido retomar la fiesta interminable de Marbella de la mano de Gunilla Von Bismarck y finalizar con las bravuconadas mulliditas de la ‘cayeborroka’ del año 2023. Así. Un no parar de una punta a otra de la península. Un carrusel de vidas desproporcionadas, algunas con una novela digna de los elogios literarios más encendidos, como la de Aline Griffith, condesa de Romanones, pero todas, más frívolas o más trágicas o más patéticas o más descacharrantes, dignas de ser contadas, que al fin y al cabo es lo más honroso que se puede merecer.

Es importante destacar el tono de Peláez, sostenido y sin enmienda, de principio a fin. Un libro como este corre el riesgo de convertirse en un álbum de vidas ejemplares, en una colección de trastadas y pañuelos con lágrimas de cocodrilo, o en un regodeo por los vericuetos historiados, ensayísticos, económicos, literarios, que aportarían montañas de datos —necesarios— pero impedirían el curso narrativo, afectándolo con otra gravedad. Peláez ha demostrado un pulso firme en Quiero y no puedo para que cada línea y cada capítulo ni defrauden, ni quede fuera un dato que haga cojear la argumentación de una idea, ni perdamos tampoco la guasa perfectamente compatible con la crítica hacia ese sustrato social y esas maneras que campan a sus anchas por cualquier hijo de vecino, pues ninguno escapamos a la irresistible vanidad, a banalizar lo que en el fondo es herencia de unos privilegios ganados al esfuerzo ajeno, cuando no con artes más turbias.

Me gusta también que la autora haga un ejercicio de introspección repasando su biografía. Ponferrada, su ciudad natal, es su vuelta del camino en esta investigación que dirige su mirada a los efectos que las distintas políticas, democráticas y dictatoriales, produjeron en las capitales y en las provincias, debido a que en ambos lugares la susceptibilidad de las gentes hacia lo lujoso, lo ostentoso y el olvido involuntario de su clase original es la misma. Ese ejercicio es aplicable a cualquiera. Quien decida leer este libro, está invitado a reflexionar si alguna vez ha incurrido en ese intento de apariencia, en ese papel que es normal pensarlo de quienes lo llevan interpretando toda su vida, pues, ¿son conscientes los pijos de su estatus, de su burbuja, de sus mundos vedados, de cuánto hay de aceptado y tomado a ciegas o mediante decisión propia de seguir por esa linde? Puede ser el dilema del ensayo, lo verdaderamente misterioso que surge al pararse a diseccionar al otro. Ese otro que, de igual modo, puede devolvernos el reflejo que interroga. Ya se dice, en palabras de Karine Tinat: todos podemos ser el pijo del otro.